Elena, víctima de inquiokupación: “Alquilé el piso en febrero y en abril empezaron a dejar de pagar. Me debían 2.300 euros y fui de buenas, yo sigo pagando todo y buscándome la vida”
Cuenta en 'La Tarde' que ha presentado hasta 3 demandas contra sus inquilinos y que, a pesar de todo, ella tiene que afrontar todos los gastos mientras vive en casa de una amiga

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Hay algunos partidos políticos que consideran que la okupación es un bulo, una mentira más propagada por la derecha y que no es un problema real del que preocuparse. Por supuesto, no todos tienen acceso a la vivienda, por lo que es imposible preocuparse de lo que no tienen, pero solo hay que conocer historias como la de Elena para saber que es un problema muy palpable.
Pero antes de conocerla en profundidad, vayamos con los datos, que quizá puedan arrojar algo más de luz al problema en sí. Desde el 2023, la okupación ha crecido un 7,4%. En ese año, las casas okupadas alcanzaron las 15.000, mientras el año pasado, el 2024, llegaron a las casi 16.500.
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Y eso, teniendo en cuenta que hay, al menos, dos tipos de okupación. Una que es, quizá, la más conocida, en la que una de tus viviendas es okupada y no puedes acceder a ella nunca más, y la 'inquiokupación', es decir, esa en la que alquilas el piso, comienzan pagándote y, en un determinado momento, no lo hacen más.
Esta es una forma de okupación bastante dolorosa, porque nada parece indicar que tus inquilinos vayan a proceder al impago y, sin embargo, luego es prácticamente imposible echarles de casa. Un tipo de okupación que no ha hecho si no incrementarse con el tiempo.
La historia de Elena
“Vivir así es una tortura diaria”. Con esta simple frase, Elena define su sinvivir, ya que alquiló su casa en Collado Villalba, en Madrid, y, después de tres meses, dejaron de pagar el alquiler sus inquilinos.
Mientras, ella sigue pagando hipoteca, reformas y gastos. y duerme de prestado en una habitación que le ha dejado una amiga, una pequeña habitación de 6 m² donde no puede estar con su hijo de 13 años. Y todo sucedió como suelen pasar estas cosas, de forma progresiva.
Se presentaron como los inquilinos ideales: un matrimonio, con una supuesta hija viviendo en el extranjero, con buenos contratos de trabajo y nóminas. Le daban el “feeling” perfecto, como ella decía, hasta que, tres meses después, declararon tener problemas de dinero.

Europa Press
“Entran el 1 de febrero y ya en abril empiezan a decirme que si faltan 200 €, luego en junio que si falta no sé cuánto. Empiezan a ser como pagos intermitentes” contaba en 'La Tarde'.
Lo que empezó siendo puntual, acabó siendo habitual y llegó un momento en el que dejaron de pagar del todo. A pesar de todo, seguían excusándose y ella quería ayudarles.
“Cuando debían 2,300 €, y dije, "bueno, vamos a esperar a ver si se regular." Yo siempre tuve esperanzas en que ellos iban a pagar, pero no. Se han enquistado ahí y no hay manera de sacarlo” decía.
Un historial de demandas y ninguna solución
Ante la imposibilidad de echarles de su casa, Elena se vio obligada a demandar pero, por desgracia, no ha surtido efecto. “Ya yo hablo con un abogado y le digo, "mira, desde agosto de 2024 yo tengo que hacer uso ya de mi vivienda”. ¿Qué pasa? Que en ese entonces yo empiezo a salir con un chico y ese chico me dijo, "mira, en lo que resuelves tu situación, vente conmigo, haces la custodia compartida y entonces vamos reclamando eh la necesidad del piso." Y yo dije, "Vale, en ese momento estaba bien, entre comillas, o sea, no era mi casa, estaba de prestada con un hijo” contaba.

Fachada de los Juzgados de El Prado de San Sebastián.
A pesar de todo, ha tenido que interponer hasta tres demandas, pero no ha habido ninguna solución. A razón de eso, ha tenido que irse a vivir de prestado a casa de una amiga. “Yo me he venido aquí y ahora estoy afrontando los gastos de la hipoteca, los gastos de la reforma y aparte la comunidad, más el seguro de vida. Ahora me tengo que buscar la vida” contaba.
Lo que peor lleva, además del impago, es no poder vivir con su hijo ni verle. Dice que esta situación le está costando la salud. “Un desgaste psicológico y físico, porque yo tengo la alteración ya del sueño que me han mandado incluso al psiquiatra. Tomo antidepresivos, tomo ansiolíticos y aún así yo mi cabeza por la noche empieza bum bum bum bum bum bum” confesaba.




