Marian Rojas, psiquiatra: "Hay que diferenciar entre pensar mucho y pensar demasiado; pensar mucho no es el problema, sino no poder parar cuando quieres. Pensar aceleradamente desgasta"
La psiquiatra Marian Rojas explica en 'Fin de Semana' por qué sentimos que nuestra cabeza no para y ofrece consejos prácticos para recuperar el control de los pensamientos

La psiquiatra Marian Rojas
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La sensación de tener una mente que va a mil por hora, con pensamientos que se encadenan uno tras otro sin descanso, es una experiencia cada vez más común en la sociedad actual. Este fenómeno, conocido como síndrome del pensamiento acelerado, ha sido el tema central de 'El diván de Marian Rojas'. La reconocida psiquiatra Marian Rojas ha arrojado luz sobre por qué ocurre y cómo podemos gestionarlo.
Aunque no es un diagnóstico médico oficial, se trata de una experiencia real que describe un estado mental en el que la mente produce ideas de forma constante y es difícil de detener. Rojas lo diferencia claramente: “No es pensar mucho, ojo, es dificultad para apagar la mente”. Se trata de una sensación de urgencia constante y una incapacidad para encontrar el silencio mental, incluso cuando el cuerpo pide descanso.
Síntomas a nivel mental, emocional y físico
A nivel mental, este síndrome se manifiesta con una rumiación constante, la tendencia a anticipar problemas que aún no han ocurrido y una notable dificultad para concentrarse, saltando de una idea a otra sin profundizar en ninguna. La gente a menudo expresa en consulta frases como “mi cabeza no para”, subraya la especialista, describiendo una actividad mental incesante que persiste “incluso por la noche”.
Esta saturación mental deriva en consecuencias emocionales como la irritabilidad, la frustración o la culpa por no ser capaz de parar y disfrutar del presente. A nivel físico, el cuerpo también se resiente, provocando cansancio, tensión muscular, problemas para dormir o dolores de cabeza. Rojas menciona cómo algunos pacientes llegan a describir una sensación de tener la “cabeza caliente”, como un anhelo de encontrar un botón de apagado.

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¿Por qué nos ocurre esto ahora?
Según la psiquiatra, no hay una única causa, sino una combinación de factores. El estilo de vida acelerado y una cultura que premia la productividad constante son el caldo de cultivo perfecto. A esto se suma una hiperresponsabilidad autoimpuesta en todos los ámbitos de la vida: “Te tienes que cuidar, tienes que hacer deporte, tienes que comer adecuadamente”, ejemplificaba López Schlichting.
Otro factor determinante es la sobresaturación de información a la que estamos expuestos, especialmente a través de las redes sociales. La avalancha de consejos sobre cómo mejorar cada aspecto de nuestra vida es inasumible. “Es imposible asimilarlo todo”, afirma Rojas, lo que inevitablemente conduce a un colapso mental.
Pensar mucho es una capacidad, pensar aceleradamente es un desgaste"
Psiquiatra
Estrategias para recuperar el control mental
Para afrontar este desgaste, es fundamental diferenciar conceptos. “El pensamiento sano es flexible, el pensamiento acelerado es rígido, automático y agotador”, explica la autora de 'Recupera tu mente, reconquista tu vida'. Además, insiste en que “pensar mucho es una capacidad, pensar aceleradamente es un desgaste”. Intentar silenciar la mente a la fuerza es contraproducente y puede empeorar la situación.

Una mujer en una sesión de terapia psicológica
Entre las estrategias útiles, la psiquiatra recomienda empezar por “bajar el ritmo corporal”, por ejemplo, caminando despacio y sin distracciones. También destaca la eficacia de la respiración consciente, ya que “es capaz de calmar la amígdala”, el centro cerebral de la ansiedad. Otra herramienta práctica es escribir los pensamientos y tareas pendientes en una libreta para liberar a la mente de la carga de tener que recordarlo todo constantemente.
A la media hora de ir caminando por el monte es como si se calla, como si te bajara el volumen"
Psiquiatra
Reducir la exposición a estímulos es clave. Esto implica limitar el uso de pantallas, evitar la multitarea y desconectar de dispositivos como los relojes inteligentes que nos bombardean con notificaciones. En su lugar, Rojas anima a practicar la presencia plena en actividades cotidianas, como comer prestando atención al acto en sí, sin estar frente a un ordenador.
Finalmente, es crucial introducir momentos de silencio y calma a lo largo del día. Actividades como pasear por la naturaleza, contemplar, meditar, rezar o simplemente leer un libro durante diez minutos ayudan a reeducar al cerebro. Rojas comparte su propia experiencia: “A la media hora de ir caminando por el monte es como si se calla, como si te bajara el volumen”. Aunque al principio las ideas se agolpen, la constancia en estas prácticas permite reducir el ruido mental y recuperar la calma.
Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.




