El sádico crimen de ETA que permanece sin resolver 50 años después: "Hay una especie de caserío, es donde presuntamente los enterraron"
Tres jóvenes gallegos fueron brutalmente asesinados por miembros de la banda terrorista en 1973 al ser confundidos con policías y su paradero sigue siendo un misterio

Ángel Expósito analiza con el periodista Pablo Muñoz el caso de los 3 jóvenes gallegos desaparecidos en Francia en 1973 y entrevista al comisario Enrique Pamies, último investigador del caso
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El programa La Linterna de COPE, con Ángel Expósito, ha analizado junto al periodista Pablo Muñoz uno de los crímenes más desconocidos y crueles de ETA: la desaparición de tres jóvenes gallegos en Francia en 1973. El caso, que permanece sin resolver más de 50 años después, ha sido abordado con el testimonio de Enrique Pamies, el último comisario que investigó los hechos. Todo comenzó el 24 de marzo de 1973, cuando tres veinteañeros gallegos y vecinos de Irún cruzaron la frontera para ver la película "El último tango en París", entonces prohibida en España. Un grupo de cinco etarras les confundió con policías y, desde esa misma tarde, nunca más se supo de ellos.
Un encontronazo fatal
Según ha relatado el periodista de ABC Pablo Muñoz, la primera información sobre el asesinato la dio su compañero Alfredo Semprún en una crónica un mes después de los hechos. En ella, contaba que los jóvenes pararon a tomar unas copas en un bar de carretera de San Juan de Luz al salir del cine. Allí se toparon con varios miembros de ETA, entonces considerados "refugiados políticos", que se encontraban en estado de embriaguez. Al oírles hablar español, les confundieron con policías, comenzaron a insultarles y llegaron a las manos. La pelea escaló hasta tal punto que el dueño tuvo que cerrar el local, pero la agresión continuó en la calle, donde los tres recibieron una fuerte paliza y uno de ellos quedó gravemente herido.
La crónica de la época llegó a identificar a los etarras implicados: Ceferino Arévalo, "el Ruso", Manuel Murúa, "el Casero", alias "Pruden", Jesús de la Fuente y Sabino Achalandabaso, "Sabin". Aunque fueron interrogados por la policía gala, nunca se abrió un sumario judicial hasta un año después por la denuncia de las familias. Muñoz recuerda que en aquel momento "Francia era un santuario para los etarras". Investigaciones posteriores apuntaron a que solo uno de los agredidos recibió golpes mortales en el lugar, y sus dos compañeros fueron asesinados para no dejar testigos tras sufrir "durísimas torturas". En esta ecuación apareció el nombre del sanguinario etarra Tomás Pérez Revilla, alias "Huesos", como autor material.
El silencio de ETA y las incógnitas
Una de las grandes incógnitas del caso gira en torno al coche de las víctimas, un Austin 1300 propiedad de José Humberto Fouz. La madre del joven siempre aseguró que ese fue el mismo vehículo que los terroristas usaron meses después en el atentado contra Carrero Blanco, aparcándolo en doble fila para obligar al coche del presidente a pasar sobre los explosivos. Sin embargo, esta hipótesis nunca ha podido ser confirmada. Por su parte, la banda terrorista ha mantenido un silencio férreo. Cuando en 1974 se le preguntó al dirigente de ETA Jesús María Zabarte por el crimen, este se limitó a responder que Pérez Revilla le dijo que "cuanto menos se supiera de eso, mejor".
Cuanto menos se supiera de eso, mejor"

Coral García Fouz-en la imagen sobrina de una de las víctimas lee una emotiva carta, durante el acto en recuerdo de José Humberto Fouz Escobero, Jorge Juan García Carneiro y Fernando Quiroga Veiga en el 50 aniversario de su "desaparición forzada a manos de ETA"
El caso fue archivado provisionalmente en 1975 y la posterior Ley de Amnistía de 1977 hizo que cayera en el olvido durante décadas. Durante todos estos años, las familias, diversas instituciones y asociaciones de víctimas como COVITE han pedido sin éxito a la banda terrorista que aclare qué sucedió y dónde están los restos de los jóvenes. El dolor de las víctimas ha sido una constante, como recuerda el testimonio de Maite Pagaza sobre el sufrimiento que ETA ha infligido.
La última investigación: un caserío y un pacto de silencio
El comisario jubilado Enrique Pamies, que fue jefe superior de Policía del País Vasco, ha sido el último en intentar arrojar luz sobre el caso. Según ha contado en La Linterna, todo comenzó con la petición de una persona cercana a las víctimas para que reabriera el caso. Aunque le advirtió de que la amnistía y la prescripción impedían un recorrido judicial, Pamies aceptó realizar gestiones "a título personal" gracias a sus contactos. A través de un antiguo conocido, logró confirmar la versión del encontronazo en el bar y que uno de los etarras "mató de un golpe a uno de los tres". Al pensar que eran policías, y con uno de ellos ya fallecido, decidieron eliminar a los otros dos para no dejar cabos sueltos.
La investigación personal del comisario avanzó hasta un punto crítico. Su contacto le transmitió una información clave: "Hay una especie de caserío con terreno, y en ese terreno parece que es donde presuntamente podían haberlos enterrado". Sin embargo, la filtración de esta información a la prensa por parte de la persona que le pidió ayuda dinamitó la operación. Pamies tuvo que detenerlo todo para proteger a su fuente, y la posible ubicación de los cuerpos nunca pudo ser confirmada por la policía francesa. El relato de los hechos ha sido recogido en la novela "Una tumba en el aire" de Adolfo García Ortega, que detalla la crueldad de los asesinos.
Hay una especie de caserío, es donde presuntamente los enterraron"
Pamies ha confirmado la extrema violencia empleada. El sadismo de "Huesos" fue tal que "le sacó los ojos a uno" y sometió a los otros a torturas hasta su muerte. La decisión final, según el comisario, contó con el beneplácito de la cúpula de ETA de la época, en la que se encontraban nombres como Telesforo Monzón, "Txikia" o "Peixoto". Ellos ordenaron el asesinato y posterior ocultamiento de los cuerpos, sellando un pacto de silencio que dura hasta hoy. Un reflejo del largo historial de la banda, que ha llevado a figuras como Jaime Mayor Oreja a afirmar que "ETA va a gobernar el País Vasco y Navarra".

En la foto, (izq a dcha): Santiago Brouard (Pdete de Masi), Francisco Letamendía, Telesforo Monzón y Jokin Gorostidi. El sexto Txomin Ziluaga y Jon Idígoras
Este crimen guarda similitudes con otro ocurrido poco después, cuando dos inspectores de policía de San Sebastián desaparecieron en Francia. En ese caso, la teoría principal es que fueron engañados para cruzar la frontera. Tiempo después, unos jóvenes encontraron sus restos en un búnker de la Segunda Guerra Mundial. Los cuerpos mostraban signos de torturas similares: les habían sacado los ojos y arrancado las uñas, evidenciando de nuevo la brutalidad de la banda terrorista, algunos de cuyos miembros más sanguinarios, como la exjefa de ETA Soledad Iparraguirre, alias 'Anboto', han visto reducidas sus condenas.
Este texto ha sido elaborado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.



