El Santo Sepulcro cierra en Semana Santa por primera vez en siglos: "Ni siquiera puede acceder un fraile"

La tradicional procesión del Domingo de Ramos ha sido cancelada y el acceso al templo está prohibido, en una celebración marcada por la guerra en Tierra Santa

Montaje Netanyahu y Pizzaballa con el Santo Sepulcro detrás
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Redacción Religión

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La Semana Santa en Jerusalén ha comenzado de una manera inédita y sombría. La tradicional procesión del Domingo de Ramos ha sido cancelada por las autoridades y, en un hecho que no sucedía desde hace siglos, las puertas del Santo Sepulcro se han cerrado. Así lo ha relatado el padre Enrique Bermejo, desde Tierra Santa, en una entrevista en el programa 'La Mañana de Fin de Semana' de la COPE, donde ha descrito una celebración marcada por "la situación que todos conocemos".

Un cierre histórico

Aunque la procesión más conocida, que discurre por las calles de Jerusalén, es la que ha sido cancelada, el padre Bermejo ha explicado que la liturgia sí se celebrará en las parroquias y dentro del mismo Santo Sepulcro. Sin embargo, será a puerta cerrada, realizada exclusivamente por la comunidad franciscana que atiende el santuario. "Las puertas del sepulcro están cerradas, o al menos el acceso está cerrado", ha confirmado el religioso.

El acceso está restringido hasta tal punto que ni siquiera otros frailes o religiosos de fuera pueden entrar. "No, no, ni siquiera una persona o un fraile. Hasta hace días, no, no, si te ve la policía, puede ya, no no deja pasar", ha detallado. Bermejo describe la clausura como "un poco curiosa, porque si están cerradas, están al mismo tiempo abiertas, si hay alguna urgencia", pero la realidad es que ningún peregrino puede acceder al lugar más sagrado del cristianismo durante su semana más importante.

La vida de los cristianos bajo presión

La guerra no solo afecta a las celebraciones, sino también a la vida diaria de los cristianos de Tierra Santa. El padre Bermejo ha mencionado la "intensa presión de los colonos, no solo en Cisjordania, sino también en la ciudad vieja", y la frecuente "pasividad de las autoridades israelíes". Ha señalado dificultades concretas en localidades como Taybeh, el único pueblo completamente cristiano, y los problemas para acceder a Belén debido a los controles.

En contraste, la situación en la ciudad nueva de Jerusalén es de una aparente normalidad. "La ciudad nueva es es una ciudad que está prácticamente normal", ha comentado, aunque ha matizado que se percibe la presencia de la policía y muchos comercios no esenciales permanecen cerrados. El impacto económico es severo, especialmente en Belén, donde la ausencia total de peregrinos ha dejado los negocios "cerrados o medio abiertos, pero no hay gente".

Acostumbrados a vivir con las sirenas

La tensión es palpable, como demostró la interrupción de una misa del cardenal Pizzavala en Nazaret por el sonido de las sirenas. A pesar de todo, los que residen allí desde hace tiempo han desarrollado una particular resiliencia. "Los cristianos en Tierra Santa, los que vivimos aquí ya casi, casi estamos un poco acostumbrados a las cosas raras", ha afirmado el padre Bermejo.

Esta adaptación forzosa se refleja en la manera de afrontar el peligro constante de los avisos y las explosiones. "Con un poco de filosofía cogemos las cosas, no quiere decir que que sea una cosa que nos gusta ni nada", ha confesado, resumiendo la actitud de muchos con una frase lapidaria: "A veces dice uno, me tocará o no me tocará, pero si me toca, pues me tocó".

Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.

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