Ana Velasco, historiadora: "Gimnasia se debería escribir con jota"
La experta en Historia del Arte desvela la fascinante historia de Francisco Aguilera, el noble español que fundó el primer gimnasio moderno y fue el entrenador personal de la familia real

Curiosidades de la historia: gimnasios en España
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La introducción del gimnasio moderno y la educación física en España no fue obra de un deportista al uso, sino de un noble que soñaba con ser torero: Francisco Aguilera y Becerril, el conde de Villalobos. Su historia, rescatada en el programa 'Herrera en COPE' por la historiadora Ana Velasco, revela cómo su empeño personal en el siglo XIX sentó las bases de una disciplina hoy fundamental. Fue él quien propuso que la palabra gimnasia se escribiera con jota, como recoge en su libro de 1842 'Ojeada sobre la gimnasia', rompiendo con la denominación de 'gimnástica' que se usaba hasta entonces.
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El padre de la gimnasia en España | Curiosidades de la Historia
Un visionario del deporte
El primer gimnasio español abrió sus puertas en Madrid en 1841 de la mano de Aguilera. Lejos de ser un lugar anticuado, la experta lo describe como un centro "supermoderno". Contaba con máquinas de su propia invención, servicios de fisioterapia y la figura de un entrenador personal para los socios, que pagaban una cuota. La modernidad del proyecto incluía el acceso para hombres y mujeres, e incluso una idea de becar a personas sin recursos, aunque esta última iniciativa no llegó a materializarse.
El primer gimnasio español era súper moderno"
Historiadora
Su ambición no se detuvo ahí. En 1844, Paco Aguilera, como era conocido, propuso al Gobierno la creación de un gimnasio normal para formar a profesores, aunque la iniciativa no prosperó. Más tarde, como concejal del ayuntamiento de Madrid (1850-1865), promovió la creación de gimnasios municipales y diseñó hasta 33 aparatos gimnásticos distintos, logrando establecer un primer prototipo de gimnasio municipal entre 1858 y 1859.
Entrenador de la realeza
El punto de inflexión en su carrera llegó en 1863, cuando la reina Isabel II le encomendó la educación física de sus hijos, la infanta Isabel, ‘La Chata’, y el futuro rey Alfonso XII. Este hecho fue clave, ya que, como apunta Velasco, la posterior promoción del deporte por parte de Alfonso XII y Alfonso XIII tiene probablemente su origen en estas enseñanzas. Aguilera, que se llamaba a sí mismo "gimnarca", montó tres grandes gimnasios reales en el Casón del Buen Retiro, Aranjuez y La Granja de San Ildefonso.
El Conde de Villalobos fue el responsable de la educación física de príncipes"
Historiadora
Aguilera defendía que el ejercicio era fundamental "para el desarrollo del país, tanto para la parte militar como en general para tener una nación de hombres y mujeres fuertes, sanos y en buena forma". Su trabajo con los príncipes consolidó su visión sobre la importancia de la actividad física para fomentar una buena postura y el desarrollo de las capacidades motoras.
Del toreo al funambulismo
Lo más sorprendente de su biografía es que la pasión de Aguilera por el deporte nació de una frustración. Según ha relatado Ana Velasco, "él quería ser torero, pero era hijo de marqués y, si eres hijo de marqués en el siglo XIX, no puedes ser torero". Ante la prohibición familiar, se rebeló y decidió hacerse funambulista, una disciplina que en aquella época estaba ligada al mundo del circo.
Fue en Francia donde profundizó en la disciplina. Allí conoció a célebres funambulistas como Auriol y el payaso español Medrano, además de a Francisco Amorós, un pedagogo y militar español exiliado que había creado el primer sistema de educación física. Aguilera importaría ese método a España, adaptándolo con sus propias innovaciones. Sin embargo, su proyecto se truncó con la Revolución de 1868 y el destronamiento de Isabel II, lo que dejó sus esfuerzos "un poco congelados", aunque su legado perdura en el vocabulario deportivo actual.
Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.



