"Es como tener una caja fuerte con material genético que pueda salvar a la humanidad, en caso de que ocurra una catástrofe"

El futuro del olivo español ya descansa a buen recaudo en el Ártico para asegurar su supervivencia frente a una hipotética catástrofe mundial

Los investigadores Pablo Morello e Hristofor Miho junto a miembros del COI y de la FAO durante el viaje
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La Linterna

Expósito y Jorge Alcalde entrevistan a Pablo Morello, investigador de la Universidad de Córdoba

José Manuel Nieto

Publicado el

3 min lectura8:35 min escucha

Un sobre con semillas de olivo ha viajado más de 3.000 kilómetros desde Córdoba hasta el archipiélago noruego de Svalbard. Su destino es la Bóveda Global de Semillas, un búnker conocido como la "cámara del fin del mundo". Por primera vez, el olivo español deposita allí su tesoro genético, una iniciativa liderada por la Universidad de Córdoba para asegurar el futuro de una especie fundamental en nuestra cultura. Así lo ha explicado en 'La Linterna' de COPE el investigador de la UCO, Pablo Morello, protagonista de este hito que busca proteger la diversidad genética como estrategia de supervivencia agrícola. El futuro del olivo español descansa ya a buen recaudo en el Ártico.

Un seguro de vida agrícola mundial

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El investigador Pablo Morello, en una entrevista con Ángel Expósito y Jorge Alcalde, ha descrito la importancia de este depósito como un seguro de vida para el planeta. "Es como tener una caja fuerte con material genético que pueda salvar a la humanidad, en caso de que ocurra una catástrofe, poder recurrir a él y extraerlo", afirmó.

Es como tener una caja fuerte con material genético que pueda salvar a la humanidad, en caso de que ocurra una catástrofe"

Hasta ahora, el olivo no estaba representado en este banco mundial, algo que sorprendió a los propios investigadores del proyecto europeo Gen4Olive, liderado por Córdoba. La razón es que el olivo no se propaga por semilla, sino vegetativamente a través de esquejes. Sin embargo, el equipo le ha dado "un giro de tuerca" a esta lógica. El objetivo no es conservar las variedades actuales, sino el material genético valioso de sus semillas para que futuras generaciones de olivos puedan heredar sus buenas características agronómicas.

Noruega, Svalbard, Spitsbergen, Longyearbyen, el Banco Mundial de Semillas de Svalbard (banco de semillas del Banco Mundial de Semillas), una sala de almacenamiento de semillas mantenida artificialmente a -18 °C donde se han depositado casi 900.000 muestras, procedentes de 200 países de origen y 73 institutos depositarios.

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Noruega, Svalbard, Spitsbergen, Longyearbyen, el Banco Mundial de Semillas de Svalbard (banco de semillas del Banco Mundial de Semillas), una sala de almacenamiento de semillas mantenida artificialmente a -18 °C donde se han depositado casi 900.000 muestras, procedentes de 200 países de origen y 73 institutos depositarios.

La cámara del fin del mundo

La Bóveda Global de Semillas de Svalbard es una instalación única en el mundo. Está construida en una zona geográficamente estable y a prueba de erupciones volcánicas, terremotos y radiación solar. Como ha explicado Morello, su gran ventaja es el entorno: el suelo helado o permafrost se mantiene a -3 °C de forma natural. Aunque unos generadores mantienen las cámaras a -18 °C, si fallaran, las semillas seguirían conservadas en condiciones óptimas. Este búnker noruego guarda las semillas para recuperar la agricultura en caso de catástrofe.

El proceso de selección ha tenido en cuenta la importancia de las variedades a nivel mundial y sus características para la obtención de aceites y aceitunas de mesa. Este primer depósito, realizado por España, representa a variedades de olivo de todo el mundo y es fruto de la colaboración con el Consejo Oleícola Internacional, el CSIC y centros de investigación de países como Turquía, Grecia, Marruecos e Italia.

La guerra ha acabado totalmente con esta variedad, pero todavía se conserva a salvo allí"

Personas caminando hacia el Banco Mundial de Semillas por la noche en Longyearbyen, Svalbard.

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Personas caminando hacia el Banco Mundial de Semillas por la noche en Longyearbyen, Svalbard.

El valor de preservar la genética local

La utilidad de estos bancos de semillas es real y ya se ha demostrado. Morello ha recordado el caso de Siria, donde la guerra devastó los cultivos de la variedad de trigo de Alepo. Gracias a que estaba conservada en Svalbard, el país pudo solicitar su devolución para repoblar sus campos. "La guerra ha acabado totalmente con esta variedad, pero todavía se conserva a salvo allí", ha señalado el investigador.

No hace falta irse tan lejos para encontrar ejemplos. Un incendio en Tarifa el pasado verano puso en peligro una población de acebuches (olivos silvestres) muy adaptados a la zona. Investigadores de la Universidad de Granada tuvieron "la suerte de que todavía había frutos" y pudieron recoger las semillas para conservarlas. Este caso subraya la importancia de actuar para recuperar variedades autóctonas que, de otro modo, podrían desaparecer para siempre.

Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.

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