Grandes tesoros bajo tierra: "El búnker de Churchill, una mina de oro, un barco que se muere y un abismo que supera los 10.000 metros"
En "La Noche de Adolfo Arjona" hacemos un viaje a las profundidades del planeta, desde el búnker de Churchill hasta la Fosa de las Marianas, para conocer los secretos que esconde el mundo subterráneo

Restos del Titanic a 4.000 metros de profundidad
Sevilla - Publicado el
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2 metros, cinco, trescientos, mil. Y hasta 11.000 metros bajo tierra. ¿Qué encontramos bajo la superficie? Porque sí. Ahí abajo también hay vida. Pero antes de bajar, tenemos que tener claro que descender a las profundidades del planeta, ya sea bajo tierra o bajo el mar, somete al cuerpo humano a un entorno tan exigente como desconocido.
La doctora Concepción Ruiz Gómez, especialista en medicina del deporte, explica que los efectos varían según el medio. Mientras que en el agua la presión aumenta de forma drástica, en una mina la presión atmosférica apenas cambia, pero surgen otros desafíos como la falta de oxígeno, la acumulación de gases, el frío, la humedad y el estrés del aislamiento y la oscuridad.

Estación subterránea
Estos factores pueden provocar fatiga, dolor de cabeza, mareos y dificultad de concentración. Por eso, "tanto subir como bajar del nivel habitual al que una persona está acostumbrada produce cambios en el organismo, pero por mecanismos diferentes". Una buena preparación y control son, por tanto, cruciales para afrontar el reto que supone para la fisiología humana abandonar la superficie.
El búnker de Churchill bajo Londres
A 35 metros bajo el subsuelo de Londres se encuentra uno de los epicentros de la Segunda Guerra Mundial: el búnker de Winston Churchill, conocido como las 'Cabinet War Rooms'. Este refugio fue la respuesta del gobierno británico a la amenaza de los bombardeos nazis, un lugar secreto desde donde el primer ministro y su equipo dirigieron la estrategia de guerra. Como explica a Adolfo Arjona el historiador Alberto Boo, su construcción se inició en 1938 y se inauguró apenas unos días antes de la invasión de Polonia en 1939.
El búnker se ubicó estratégicamente bajo un edificio del gobierno, a solo cinco minutos de la residencia oficial, el 10 de Downing Street. Sus aproximadamente 70 estancias estaban protegidas por un techo de hormigón apodado 'la losa', que se reforzó durante la guerra ante el temor a las bombas. A pesar de su importancia, la tecnología era rudimentaria, con un sistema de ventilación precario y sin aire acondicionado, lo que generaba un ambiente denso, a menudo cargado con el humo de los puros de Churchill.

Bajo la superficie de Londres, Churchill dirigió la estrategia de la II Guerra Mundial
El corazón del complejo era la sala del gabinete de guerra, donde Churchill se reunía con los líderes políticos y militares. "Nos podemos imaginar un poco la atmósfera de estas discusiones, pues seguramente serían bastante acaloradas en un espacio lleno de tensión y humo". Aunque tenía allí una habitación, Churchill prefería la comodidad de su residencia y durmió en el búnker en muy pocas ocasiones. Hoy, estas instalaciones se han convertido en un museo que permite revivir las horas más oscuras de la historia británica.
a 700 metros bajo el suelo: la mina San José
El 5 de agosto del año 2010, un derrumbe en la mina San José, en Chile, dejó a 33 mineros atrapados a 700 metros de profundidad. Lo que siguió fue una lucha por la supervivencia que duró 69 días y mantuvo en vilo al mundo entero. Mario Sepúlveda, uno de los supervivientes, contaba a Adolfo Arjona que aquel día algo le decía que no entrara a trabajar. "Andaba como con pocas ganas, tenía ganas de irme de la mina porque ya habían habido anomalías y la supervisión no hacía caso".
Tras el derrumbe, el hecho de que todos lograran llegar al refugio fue, en sus palabras, "únicamente un milagro". Sin embargo, las condiciones eran extremas. El refugio, diseñado para 15 personas y con víveres para tres días, tenía que acoger a 33. No había agua potable, solo agua contaminada que filtraban con calcetines. La organización fue clave para sobrevivir. "Fue tan importante el que nos hayamos organizado, en que los líderes innatos hayan tomado una posición, que gracias a esa organización sobrevivimos", afirma Sepúlveda.
Yo siempre pensé en que el que se moría iba a ser devorado por los que estaban vivos”
La desesperación fue tal que la idea del canibalismo, evocando la tragedia de Los Andes, cruzó sus mentes. En el silencio, cada uno lo pensaba, y después lo hablaron. "Yo siempre pensé en que el que se moría iba a ser devorado por los que estaban vivos. Siempre pensamos en algún momento y hablamos sobre el trágico accidente que tuvieron los uruguayos, entonces eso está en la mente de cada uno de nosotros", le confesaba este superviviente a Arjona.
La mina más profunda de Sudáfrica
A casi 4.000 metros bajo tierra se encuentra la mina de oro de Mponeng, en Sudáfrica, una de las más profundas del planeta. Bajar a sus entrañas supone un viaje de una hora en un ascensor industrial. La perforista y asesora del sector minero, María Pérez, ha a Adolfo Arjona que, aunque la tecnología ha avanzado, el estrés físico y psicológico es innegable. "Estar una hora bajando en un ascensor, notando la presión en tu cuerpo y a la misma vez la temperatura tiene que causar un poco de estrés", comenta.
Es estresante estar una hora bajando en un ascensor, notando la presión en tu cuerpo y el aumento de la temperatura
Perforadora
Las condiciones de trabajo son extremas. La roca alcanza temperaturas naturales de más de 60 grados, por lo que se utilizan toneladas de hielo para enfriar el aire bombeado desde el exterior y mantener un ambiente laboral por debajo de los 30 grados. La seguridad, según Pérez, es primordial en la minería moderna. "Hoy en día, la mina actual predomina la seguridad del trabajador ante todo", asegura, aunque recuerda que una mina "es algo vivo y nunca hay que perderle el respeto".

"Una mina es algo vivo y nunca hay que perderle el respeto"
Esta mina, de la que se extrae un 16% del oro mundial, también es un lugar de interés científico. En sus profundidades se han encontrado microorganismos que viven sin luz solar, lo que ha abierto una nueva vía de investigación sobre las formas de vida en condiciones extremas, con posibles implicaciones para la búsqueda de vida en otros planetas. La tecnología ha avanzado muchísimo, pero el trabajo sigue siendo un desafío enorme.
casi 4 kilómetros para llegar al Titanic
En las profundidades del océano Atlántico, a 3.800 metros bajo la superficie, yace el barco más famoso de la historia: el Titanic. Descubierto en 1985, sus restos se encuentran en un entorno completamente inhóspito, sin luz solar y con una presión, como describe el divulgador del Oceanogràfic de Valencia, Mario Romero, "unas 400 veces la presión atmosférica que tenemos a nivel del mar". Esto equivale a tener un elefante encima de cada centímetro cuadrado del cuerpo.
En este abismo no hay vegetación, y la vida marina es escasa, limitada a especies como peces rata, anémonas o arañas de mar. Sin embargo, el factor más determinante para el futuro del pecio son las bacterias. Romero ha explicado a Adolfo Arjona que una bacteria, bautizada como 'Halomonas titanicae', está devorando literalmente el metal del barco. Este proceso, acelerado por las corrientes y la corrosión salina, está causando un deterioro drástico.
A 4.000 metros de profundidad, la presión es como si tuviéramos un elefante encima de cada centímetro cuadrado del cuerpo
Divulgador de Oceanográfic
El futuro del Titanic es desaparecer. El divulgador es tajante sobre el estado del barco: "Se estima que para 2050 los restos serán solo una mancha de óxido en el fondo del mar". A pesar del riesgo, más de 300 personas han bajado a verlo, incluido el director de cine James Cameron, que lo ha hecho 33 veces. Para Romero, aunque es un sueño para muchos, una expedición así solo es factible "con los medios adecuados y unos sumergibles muy preparados".
El abismo de las Marianas: no hay nada más profundo
El punto más profundo del planeta es la Fosa de las Marianas, en el océano Pacífico, un abismo que alcanza los 10.984 metros en el punto conocido como "abismo de Challenger". Héctor Salvador Fauz, el primer español en descender a estas profundidades, contaba su experiencia en "La Noche de Arjona": "Es como un viaje a otro mundo. El descenso dura más de cuatro horas y se realiza sin motor, por el propio peso del batiscafo, una esfera de titanio de apenas un metro y medio de diámetro".

Héctor Salvador Fauz, el primer español en descender a la fosa de las Marianas.
Una vez abajo, la sensación es de soledad absoluta. "Te das cuenta de que solo somos dos seres humanos a casi 11 kilómetros de profundidad, con una presión externa 1.200 veces superior a la que tenemos en la superficie". Ahí abajo no tiene sentido tener miedo a un accidente, ya que "si pasa algo, directamente no te enteras". Es una situación tan extrema que el cerebro renuncia a preocuparse. Su expedición científica permitió tomar muestras en un entorno que define como "oscuro, líquido y en silencio".



