
Madrid - Publicado el - Actualizado
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La foto que me ha llamado la atención la he visto hoy en la página de Nathional Geograpic. A veces me paseo por eso sitio para ver cosas bonitas, animales, paisajes, ciudades. todo bonito, todo real. Y he encontrado el retrato de un pavo real. Es un príncipe indio en todo su esplendor. Le han retratado de frente, tiene el cuelo de un azul limpio y deslumbrante, le han pintado el cuello con el que se pintó el cielo el día de la creación. Con ese azul que sobró del primer día se decoraron algunos mosaicos, el alma y los ojos de los niños, la nostalgia de algunas almas y el cuello y las plumas de los pavos reales. Azul del primer día y del último. Azul rotundo, risueño. El cuello del pavo ya digo entre acero y bahía. Los ojos muy negros, la mirada fija y algo de verde eléctrico junto al pico. Y detrás, la gloria de su cola, fiesta de verdes suavísimos, verdes pino, amarillos inocentes, turquesas imperiales, y más azules del paraíso. El pavo acaba de desplegar su cola en un giro de viento y el tiempo se ha acabado, el tiempo se ha consumido, y la gloria, el triunfo, el destino del ir y venir de los hombres por los caminos durante milenios, sus fatigosos viajes, los naufragios, las madres trayendo al mundo hijos con la esperanza, siempre la esperanza, de que su vida sería mejor, todo eso, toda la gloria que había oculta en ese ir y venir, en los afanes, en los deseos, todo los gemidos de los moribundos, todos los dolores han desplegado la gloria que tenían escondida dentro. Así será el final como el abrirse de la cola de un pavo real, cuando se desplieguen todos los colores que han llevado y llevan las cosas dentro.



