"Para la Seguridad Social es mucho más rentable que un tratamiento crónico: un trasplante de médula se amortiza en menos de tres años, para bien o para mal"
Hicham El Hafed, un joven de 28 años con la enfermedad de Bruton, busca un donante compatible tras el rechazo de última hora del que iba a salvarle la vida

Escucha la historia de Hicham y su necesidad imperiosa de conseguir un trasplante de médula
Madrid - Publicado el - Actualizado
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La vida de Hicham El Hafed, un joven de 28 años, depende de encontrar un trasplante de médula.
En una entrevista con José Ángel Cuadrado en el programa 'Lo que viene' de COPE, ha contado su historia: una lucha contra la enfermedad de Bruton que le fue diagnosticada al llegar a España desde Marruecos en 2004.
Esta patología le impide generar anticuerpos, dejándolo en una situación de extrema vulnerabilidad ante cualquier infección.
Una vida marcada por la enfermedad
La enfermedad de Bruton obliga a Hicham a recibir un tratamiento con inmunoglobulinas que, según explica, "funciona, pero a medias", ya que no cubre todo el espectro de problemas que puede sufrir. Su sistema inmunitario es tan débil que un simple resfriado puede tener consecuencias graves. "No cojo transporte público por esos motivos. Entras sano y sales al día siguiente con una gripe o una diarrea malísima", confiesa.
Un trasplante de médula consiste en matarte por dentro con quimioterapia agresiva"
Joven emprendedor
La única cura definitiva es un trasplante de médula, un proceso que él mismo define como "el renacer". Este procedimiento implica primero destruir su sistema inmunitario actual para luego recibir las células madre de un donante. Como él mismo detalla, "un trasplante de médula consiste en matarte por dentro, y luego el día 0, que es el día que recibes las células madres de la médula del donante empiezas una nueva etapa".
Es un proceso complejo porque tras el trasplante comienza una espera crítica de 20 días para que la nueva médula se active.
Un donante que se echó para atrás
La esperanza de Hicham se desvaneció recientemente.
Tras una búsqueda en la base de datos europea se encontraron tres candidatos anónimos. Se seleccionó al más compatible, un 9 sobre 10, pero la desolación llegó cuando "a vista de 2, 3 semanas de mi trasplante con fecha de ingreso, se echa para atrás esa persona", lamenta.
Y es que era la mejor opción. Porque su hermano, con una compatibilidad del 60%, sigue siendo una opción lejana, considerada un "plan z".
Cada día que pasa, el cuerpo de Hicham sufre un mayor desgaste, dejando secuelas como bronquiectasias en los pulmones. El tiempo apremia, ya que el riesgo de rechazo del trasplante aumenta significativamente a partir de los 30 años y él está a punto de cumplir 29.
Por ello, su objetivo es realizar el procedimiento "lo antes posible" para detener el deterioro de su salud.
Una lucha para visibilizar y concienciar
Su batalla trasciende lo personal y tiene dos objetivos claros: "visibilizar que donar médula no es un proceso complicado" y concienciar a las generaciones jóvenes.
Además, destaca la importancia de la diversidad de los donantes.
Su origen mixto —marroquí, portugués, bereber, alemán y español— complica la búsqueda de un donante compatible en las bases de datos europeas.
Me encantaría que todas las personas dedicasen un minuto más de su vida a concienciarse de lo que significa donar médula"
Paciente que necesita un trasplante de médula
Hicham ha defendido su caso incluso con cifras.
Presentó un informe al equipo médico demostrando que el coste del trasplante se amortizaría en menos de tres años en comparación con el gasto que supone su tratamiento crónico para la Seguridad Social. "En menos de 3 años está amortizado el trasplante. Para bien o para mal", sentencia.
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Para facilitar la información, ha creado la página web donamedula.com, donde explica el proceso y ayuda a encontrar el centro de donación más cercano.
Su mensaje final es una llamada a la acción: "Me encantaría que todas las personas dedicase un minuto más de su vida a concienciarse de lo que significa donar médula, donar sangre y donar plasma. Si tienes entre 18 y 40 años, que es la edad perfecta, [...] a lo mejor nunca te llamarán, pero estás ahí presente, que si algún día podría ser la salvación de esta persona".
Este texto ha sido elaborado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.





