El futuro del olivo español ya descansa a buen recaudo en el Ártico

La Bóveda de Semillas de Svalbard acoge 25.000 semillas de variedades como la Picual o la Hojiblanca para asegurar la diversidad genética del olivar

Los investigadores Pablo Morello e Hristofor Miho junto a miembros del COI y de la FAO durante el viaje.POLITICA SOCIEDADUCO
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Semillas de olivos en el Ártico

Fran Durán

Córdoba - Publicado el - Actualizado

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La Bóveda Global de Semillas de Svalbard, en Noruega, ha recibido esta semana un tesoro agrícola español: semillas de 50 variedades de olivo procedentes del Banco de Germoplasma Mundial de la Universidad de Córdoba (UCO). A poco más de 1.000 kilómetros del Polo Norte, este búnker enterrado en la nieve funciona como un Arca de Noé vegetal, guardando una copia de seguridad de la biodiversidad agrícola mundial para garantizar su conservación frente a catástrofes naturales, conflictos o crisis globales.

Desde su inauguración en 2008, la colección de la bóveda ha crecido hasta alcanzar 1.300 millones de muestras de unas 7.000 especies vegetales. La incorporación del olivo ha sido posible gracias a una colaboración de la Universidad de Córdoba con el Consejo Oleícola Internacional (COI), la Universidad de Granada (UGR) y el Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria (INIA-CSIC). El objetivo es claro: salvaguardar la diversidad genética del olivo para las generaciones futuras.

Los investigadores de la UCO Pablo Morello e Hristofor Miho han viajado a Svalbard junto a los miembros del COI Jaime Lillo y Juan Antonio Polo para supervisar la entrega de 25.000 semillas. Estas han sido seleccionadas de entre las 700 variedades que alberga la colección de Córdoba e incluyen algunas tan conocidas como la Picual o la Hojiblanca, representativas de países de gran tradición olivarera como España, Portugal, Marruecos, Italia o Grecia. Además, se han depositado 2.000 semillas de cuatro poblaciones de acebuche recolectadas por la Universidad de Granada.

Un seguro frente a las nuevas amenazas

Esta iniciativa, iniciada por el consorcio del proyecto europeo H2020 GEN4OLIVE e impulsada por el COI y la FAO, refuerza la protección de esta especie emblemática. El depósito supone una garantía de supervivencia para el olivar frente a amenazas crecientes como el aumento de temperaturas, las precipitaciones extremas derivadas del cambio climático o la expansión de plagas y enfermedades asociadas.

Para Pablo Morello, investigador responsable del Banco de Germoplasma Mundial de Olivo de la UCO, la iniciativa es un motivo de orgullo. "Participar en una iniciativa tan simbólica como esta es todo un orgullo como investigador, supone un hito en la conservación de la especie y del cultivo del olivo, garantizando su supervivencia frente a riesgos ambientales, sociales y económicos que pudieran surgir en el futuro", ha explicado. Morello también ha expresado su deseo de que "esperemos que nunca suceda y que no tengamos que recurrir nunca a estas semillas".

Esperemos que nunca suceda y que no tengamos que recurrir nunca a estas semillas"

Pablo Morello

Investigador responsable del Banco de Germoplasma Mundial de Olivo de la UCO

El búnker que ya demostró su utilidad

Este banco internacional está concebido como una segunda oportunidad para cuando fallan los bancos de semillas nacionales. Este depósito de esperanza demostró su utilidad por primera vez en 2015, cuando el Centro Internacional de Investigación Agrícola en las Zonas Secas (Icarda) tuvo que retirar las semillas que había depositado. La causa fue la destrucción de su almacén de variedades en Alepo debido a la guerra en Siria, y gracias a la bóveda mundial se consiguió restaurar la biodiversidad agrícola perdida.

La bóveda de Svalbard, gestionada por el Centro Nórdico de Recursos Genéticos (NordGen), ofrece un almacenamiento seguro y a largo plazo. La instalación está diseñada para funcionar incluso si fallan sus sistemas eléctricos, ya que se apoya en el permafrost natural del Ártico. Además, cuenta con equipos frigoríficos adicionales para mantener las semillas a una temperatura constante de -18°C, condición óptima para su preservación.

Un minucioso proceso de conservación

Las condiciones de almacenamiento de Svalbard exigen que el material depositado sean semillas, un reto para el olivo, que habitualmente se propaga de manera vegetativa (por esquejes o estaquillas). Por ello, la selección ha sido crítica. Las aceitunas recolectadas en Córdoba se despulparon para extraer los huesos, que posteriormente se limpiaron y secaron al aire libre antes de ser clasificados y etiquetados.

Las muestras se enviaron al Centro de Recursos Fitogenéticos (CRF) del INIA-CSIC, donde se realizan ensayos de germinación para evaluar su viabilidad. Una parte de las muestras se conserva en recipientes herméticos a -18ºC, en las mismas condiciones que tendrán en Svalbard. Según ha explicado Pablo Morello, este paso es fundamental, ya que "uno de los requisitos del banco mundial de semillas es que se conserve una dúplica del mismo material en las instalaciones de quien realiza el depósito".

Esta copia de seguridad se custodia en el CRF, que gestiona los recursos fitogenéticos a nivel nacional. Es importante destacar que el depósito no transfiere la titularidad genética de las semillas; cada banco de germoplasma conserva la propiedad de su material. Este hito es, además, un ejemplo de cooperación internacional en favor de la conservación de un cultivo clave y de la seguridad alimentaria global.

Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.

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