Joan, 27 años, criador de gallinas camperas: "Nuestro huevo vale 38 céntimos frente a los 28 de uno industrial, la rentabilidad es del 25% comparado con el 10%; compensa pero requiere trabajo duro"

Con solo 27 años, Joan ha levantado en Mallorca una granja de gallinas camperas que prioriza el bienestar animal para competir con la industria tradicional

Joan avicultor de Mallorca en un vídeo de Adrian G.Martin en su canal de Youtube @AdrianG.Martin

Joan, avicultor de Mallorca en un vídeo de Adrian G.Martin en su canal de Youtube @AdrianG.Martin

María Bandera

Publicado el - Actualizado

3 min lectura22:28 min escucha

Mientras cada día cierran granjas en España, un joven de 27 años llamado Joan decidió tomar el camino contrario. Tras estudiar Administración y Dirección de Empresas (ADE), cambió la corbata y la oficina por el campo para montar su propia granja de gallinas camperas en Mallorca. En una entrevista para el canal de Youtube de Adrian G.Martin, @AdrianG.Martin, este emprendedor ha desvelado cómo ha construido un negocio sostenible y rentable basado en el bienestar animal.

Una odisea burocrática y financiera

Emprender con 22 años no fue un camino fácil. Joan confiesa que al principio sintió "miedo" por los problemas burocráticos y las licencias.

Sin experiencia profesional previa en el sector, su incursión fue "un salto a la piscina, riesgo total". A pesar de las dificultades, su consejo para otros es claro: "Yo siempre digo, adelante, al final, es moverse, preguntar, y si uno tiene interés, pues lo saca adelante".

El capital fue el segundo gran obstáculo. Un premio de 7.500 euros en un concurso de autoocupación fue insuficiente para la infraestructura necesaria. 

"Al ser joven, no había nadie que me quisiera dar financiación", explica. Su solución fue empezar como pudo en la finca de su familia y reinvertirlo todo durante tres años. "Euro que entra, euro que se reinvierte", afirma sobre la filosofía que le permitió crear una estructura sólida.

Gallinas

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El bienestar, clave para una producción récord

La diferencia fundamental entre un huevo industrial y uno campero es "la vida que tuvo la gallina que lo puso". 

Joan explica que, mientras en la industria las gallinas viven en jaulas más pequeñas que una hoja de papel A4 (código 2 y 3), en su granja, Cancosteta, cada animal dispone de más de 4 metros cuadrados al aire libre (código 1). Así pueden picotear bichos, hierba y disfrutar del exterior las 24 horas del día.

No cuidamos gallinas, sino que cuidamos reinas"

Joan

Criador de gallinas de Mallorca

Huevos en su caja en un supermercado

Alamy Stock Photo

Huevos en su caja en un supermercado

Esta apuesta por la calidad de vida tiene un impacto directo en la producción. "Aquí, lo que decimos siempre es que no cuidamos gallinas, sino que cuidamos reinas, yo apuesto más por el bienestar de las gallinas que no por la producción de huevo", asegura Joan. 

Paradójicamente, este enfoque le ha permitido alcanzar una tasa de puesta del 93%, una cifra que, según él, "en sistemas industriales, incluso, no llegas a producir tanto huevo", frente al 80% habitual en campero.

La granja cuenta con cerca de 2.000 gallinas de razas como la Isa Brown y la Leghorn, aunque han introducido otras seis variedades que ponen huevos de colores azul, verde o chocolate, un gran atractivo para las visitas escolares que reciben. 

El gallinero está diseñado profesionalmente para reducir el estrés de los animales, con una rutina organizada de descanso, alimentación y puesta que favorece su tranquilidad y rendimiento.

Un modelo de negocio rentable sin intermediarios

El resultado es un producto de mayor calidad con un precio superior. Uno de los huevos de sus gallinas se vende en el mercado por unos 38 céntimos, frente a los 28 céntimos de uno industrial. A pesar del precio, el modelo es rentable. Joan estima su rentabilidad neta en un 25% por huevo, mientras que la de un productor industrial podría rondar el "10 o 12 por ciento", aunque con un volumen mucho mayor.

Nuestra filosofía no es luchar por un precio, sino que es que el precio también sea justo"

Joan

Criador de gallinas de Mallorca

La clave de su éxito económico es la integración vertical. En lugar de depender de intermediarios, Joan produce y distribuye directamente a 94 puntos de venta, incluyendo hoteles, carnicerías y restaurantes de Estrella Michelín.  "Nuestra filosofía no es luchar por un precio, sino que es que el precio también sea justo", sentencia.

Aunque la finca es propiedad familiar, los costes principales son el personal, ya que la granja opera de lunes a domingo, la alimentación de las gallinas y los gastos de distribución y analíticas. Para Joan, el futuro del sector primario pasa por este modelo de reducir intermediarios. Concluye que, aunque es un negocio rentable, "requiere trabajo duro, muchas horas, no es un negocio fácil".

Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.

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