El polvo del que estamos hechos es precioso
Escucha la Firma de José Luis Restán del miércoles 18 de febrero

Escucha la Firma de José Luis Restán del miércoles 18 de febrero
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Hoy es Miércoles de Ceniza. Para muchos, quizás, es sólo una exótica evocación de costumbres ancestrales. Para los cristianos, en cambio, es el inicio de un camino marcado por la conciencia de la seriedad de la vida. En la vida se juegan el bien y el mal, el cumplimiento o el fracaso, el sacrificio y la lucha, la esperanza, el amor y el dolor. No es cosa de broma. Y al final de la vida aquí en la tierra, bien lo sabemos, está la muerte. Eso también es serio. “Acuérdate de que eres polvo y al polvo volverás", nos dice el sacerdote al imponernos la ceniza en este día, y con ello nos remite a las palabras del Génesis. No hay ningún regusto morboso o intimidatorio en este gesto, sino una invitación al realismo y a la sabiduría. Pero, más aún, en el conjunto de la liturgia de este día, se subraya que, a los ojos de Dios, este polvo del que estamos hechos es precioso, porque Dios lo ha tomado para crear al hombre destinándolo a la inmortalidad. También Jesús, el Señor, quiso compartir libremente la fragilidad de este polvo que parece deshacerse entre las manos. El gesto de la imposición de la ceniza es sobre todo una invitación a recorrer el tiempo de la Cuaresma mirando a Cristo en su muerte y resurrección. Con la oración, que no es evasión sino conciencia de la relación con Dios que nos constituye; con el ayuno, que implica recordar qué nos puede satisfacer realmente, y así ser verdaderamente libres; con el ejercicio de la caridad, para descubrir que la vida solo crece cuando se entrega.
En su mensaje para esta Cuaresma, el Papa León nos ha pedido tener el oído atento a la Palabra de Dios y al grito de los necesitados; practicar “un ayuno que alcance también a la lengua, para que disminuyan las palabras que hieren y crezca el espacio para la voz de los demás”; y vivir este tiempo juntos, en comunidad, alimentándonos de la Palabra y de la Eucaristía, practicando la acogida y la escucha, haciéndonos más diligentes para edificar la civilización del amor. Sí, la vida es algo serio y bello, con una promesa de felicidad que atraviesa el polvo del que estamos hechos.



