"Los cristianos, cuando se picaban con los moriscos, encendían fogatas y echaban monigotes, esa es una de las teorías del origen de las Fallas de Valencia"
El autor Baltasar Bueno desvela en 'La Linterna' una de las hipótesis que sitúa el inicio de la fiesta valenciana en las disputas del siglo XVI

Expósito cuenta el origen e historia de las Fallas de Valencia
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Valencia vive estos días su fiesta grande, las Fallas. Durante el mes de marzo, la ciudad huele y suena a pólvora, música y tradición, y recibe a más de 1.000.000 de visitantes. Las Fallas fueron declaradas Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO en 2016, pero su origen, que se ha abordado en el programa de COPE 'La Linterna' con Expósito, sigue sin estar del todo claro y ha evolucionado desde la quema de trastos viejos. El sentimiento por esta fiesta es tal que incluso hay quien regresa desde miles de kilómetros para no perdérsela, tal y como le ha ocurrido a una periodista valenciana afincada en Miami.
Un origen entre rencillas y superstición
El escritor Baltasar Bueno, autor del libro "Las fallas de Valencia" (Ed. Almuzara), sostiene que una de las teorías más plausibles se remonta al siglo XVI. Según ha relatado en antena, el origen podría estar en las disputas entre comunidades: "Los cristianos, cuando se picaban con los moriscos, encendían fogatas y echaban monigotes a esas fogatas".
Los cristianos, cuando se picaban con los moriscos, encendían fogatas y echaban monigotes a esas fogatas"

Miles de falleras acuden a terminar el gigantesco manto floral de la Virgen en la segunda jornada de la Ofrenda las Fallas de València
A esta hipótesis se suma otra de la misma época, vinculada al campo y la superstición. Bueno explica que "los labradores colocaban espantapájaros para espantar el mal de ojo de lo que plantaban". Ambas teorías reflejan el carácter festivo de los valencianos, una sociedad que, curiosamente, no desarrolló los carnavales, pero sí las Fallas.
De hecho, resulta llamativo que en una sociedad tan identificada con las celebraciones, donde desde el siglo XIII hasta el XVIII uno de cada tres días era de precepto, la Cuaresma entrara en conflicto con el origen secreto de las Fallas.
La evolución a monumentos de arte
Para llegar a los impresionantes monumentos que hoy adornan las calles de Valencia, la fiesta ha vivido una larga transformación. Aquellos montones de madera iniciales se convirtieron progresivamente en figuras de cartón cargadas de sátira y arte: los ninots.
Baltasar Bueno sitúa un punto de inflexión a finales del siglo XVIII y principios del XIX. "En 1800, en Valencia ya se plantan fallas con ninots. Las fallas, muy parecidas a lo que ahora son, aunque más pequeñas, ya tenemos a caballo de los finales del siglo XVIII y del principio del siglo XIX", ha afirmado el experto.
En 1800, en Valencia ya se plantan fallas con ninots"

La Fallera Mayor de Valencia, Carmen Prades, abraza a la Fallera Mayor Infantil, Marta Mercader, en presencia de la alcaldesa de Valencia, María José Catalá, durante la decimoctava mascletà de las Fallas 2026 en la plaza del Ayuntamiento de València, a cargo de Pirotecnia Caballer FX, de Moncada (Valencia)
El motor económico y cultural de Valencia
Hoy, las Fallas generan un impacto económico de más de 730 millones de euros en la ciudad, dando vida a negocios y oficios que, sin la fiesta, podrían desaparecer. Artistas falleros, pirotecnias y talleres de indumentaria son clave para Valencia, empleando a miles de personas y preservando parte de la historia, como la de la ilustradora que diseñará el manto de la Virgen en 2026.
El propio Bueno destaca la revitalización de oficios como la indumentaria tradicional: "Antes, en Valencia había solamente tres o cuatro indumentaristas, ahora hay como 200. Es importantísimo. Han rescatado del olvido piezas antiquísimas del vestido tradicional del valenciano y de la valenciana, y lo han puesto en valor".
Mañana, la fiesta culminará con la Cremà, el acto en el que el fuego purificador cerrará el ciclo quemando alrededor de 700 monumentos falleros. Este final es parte de una historia de tradición que convierte cada año a Valencia en un magnífico escenario de arte al aire libre, como bien relata Baltasar Bueno en su libro.
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