"A la gente que vive en un contexto vulnerable como Noelia hay que ayudarla y al dolor hay que acompañarlo; si no estamos ante una derrota ética"

El director de 'Herrera en COPE' analiza la actualidad que marca la jornada de este jueves

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Ahora le hablo de la sesión de ayer en el Congreso. Queda el barro, el barrizal después de la tormenta de porquería que ayer se extravasó literalmente en el Congreso de los Diputados. Pero antes, al igual que a las 7 de la mañana o ha hecho Borgue a las 6 de la mañana, le tengo que hablar de una mujer que seguramente hoy a las 6 de la tarde va a estar muerta. No va a estar muerta porque el avance de la enfermedad que padece la derive agónicamente a un final trágico como es la muerte.

No, no va a estar muerta porque un médico le va a inyectar primero propofol y después diversos bloqueantes para que se produzca su muerte, porque ella sí lo ha pedido y los jueces así lo han consentido. Está esta mujer en una situación desesperada. Sí, sufre mucho, tiene 25 años, ha pasado una vida no precisamente agradable e indudablemente padece trastornos depresivos y quiere la muerte.

El caso de Noelia, ¿puede el Estado? Tenemos que hacernos esa pregunta. ¿Puede el Estado, el poder público, asumir la decisión de eliminar a un ciudadano? Por mucho que ese ciudadano alegue que está sufriendo, que además seguramente es cierto, los trastornos psicológicos, mentales, psíquicos que padezca esta persona, ¿de verdad son irreversibles?

¿No pueden tratarse debidamente como tanto se tratan y acompañar en el sufrimiento a una persona? No estamos ante una eutanasia, estamos ante un suicidio asistido. Alguien quiere suicidarse y la sociedad, con los jueces quitados en medio y el comité médico también, decide que se le va a suicidar. Como ha dicho el abogado del padre, que está en contra de que ese suicidio asistido se produzca disfrazado de eutanasia.

La ley de eutanasia no se hizo para esto. La Generalitat de Cataluña la operó, la rehabilitó, le ayudó a subir escaleras y ahora la mata. Esta chiquilla, de una familia desestructurada, al parecer sin medios, fue acogida por el Estado y vivió un intento de suicidio lanzándose de un quinto piso. Ella alega que fue víctima de una agresión sexual múltiple, cosa que no denunció en su día y no se pudo comprobar o no se pudo investigar.

Y es cierto que padece trastornos, pero cualquiera que padezca trastornos, pasajeros o no, puede pedir a los médicos que la maten. La ley se hizo para aquellas situaciones agónicas, finales, dolorosas, de personas en estado irreversible, literalmente irreversible, a las que precipitar o adelantar para evitar sufrimientos la muerte. ¿Y cómo afecta a la gente que lucha cada día en condiciones peores que Noelia?

Que se le diga que lo digno es la muerte. A la gente que vive en contexto vulnerable como Noelia hay que ayudarla y al dolor hay que acompañarlo, paliarlo, porque si no estamos ante un triunfo compartido y ante una evidente derrota ética. Es una derrota ética ofrecerle a alguien que sufre, claro que sufre, que hay que matarla.

Yo no sé qué pasará esta tarde, pero en principio a las 6 está programada la inyección letal. Vamos a llamar a las cosas por su nombre, la inyección letal. Bueno, pues yo les decía que pasó el debate sobre la guerra de Irán en el Congreso de los Diputados. Y si alguien esperaba conocer algo más, ¿cómo está la situación en el Próximo Oriente?

¿Qué papel le puede jugar España? Pues se habrá quedado con las ganas, porque Sánchez se subió a la tribuna no a informar sobre la situación, a lanzar un mitin, un mitin pacifista, a polemizar sobre otra guerra de hace 23 años contra un presidente, José María Aznar, que salió de la Moncloa en el año 2004. Estamos en 2026.

Y en su segunda intervención, como siempre, mostró su rostro más pendenciero, con descalificaciones personales. Feijóo, Abascal, un lenguaje de barra de bar. La mayoría de españoles, evidentemente, están a sus cosas y no pueden seguir toda una sesión parlamentaria, y eso que se ahorran, porque esta legislatura, evidentemente, y ayer se evidenció, no da más de sí.

Es necesario pasar página, hasta por higiene. Hay personajes como Pachi López que piden a gritos de verdad la jubilación y que el bloque de investidura no pretende nada más ya que aguantar por aguantar. Sánchez venía a trazar uno de esos famosos muros. O estás conmigo o estás con la guerra de Trump.

Ahí Feijóo no entró al juego. Esquivó la trampa con una frase bastante bien definida: no a la guerra y no a Sánchez. Y ni una mención a Trump ni un solo atisbo por intentar justificar su guerra o su no guerra. Y a partir de ahí, Feijóo lo que hizo fue poner encima de la mesa todo lo que Sánchez pretende.

Con la bandera de la guerra, carácter divisivo, conflictivo del personaje, el aislamiento internacional del personaje, lo impostado, lo hipócrita del discurso pacifista, el desprecio al Parlamento, la falta de presupuestos, que no hay, y lo demás, pues prescindible. Prescindible.

Los demás actores, desdibujados. Y fue llamativa la agresividad y los ataques que Sánchez dedicó a Santiago Abascal. Le echó en cara todas las informaciones que vienen publicando las denuncias del sector crítico sobre los problemas del manejo del dinero de Vox y tal y que cual. Bueno, esto tiene seguramente bastante que ver con las elecciones andaluzas.

Y esas encuestas que ponen a Vox por delante del PSOE en cuatro de las ocho provincias. Y hoy se votará el decreto de ayudas que va a salir adelante por el apoyo de Junts y yo me imagino que por la abstención del PP. O sea, el decreto va a salir voten lo que voten los populares, en fin, no sé qué van a hacer.

Y en cuanto a la guerra, pues pocas novedades. Irán ha rechazado públicamente el plan de 15 puntos planteados por Estados Unidos. Pone sus propias condiciones, exigir la soberanía sobre el estrecho de Ormuz, etcétera, etcétera. De momento, bueno, las cosas, a ver, no le tiene que estar tranquilas porque aquello nunca está tranquilo.

Pero en fin, no está “on fire”. Y la comparecencia de Sánchez no es la única que merece ser, aunque le dedique un minuto, destacada. También compareció en el Senado la presidenta de Redeia, la antigua Red Eléctrica, Beatriz Corredor, que tenía que dar su versión del apagón de hace un año.

¿Se acuerdan del apagón? No. Pues a pesar de las evidencias de las grabaciones que estamos conociendo sobre lo que ocurrió en las horas previas de aquel apagón, ella insiste en negar cualquier responsabilidad. Y se enfadó mucho con los que la interpelaban y tal y que cual.

Pero con quien está enfadada esta señora es con la realidad, porque la realidad que muestran las grabaciones es que en Red Eléctrica se venían registrando denuncias constantes de los operadores por graves oscilaciones del sistema. Esta señora está tan enfadada porque lleva meses intentando por todos los medios que esas grabaciones no salgan a la luz.

Y han salido. Amigo mío, cuando tú pones a un amigo, una amiga además, patéticamente sectaria, como es este individuo, frente a una empresa pública de la que no sabe nada, a base de no saber gestionar, de ignorar las denuncias de los problemas, llegan las crisis agudas.

Y entonces se busca un culpable al que la responsabilidad de la propia incompetencia le atribuya todos los males y se miente con descaro, que es lo que ha hecho.

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