José Ángel Cuadrado, experto en tecnología: "El siguiente paso de las conexiones a Internet va a ser colocar centros de datos en la cara oculta de la Luna"
La Luna se perfila como la próxima frontera para la seguridad digital, un búnker natural para almacenar los datos más críticos de la humanidad lejos de cualquier amenaza

Cristina López Schlichting conoce con el experto en tecnología y director de Lo que viene, José Ángel Cuadrado, el proyecto para instalar centros de datos en la Luna
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El futuro de Internet podría estar a 384.400 kilómetros de distancia. Así lo ha explicado el experto en tecnología y coordinador digital de COPE, José Ángel Cuadrado, en el programa Fin de Semana con Cristina López Schlichting, donde ha desgranado un proyecto revolucionario que busca transformar nuestro satélite en el mayor centro de datos conocido. "El siguiente paso de las conexiones a Internet va a ser colocar centros de datos en la cara oculta de la Luna", ha afirmado Cuadrado, una idea que podría cambiar para siempre cómo almacenamos y protegemos la información más valiosa del mundo.
La Luna: un búnker natural y refrigerado
Uno de los mayores desafíos de los centros de datos en la Tierra es el calor que generan, llegando a consumir hasta un 40% de su energía solo en refrigeración. La Luna ofrece una solución drástica a este problema, ya que es, en palabras de Cuadrado, "un congelador natural". Durante la noche lunar, las temperaturas en la cara oculta pueden desplomarse por debajo de los 170 grados bajo cero, un frío extremo ideal para enfriar servidores sin apenas coste energético.
Para superar la fragilidad de los materiales a temperaturas tan bajas, el plan no es construir en la superficie, sino en el interior de los tubos de lava lunares. Estas cuevas volcánicas milenarias ofrecen una temperatura estable, protección contra la radiación espacial y un escudo frente a micrometeoritos, funcionando como un "búnker natural y además refrigerado". La energía provendría de paneles solares que, sin una atmósfera que la filtre, recibirían radiación de forma mucho más directa, ofreciendo una fuente de energía "casi ilimitada" que requeriría potentes baterías para las largas noches lunares.

El cohete tripulado Artemis II despegando desde el Centro Espacial Kennedy en Merritt Island, Florida.
Más lejos, más seguro
El proyecto está liderado por Christopher Stot, un emprendedor de la industria satelital al nivel de figuras como Elon Musk, a través de su empresa Lonestar Data Holdings. Stot, que ha atendido en exclusiva a "Fin de Semana", lo tiene claro: "La Luna es un lugar excepcional para almacenar datos. Si no existiera, tendríamos que construirla". Su ambición es convertir el satélite en una copia de seguridad de la Tierra, capaz de preservar datos críticos ante cualquier catástrofe.
Para nosotros, la latencia es positiva, más latencia significa más seguridad"
Contrario a la búsqueda de la inmediatez en la Tierra, en este proyecto la distancia es una ventaja. Un dato tarda apenas tres segundos en viajar a la Luna y volver, un tiempo insignificante para el almacenamiento pero que, sin embargo, "dificulta ataques en tiempo real". Como ha explicado el propio Stot, para ellos "la latencia es positiva, más latencia significa más seguridad", una filosofía que convierte la Luna en una auténtica caja fuerte digital.

Adolescente usando el móvil
De la hipótesis a la realidad
Esta iniciativa ha superado ya la fase teórica. Lonestar ya ha colocado un prototipo de 8 terabytes en la superficie lunar, validando con éxito tanto el hardware como el software en condiciones reales. Este hito se apoya en los datos recogidos por misiones como Artemis II, que son fundamentales para entender el entorno y garantizar la viabilidad de futuras instalaciones.
El siguiente paso es el lanzamiento del primer centro de datos comercial en órbita terrestre este mismo año, utilizando cohetes de SpaceX. La idea de que en unos años nuestros correos o fotos personales puedan estar guardados en el satélite, que hoy suena a ciencia ficción, está cada vez más cerca de convertirse en una realidad tangible.
Aunque la inversión necesaria es multimillonaria, gobiernos y gigantes tecnológicos ya han mostrado su interés. En una era donde los datos "valen oro" y su volumen no para de crecer, tenerlos protegidos en un búnker lunar no solo es una garantía de seguridad, sino también un negocio de proporciones astronómicas.
Este texto ha sido elaborado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.



