

"La normalidad no depende de que los trenes vuelvan a circular, sino de que las respuestas lleguen y de que exista la certeza de que no volverá a repetirse"
La comunicadora de 'La Tarde' hace balance de lo ocurrido en Adamuz después de restablecerse cierta normalidad en las vías, después de un mes
- 2 min lectura | 2:57 min escucha
Hoy se cumple justo un mes del accidente ferroviario en Adamuz. Un mes desde que la rutina se rompió en cuestión de segundos. ¿Qué quiere decir esto? Que necesitamos la colaboración de todos. Los que tengan asiento, por favor, permanecer sentados. Las personas que estén de pie y quieran buscar un asiento, avanzar a los primeros coches del tren. Lo que debía ser un trayecto más se convirtió en una tragedia que dejó 46 víctimas mortales.
Otras 116 personas resultaron heridas, de las cuales siete todavía siguen ingresadas en varios hospitales andaluces. Ayer se abrió de nuevo la línea ferroviaria entre Madrid y Andalucía y Sevilla. Concretamente, los trenes circulan de nuevo, aunque lo hacen con limitaciones y bajo una vigilancia técnica más estricta. El servicio se ha restablecido, pero la confianza tarda más en repararse que el propio acero. Y mientras la investigación sigue su curso centrada en la infraestructura, en esa fractura, en el carril, en la soldadura, un fallo que estaba presente antes del accidente.
De las cajas negras se filtraron estos audios, pero todavía se espera su análisis completo. Los datos de los últimos momentos del tren, la velocidad, los sistemas de seguridad, las decisiones registradas en tiempo real, esos registros pueden confirmar si hubo un fallo técnico, un problema estructural o una cadena de factores que coincidieron en el peor momento.
Pero más allá de los informes, de las pruebas y de los procedimientos judiciales, hay una realidad que no se puede medir en documentos. Es la realidad de las víctimas y de sus familias, que llevan un mes conviviendo con el dolor, con la ausencia y con la necesidad de respuestas. Muchas de las víctimas han decidido organizarse, dar un paso adelante y unirse para exigir que se esclarezcan los hechos y si fuera necesario responsabilidades, porque saben que el tiempo no debe convertirse en un aliado del olvido. Sobre el terreno, el lugar del accidente ha recuperado su apariencia habitual. A simple vista es solamente un tramo más de la vía, un punto por el que los trenes pasan sin detenerse. Pero para quienes conocen lo ocurrido es también un lugar cargado de significado, un lugar donde el antes y el después quedaron marcados para siempre.
Adamuz intenta volver a la normalidad con como lo hacen siempre los lugares después de una tragedia, poco a poco y en silencio. Pero la normalidad completa no depende solo de que los trenes vuelvan a circular, sino de que las respuestas lleguen, de que se entienda qué ocurrió y de que exista la certeza de que algo así no volverá a repetirse.



