El increíble robo de 144 monedas en Badajoz: cuatro kilos de oro de 22 quilates a cambio de unos 300.000 o 400.000 euros

Los ladrones solo necesitaron una escalera para acceder a la sala y llevarse un tesoro de valor incalculable sin que sonara ninguna alarma

Una de las monedas robadas
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Roban 144 monedas de oro del Museo Arqueológico de Badajoz

Redacción La Linterna

Publicado el

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Unos desconocidos han asaltado en la madrugada del sábado al domingo el Museo Arqueológico de Badajoz, llevándose 144 de las 149 monedas de oro que formaban parte del tesoro de Villanueva. El robo destaca no por su complejidad, sino por su alarmante sencillez y la concatenación de flagrantes fallos de seguridad que permitieron a los ladrones hacerse con un botín de valor histórico incalculable.

Un plan ejecutado con una sencillez pasmosa

La mecánica del robo fue insultantemente simple. Se cree que sobre las cinco de la madrugada, entre tres y cuatro individuos accedieron al recinto de la Alcazaba, donde se ubica el museo, a bordo de dos motos de cross. Lo hicieron a través de la puerta del Alpendiz, que, increíblemente, estaba abierta. Los asaltantes demostraron conocer el edificio, ya que se dirigieron a la parte trasera y colocaron una escalera junto a la ventana más próxima a la sala que exponía las monedas.

Una vez allí, cortaron los barrotes, forzaron la ventana y, en cuestión de minutos, rompieron la vitrina para apoderarse de las 144 monedas. Dejaron atrás cinco piezas que quedaron ocultas bajo los cristales rotos, probablemente para no perder tiempo. Tras el golpe, huyeron por donde habían venido sin dejar rastro aparente.

Vista del Museo Arqueológico Provincial de Badajoz

EFE

Vista del Museo Arqueológico Provincial de Badajoz

Un cúmulo de despropósitos en seguridad

El sistema de seguridad del museo ha quedado en entredicho. Para empezar, el edificio no cuenta con cámaras de seguridad interiores; solo dispone de una cámara exterior que apunta al aparcamiento y que gestiona la Policía Local, sin que se sepa si estaba activa en ese momento. Aunque la Junta de Extremadura asegura que el museo tiene alarmas y detectores de movimiento, fuentes de la investigación señalan que no había sensores en las ventanas para detectar su forzamiento.

Tampoco saltó la alarma de la vitrina al ser golpeada. Esto podría deberse al uso de un inhibidor de frecuencia, aunque no se descarta que simplemente no funcionase o no estuviera activada. Lo que es evidente es que "las medidas de seguridad no son precisamente sofisticadas, como debería suceder cuando se custodia un patrimonio como esas monedas de oro".

Las medidas de seguridad no son precisamente sofisticadas, como debería suceder cuando se custodia un patrimonio como esas monedas de oro"

Pablo Muñoz, colaborador de La Linterna

Vista del Museo Arqueológico Provincial de Badajoz

EFE

Vista del Museo Arqueológico Provincial de Badajoz

La tardía reacción policial

El descubrimiento del robo fue igualmente esperpéntico. Un vigilante de seguridad dio la voz de alarma tras oír unas risas procedentes de la primera planta. Sin embargo, la policía se encontró con más obstáculos: los agentes tardaron más de una hora en acceder al recinto con los vehículos porque la puerta principal de acceso estaba cerrada. Los primeros policías tuvieron que llegar a pie, tardando media hora mientras intentaban orientarse por los jardines.

Para culminar el desastre, la Policía Científica no pudo empezar a trabajar en la escena hasta pasadas unas cuatro horas, un tiempo precioso que dio una ventaja enorme a los ladrones para su huida. La investigación se centra ahora en dos frentes: depurar responsabilidades por los fallos de seguridad, que recaen en la Junta de Extremadura como gestora del edificio, e identificar a los autores.

Se están analizando las cámaras de seguridad de las inmediaciones y los perfiles del personal que ha trabajado en el museo, ante la posibilidad de que los ladrones contaran con información privilegiada. La principal preocupación es el destino del botín, ya que aunque "en este tipo de robos siempre es más fácil identificar a los autores que recuperar el botín", el valor histórico de las piezas es irremplazable.

El temor es que, si los ladrones no son profesionales, opten por la vía rápida: fundir las monedas. Esta acción destruiría un tesoro acuñado durante los reinados de Carlos III, Carlos IV y Fernando VII, con un peso total de cuatro kilos de oro de 22 quilates, a cambio de unos 300.000 o 400.000 euros, una cifra ridícula comparada con su incalculable valor histórico.

Este texto ha sido elaborado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.

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