Jorge Alcalde, divulgador científico: "Si no tenemos referencias, espejos en los que mirarnos, es difícil que surjan las vocaciones"
La física y química polaca no solo fue la primera persona en ganar dos premios Nobel en distintas disciplinas, sino que revolucionó la medicina de guerra con sus unidades móviles de rayos X

Pilar García Muñiz habla con Jorge Alcalde sobre la física Marie Curie
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Marie Curie fue mucho más que la madre de la física moderna. La científica de origen polaco que descubrió la radiactividad y dos nuevos elementos —el radio y el polonio— también fue una heroína de guerra que salvó miles de vidas durante la Primera Guerra Mundial con una innovación revolucionaria: las primeras unidades móviles equipadas con rayos X. Así lo recordó Jorge Alcalde, divulgador científico, en el programa "La Tarde" de la COPE, que presenta Pilar García Muñiz, con motivo del Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia.
Una pionera en todos los frentes
La lista de logros de Marie Curie resulta abrumadora incluso más de un siglo después de su muerte. Primera mujer en ocupar una cátedra en la Universidad de París, primera en recibir sepultura con honores en el Panteón francés, y la única persona en la historia en conseguir dos premios Nobel en especialidades científicas diferentes: Física en 1903 por el descubrimiento de la radiactividad, y Química en 1911 por el hallazgo del radio y el polonio.
"Si pudiésemos tener una porción de esas referencias dedicadas a mujeres y hombres que se han dedicado a la ciencia, saldrían muchas vocaciones", explicó Alcalde durante la entrevista. El divulgador subrayó que uno de los grandes errores al explicar la ciencia es que "hablamos más de los productos de la mente que de las vidas que había en esas mentes".
Einstein dijo que fue la única persona científica de la historia, hombre o mujer, que nunca se había corrompido, porque fue honesta hasta el último momento de su vida"
Divulgador de ciencia

Las 'Petit Curies' que cambiaron la medicina de guerra
Cuando estalló la Primera Guerra Mundial, Marie Curie tomó una decisión que marcaría la diferencia entre la vida y la muerte para miles de soldados. "Estoy resuelta a ayudar a mi país de acogida, ya que no puedo hacer nada por mi infortunado país natal, Polonia", escribió a su amigo Paul Langevin. "Sé que los rayos X pueden salvar vidas de muchos soldados".
El 30 de octubre de 1914, como directora de la Unidad de Radiología de la Cruz Roja Francesa, Curie puso en marcha las primeras 20 unidades móviles equipadas con rayos X. Estas pequeñas furgonetas, conocidas popularmente como "Petit Curies" (las pequeñas Curies), se desplazaban hasta el frente de batalla para radiografiar a los heridos.
"Montó estas unidades móviles, fue al frente, empezó a estudiar las heridas de los soldados con esas radiaciones y ayudó a los médicos a entender cómo se podían curar mejor, cómo se podían operar mejor", relató Alcalde. Su compromiso fue tan absoluto que arrastró a esta labor a su propia hija Irene, que tenía apenas 17 años.
En la Casa de París que sirvió de laboratorio, los vecinos se pasaban las horas muertas viendo cómo salían pequeñas siluetas fantasmagóricas de las ventanas: el cuerpo de Marie, Pierre y su hija emitiendo un halo verde misterioso"
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El precio de la ciencia: una vida marcada por la radiación
La exposición constante a la radiactividad acabó cobrándose un precio terrible. Marie Curie falleció en 1934 víctima de una anemia aplásica, consecuencia directa de décadas de contacto con materiales radiactivos. "Evidentemente había conocimiento de los efectos físicos sobre el cuerpo humano de la radiactividad, pero no creo que fuesen conscientes hasta qué punto era peligroso", señaló el divulgador científico.
Paradójicamente, su propio conocimiento de la enfermedad contribuyó a desarrollar sistemas de protección contra la radiación. Fiel a sus principios, nunca patentó estos sistemas de bloqueo para dejarlos a disposición de la comunidad científica.
Tanto sus restos mortales como el material que utilizó en el laboratorio conservaron niveles de radiactividad durante décadas. Fue enterrada en un ataúd forrado de plomo, y en la Biblioteca Nacional de París, donde se conservan algunas de sus libretas de notas, siguen requiriéndose medidas especiales de manipulación. Uno de sus últimos laboratorios abandonados llegó a ser conocido popularmente como "la Chernóbil del Sena".
Un legado familiar extraordinario
La excelencia científica de Marie Curie no fue un caso aislado. Su marido Pierre compartió con ella el Nobel de Física, y su hija Irene Joliot-Curie también recibió el premio Nobel de Química en 1935 por sus investigaciones sobre la radiactividad inducida. "Una familia de eminencias científicas cuyo brillo más grande, por supuesto, fue el de Marie Curie", resumió Alcalde.
Incluso los padres de Marie, profesores de matemáticas en la Polonia ocupada por el imperio zarista, fueron pioneros al crear una "universidad flotante" clandestina para que las jóvenes polacas pudieran estudiar cuando tenían prohibido el acceso a la educación superior.
Inspirar a las científicas del futuro
La conmemoración del Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia mantiene viva la importancia de visibilizar referentes femeninos en el ámbito científico. El Hospital Gregorio Marañón de Madrid organizó una jornada en la que pequeñas pacientes, como Micaela, una niña de 14 años con vocación de bióloga, pudieron conocer de primera mano el trabajo de investigadoras biomédicas.
María Eugenia Fernández, directora de la unidad de producción de medicamentos de terapias avanzadas del hospital, les mostró cómo las células madre pueden "arreglar, reparar, regenerar tejidos que están estropeados". "Necesitamos gente que venga detrás y que nos releve", explicó a las jóvenes visitantes.
Si no tenemos referencias, espejos en los que mirarnos, es difícil que surjan las vocaciones"
Divulgador de ciencia
Como recordó Alcalde en "La Tarde" de la COPE, el programa presentado por Pilar García Muñiz, la historia de Marie Curie demuestra que las grandes revoluciones científicas nacen de vidas fascinantes que merecen ser contadas. Solo así surgirán nuevas generaciones de científicas dispuestas a iluminar el camino del conocimiento, aunque ello implique, como en el caso de Curie, brillar literalmente en la oscuridad.



