Ainhoa, psicóloga experta en dependencia emocional: "Ver la ubicación de otro cuando se necesita actúa como un estímulo tranquilizador y se genera un círculo de dependencia"

Más de la mitad de los jóvenes entre 16 y 25 años comparten su localización con amigos como nueva forma de cuidado, prueba de amistad y presencia silenciosa

Una joven espera el metro mirando su móvil en Madrid
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Escucha a Mar Amate habla sobre la 'Generación Zeta y la moda de compartir ubicación'

Paola Albaladejo

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2 min lectura13:16 min escucha

Compartir la ubicación en tiempo real se ha convertido en una práctica normalizada entre los jóvenes de la Generación Z. Este fenómeno, analizado en el programa 'Herrera en COPE' por Alberto Herrera y Mar Amate, revela que más de la mitad de los jóvenes de entre 16 y 25 años muestra su localización a al menos un amigo, y un 30% lo hace con sus grupos de chat. 

La tendencia, recogida por medios como The Guardian The New York Times, apunta a que esta práctica se reserva para el círculo de confianza más cercano: los amigos, por encima de padres o parejas.

Una nueva ‘presencia silenciosa’

Este hábito ha dado lugar a lo que los expertos denominan 'presencia sin presión' ('presence without pressure'), una forma de conexión que no requiere una conversación activa. El simple punto en el mapa se convierte en un símbolo de compañía silenciosa y de 'intimidad de baja intensidad', un concepto sociológico que describe una cercanía que sostiene el vínculo sin exigir un intercambio constante. 

El sociólogo experto en comportamiento juvenil, Manuel Urraco, explica que la práctica se ha naturalizado como forma de no sentirse excluidos y se percibe como "una forma más sublime, más profunda de amistad".

Del ‘avísame cuando llegues’ al cuidado digital

La tradicional preocupación por la seguridad, resumida en la frase 'avísame cuando llegues', también ha evolucionado. Ahora, la geolocalización se emplea como una herramienta de cuidado. Según datos de 2023, más del 60% de los adolescentes la usaban para sentirse más tranquilos en sus desplazamientos. 

En España, el INJUVE detectó que un 40% de los jóvenes recurre a estas funciones para moverse con menos ansiedad. Una joven lo confirma: "Como mujer, muchas veces te quedas más tranquila si ves que tu amiga o tu hija ha llegado a casa y no ha pasado nada".

Los testimonios de los propios jóvenes revelan múltiples usos. Desde razones prácticas como localizarse en festivales concurridos, hasta motivos sociales como el miedo a quedarse fuera de un plan fomo. Una de las usuarias confiesa que, cuando se aburre, los mira como si fueran sus Sims para ver qué hacen. 

Otros destacan su utilidad para la seguridad al viajar solos o para saber si un amigo ha llegado bien a casa tras salir de fiesta.

Ansiedad, control y la pérdida de autenticidad

Sin embargo, esta conexión permanente tiene un lado oscuro. Empieza a hablarse de la 'ansiedad de revisar la ubicación' ('location checking anxiety'), donde la confianza depende de una comprobación externa. La psicóloga Ainhoa, especializada en dependencia emocional, advierte que la ubicación actúa como un "estímulo tranquilizador" a corto plazo que genera un círculo de dependencia: "Cuanto más miro, más necesito mirar".

Chicas mirando el móvil de noche

Pexels

Chicas mirando el móvil de noche

Este 'efecto mirada', la simple posibilidad de ser observado, modifica el comportamiento. Jorge Flores, director de la ONG Pantallas Amigas, señala que "cuando la vida es algo medible, controlable, por lo general, perdemos autenticidad y también espontaneidad". 

El riesgo, concluye, es empezar a 'vivir para contar' en lugar de disfrutar la experiencia. Ante este panorama, el verdadero reto para la intimidad será poner límites y elegir conscientemente quién y cuándo puede vernos.

Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.

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