
"¿Quién era ese Jesús? A veces queremos más sueldo, salud, fama en las redes, poder... Pero a lo mejor lo que necesitamos es más grande y profundo. A lo mejor el que vitoreamos trae una historia increíble... a lomos de un burro"
En este Domingo de Ramos, Cristina reflexiona sobre el comienzo de la Semana Santa y su significado en estos tiempos tan convulsos
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¡¡¡Muy buenos días España!!! Bienvenido a Cope, bienvenido a Fin de Semana si has despabilado a tiempo y te has enterado de que ya son las diez, porque ha cambiado la hora.
Hoy se va a producir un descenso de las temperaturas en la mayor parte de España. Habrá cielos nubosos o cubiertos en el tercio norte, con lluvias en el área del Cantábrico y en Baleares. Para la Semana santa enterita nos ha dejado su pronóstico Jorge Olcina...
Es Domingo de Ramos, un domingo extraño en Tierra Santa porque las procesiones están prohibidas por la guerra y ni siquiera se podrá celebrar la vigilia de Pascua en el Santo Sepulcro, donde se conserva la tumba que fue de Jesús. Otra vez los hombres hemos preferido la guerra. Ayer, con muchísimo tino, el Papa clamó ante 15.000 personas que “las guerras son fruto de la idolatría del poder y del dinero”.
Lo que hoy nos propone el Jesús de la borriquilla es bien distinto. Confieso que, cuando era pequeña, quizá por ser de una familia no demasiado practicante, lo del Salvador subido en un asno me parecía un poco ridículo. Para mí los burros eran la forma de transporte del campo y los veía pasar en Gredos cargados de serones y de paja, a menudo con un señor despatarrado en todo lo alto. En la Palestina del siglo I, sin embargo, un asno era la forma de transporte más práctica.

Villafranca del Bierzo, Domingo de Ramos.
Las carreteras estaban en mal estado, aunque los romanos procuraban mantener las vías principales, y además los salteadores y bandidos estaban a la orden del día. Apenas había carros y les costaba circular, así que la gente solía desplazarse a pie y juntarse en caravanas para los viajes largos y, aquellos que se lo podían permitir, usaban caballerías, burros sobre todo.
Aquel año en Jerusalén las cosas estaban calientes. De por sí la ciudad se ponía tremenda en Pascua, porque los judíos tenían obligación de ir a Jerusalén a celebrarla, y una urbe de alrededor de 50.000 habitantes se ponía casi en el triple cuando llegaba la fecha. La parte buena es que nadie se quedaba sin alojamiento. Había obligación de abrir las casas a los peregrinos y se colgaba una cortina en la puerta para indicar que había sitio..
También había posadas y caravanas, grandes hospedajes donde había también espacio para las caballerías. Jerusalén era muy rica porque los judíos del mundo entero hacían llegar sus diezmos, sus impuestos obligatorios para el templo, y eso era un flujo incesante de dinero.
Además de ese tributo, había un segundo diezmo de los ingresos que debía dedicarse a festejar la Pascua, por ejemplo con comidas con los amigos, sacrificios en el templo o regalos. En aquellas jornadas la sangre de los corderos, las tórtolas, los carneros y los bueyes corría desde el altar de los Holocaustos y regaba el cauce del río Hebrón desde la puerta de las basuras. Había tanta, que los campesinos la compraban al templo como abono para los cultivos.
Al margen de que quisieses o no hacer sacrificios extras, lo que era lógicamente obligatorio era el cordero de pascua, que se debía consumir sí o sí dentro de la ciudad. Se sacrificaba en el templo y después los amigos y parientes se reunían para tomarlo con hierbas amargas y pan ácimo.
¿Por qué se formó tanto follón cuando Jesús entró en Jerusalén? Bueno, para empezar iba precedido de su fama. Llevaba tres años viajando por toda Palestina y suscitando el interés de las poblaciones, que lo seguían embelesadas. Había además una enorme avidez de un mesías, un salvador que liberase de los romanos.

Jesús entra en Jerusalén en la Basílica de San Pedro, por Antonio Vassillachi
Se hablaba de profetas y salvadores por todas partes, había habido ya varios iluminados que se habían proclamado tales, alguno ya había sido ajusticiado por formar tumultos y no sólo los judíos esperaban, hasta Virgilio, el gran poeta clásico, se hizo eco de aquella espera curiosa.
En ese contexto, lo de Jesús fue a más. Especialmente desde que en el pueblo de Betania, donde solía ir a alojarse cuando se acercaba a Jerusalén, había resucitado a su amigo Lázaro. El extraño milagro se había hecho famosísimo porque los de Lázaro eran muy populares y a su honras fúnebres había acudido mucha gente, entre ellos numerosos fariseos y sacerdotes del templo.
De modo que la que se formó cuando el joven Jesús entró en la ciudad fue tremendo. Como ocurre entre las ciudades con mucha inmigración, las carreteras que salían de Jerusalén marcaban los ejes en torno a los que se agrupaban las personas provenientes de las distintas zonas.
Los de Galilea, la tierra de Jesús, solían acampar por el este de la ciudad, en torno al Monte de los Olivos, y entrar por la llamada Puerta Dorada. Los amigos de Jesús le prestaron un borrico y cuando empezó a cruzar entre las multitudes fundamentalmente galileas agolpadas en la zona la gente se levantó, comenzó a aclamarlo y a seguirlo.
Por fin alguien los iba a liberar de los romanos, que les impedían el autogobierno, que les ponían impuestos injustos, que los obligaban a costumbres extrañas. Hosanna le gritaban, y recordaban que la Biblia decía que el Salvador vendría de la familia de David, como Jesús. Le echaban los mantos al paso del borriquillo, como si fuese un rey, y agitaban ramas y palmas como se hacía en las grandes festividades.

Procesión de Semana Santa en Valladolid
Lejos estaban de imaginar que, en apenas 24 horas, aquel hombre iba a estar colgando de un madero, completamente destrozado, crucificado entre dos delincuentes.
¿Quién era ese Jesús? ¿Por qué dicen los que le siguen que está vivo? Esta extraordinaria historia es la que hoy comenzamos a revivir hasta el domingo próximo. A veces pensamos que necesitamos muchas cosas. Más sueldo, que está bien, más salud, quién no la desea, más fama en las redes, más poder. A lo mejor lo que necesitamos es otra cosa. Más grande, más profunda. A lo mejor el que vitoreamos trae una historia increíble a lomos de un burro. Nunca se sabe.



