José Abellán, cardiólogo: "Hacer ejercicio reduce la inflamación crónica y eso crea un entorno mucho menos favorable para que el cáncer se desarrolle"
La actividad física regular no solo previene la aparición de tumores, sino que mejora el pronóstico y la eficacia de los tratamientos oncológicos

@doctorabellan
Madrid - Publicado el - Actualizado
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Aunque para muchas personas es un dato desconocido, el ejercicio físico se ha consolidado como un arma potente tanto en la prevención del cáncer como en su tratamiento. Los estudios demuestran que las personas que mantienen una rutina de ejercicio regular no solo tienen menos riesgo de desarrollar la enfermedad, sino que, en caso de que aparezca, suelen presentar un mejor pronóstico. La clave de este potente efecto parece residir en los músculos.
Un sistema inmunitario más fuerte
Cuando los músculos se trabajan y fortalecen, actúan como una fábrica de salud. Una musculatura sana libera en el torrente sanguíneo sustancias como la interleucina 7, que tiene un papel fundamental en la mejora de la función de los linfocitos y las células NK (Natural Killers). Estos componentes son vitales en el sistema inmunitario, ya que se encargan de identificar y destruir las células tumorales.
Además, durante la práctica de ejercicio, la musculatura libera unas proteínas llamadas mioquinas, que contribuyen a disminuir la inflamación crónica en el cuerpo. Este entorno menos inflamatorio es menos propicio para el desarrollo y la proliferación del cáncer, lo que confirma que, como señalan los expertos, “el ejercicio físico te protege frente al cáncer”.
El ejercicio físico te protege frente al cáncer"
Músculos: reservas de energía y aliados del tratamiento
Los músculos no solo defienden, sino que también actúan como un grandísimo almacén de energía. Funcionan como baterías que proporcionan al cuerpo la resistencia y el aguante necesarios para hacer frente a tratamientos oncológicos agresivos, como pueden ser una cirugía, la quimioterapia o la radioterapia. Esta reserva de fuerza es un factor diferencial en la recuperación y la tolerancia a los efectos secundarios.

Por otro lado, el ejercicio regular es una herramienta eficaz para protegerse frente a patologías como la obesidad, la hipertensión y la diabetes, condiciones que están directamente relacionadas con un mayor riesgo de desarrollar diferentes tipos de cáncer. Mantener un estilo de vida activo impacta, por tanto, en múltiples frentes de la salud.
La mejora de la vasculatura corporal es otro de los grandes beneficios. Al hacer ejercicio, las arterias mejoran su función, incluidas las que irrigan al propio tumor. Aunque pueda parecer contradictorio, esto tiene una ventaja crucial, ya que “mejora la penetración hasta del tumor el efecto de fármacos como la quimioterapia”. Al mismo tiempo, el resto de órganos y tejidos sanos reciben un mejor flujo sanguíneo, lo que promueve la supervivencia y el bienestar general del paciente.
Mejora la penetración hasta del tumor el efecto de fármacos como la quimioterapia"
La investigación, un pilar fundamental
Todo este conocimiento no es fruto de la casualidad, sino del trabajo de investigadores que dedican su vida a estudiar la relación entre el estilo de vida y el cáncer. Entidades como la Asociación Española Contra el Cáncer son conscientes del potencial de estos hallazgos y de que, sin ciencia, es imposible avanzar.

Por este motivo, la asociación acaba de lanzar la convocatoria más grande hasta la fecha de ayudas a la investigación contra el cáncer. Esta iniciativa subraya la importancia de seguir explorando vías como la del ejercicio físico para poder entender y vencer al cáncer en el futuro, ofreciendo nuevas esperanzas y estrategias a los pacientes.
Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.



