"Existe la creencia de que lavar los huevos con agua antes de guardarlos es una buena práctica, pero es todo lo contrario; una clara excesivamente líquida es una señal de que el huevo debe desecharse"

Una experta en nutrición advierte sobre esta práctica tan extendida que compromete la seguridad alimentaria al eliminar la barrera protectora del huevo

Una mujer lava varios huevos

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Una mujer lava varios huevos

María Bandera

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El huevo forma parte habitual de la alimentación de millones de personas gracias a su valor nutricional y a las múltiples formas en que puede cocinarse. No obstante, una práctica muy común —lavarlos antes de meterlos en el frigorífico— puede resultar contraproducente y afectar a la seguridad alimentaria. Así lo advierte Luisa Solano, profesora de Nutrición en la Universidad Europea de Madrid, quien explica qué medidas conviene seguir para consumirlos con seguridad.

Además de ser un producto básico en muchas cocinas, el huevo destaca por su gran valor nutricional. “Contiene proteínas de alta calidad biológica, porque proporciona todos los aminoácidos esenciales que el organismo necesita en cantidades adecuadas”, señala Solano.

Su aporte proteico es tan completo que, durante años, se ha tomado como referencia para comparar la calidad de las proteínas presentes en otros alimentos.

Un cubo con huevos

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Un cubo con huevos

El gran error: eliminar la barrera protectora

A pesar de sus beneficios, un manejo incorrecto abre la puerta a microorganismos como la Salmonella ssp. El error más frecuente, según la experta, es lavar los huevos antes de almacenarlos. 

"Existe la creencia de que lavar los huevos con agua antes de guardarlos es una buena práctica, pero es todo lo contrario", advierte. 

Esta acción elimina la cutícula, una capa protectora que sella los poros de la cáscara e "impide la entrada de microorganismos", dejando el huevo expuesto a la contaminación.

Existe la creencia de que lavar los huevos con agua antes de guardarlos es una buena práctica, pero es todo lo contrario"

Luisa Solano

Profesora de Nutrición de la Universidad Europea de Madrid

Otros errores frecuentes son conservarlos a temperatura ambiente en el hogar, romper el huevo directamente sobre otros alimentos, "que puede favorecer la contaminación cruzada", o no mantenerlos en su envase original. 

También es crucial no descuidar la higiene de manos y utensilios tras su manipulación para evitar riesgos.

Cesta con huevos

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Cesta con huevos

Señales de que un huevo está en mal estado

Aunque la fecha de consumo preferente es una guía, nuestros sentidos son el mejor inspector de calidad. 

La profesora Solano detalla que "un olor desagradable, una clara excesivamente líquida o una yema que se rompe con demasiada facilidad son señales inequívocas de que el huevo ya no es apto para el consumo y debe desecharse".

Una clara excesivamente líquida es una señal de que el huevo debe desecharse"

Luisa Solano

Profesora de Nutrición de la Universidad Europea de Madrid

Un riesgo similar: lavar el pollo crudo

Esta advertencia sobre la contaminación cruzada no se limita a los huevos, sino que se extiende a otros hábitos peligrosos en la cocina. 

Lavar el pollo crudo bajo el grifo es otra práctica muy extendida que, lejos de limpiar, favorece la dispersión de bacterias como Salmonella y Campylobacter por toda la cocina a través de las salpicaduras de agua.

Esta "amenaza invisible" es especialmente peligrosa cuando los microorganismos alcanzan alimentos que se consumen crudos, como ensaladas o frutas

La única forma de eliminar estos patógenos de forma segura es mediante la cocción completa del pollo, hasta alcanzar una temperatura interna de 75 °C.

Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.

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