Un presbiterio unido: un gran regalo para la Iglesia Universal
Madrid ha vivido esta semana un acontecimiento poco habitual y profundamente esperanzador: más de 1.200 sacerdotes reunidos en torno a su arzobispo para reflexionar, orar y reconocerse hermanos en el ministerio. Mario Alcudia reflexiona sobre la Asamblea Presbiteral CONVIVIUM, convocada por el cardenal José Cobo, un soplo de comunión y renovación, un verdadero gesto de comunión que fortalece a todo el Pueblo de Dios

UN PRESBITERIO UNIDO: UN GRAN REGALO PARA LA IGLESIA UNIVERSAL |FIRMA MARIO ALCUDIA
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Hay actos que se convierten en un verdadero signo de Dios para la Iglesia y esta semana hemos sido testigos de uno de ellos en Madrid. En un ambiente de fiesta, de fraternidad sincera y de profunda alegría espiritual, más de 1.200 sacerdotes madrileños con encargo pastoral, convocados por el cardenal José Cobo, se han reunido en la primera Asamblea Presbiteral CONVIVIUM, un encuentro histórico que ha permitido al presbiterio reflexionar sobre su ministerio y sobre el sacerdote que necesita hoy la ciudad de Madrid.
A lo largo de estos días, cada presbítero con el que he hablado me repetía lo mismo: “hacía falta algo así”. Lo expresaban con esa mezcla de serenidad y entusiasmo que nace cuando uno se siente confirmado en la fe y acompañado por sus hermanos. Y todos coincidían en una misma esperanza: que este encuentro fuera verdaderamente fecundo, que el Espíritu Santo suscite una renovación interior capaz de impulsar un mayor acercamiento a la realidad pastoral.
Y aquí, como laico, quiero detenerme. Porque te aseguro que me emocionó ver a tantos sacerdotes reunidos en un ejercicio precioso de comunión; como decía uno de ellos un gran coro: voces distintas, timbres diferentes, pero una misma partitura, entregados decía a muerte para evangelizar… mostrando la fuerza de un presbiterio unido.
También fue hermoso verles hablar de la necesidad de estar acompañados, de sanación, porque también ellos necesitan sentirse sostenidos. A veces olvidamos que son hombres frágiles, con cansancios y heridas, y que la comunidad debemos cuidarles.
Se recordaba en estos días las palabras de los cardenales Kasper y Ratzinger cuando hablaban del sacerdote como “servidor de la alegría que brota de la amistad con Cristo”.
Después de lo vivido estos días doy fe de un presbiterio que camina unido, renovado y esperanzado. Y eso, no es es solo un regalo para la Iglesia de Madrid sino para la Iglesia Universal.



