Jesús: "Una Nochevieja, antes de las uvas, encendí la vitrocerámica sin darme cuenta de que mi madre había dejado encima la plancha de las gambas; prendí fuego a la cocina"
Un oyente narra cómo un intento de calentar dos gambones fríos en una plancha eléctrica sobre la vitrocerámica provocó el caos en plena cena familiar

Madrid - Publicado el - Actualizado
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El programa 'Herrera en COPE' ha recopilado varias historias singulares de Nochevieja contadas por sus oyentes. En la sección 'La Hora de los Fósforos', Alberto Herrera ha invitado a la audiencia a compartir sus experiencias más memorables de fin de año, lo que ha dado lugar a un mosaico de anécdotas que van desde cómicos contratiempos hasta momentos de alta tensión.
Un incendio pirata en la cocina
Entre todos los testimonios, ha destacado por su caótico desenlace el de Jesús, un oyente que ha rememorado una Nochevieja de su juventud, cuando tenía unos 12 años. La familia celebraba la fiesta por primera vez en casa de su madre y decidieron hacerlo con una temática peculiar: todos iban disfrazados de piratas.
Recuerdo una Nochevieja que fue especial, pero especialmente desastrosa, la verdad"
Oyente de Herrera en COPE
El origen del desastre fue una plancha eléctrica portátil que su madre había recibido por Navidad. Tras cocinar en ella, el aparato quedó apoyado sobre la vitrocerámica. Al ver que quedaban dos gambones fríos, al joven Jesús se le ocurrió la idea de calentarlos. "Decidí encender la vitro pensando que se calentaba de esa manera", ha explicado, lo que provocó que la plancha de plástico comenzara a derretirse y, finalmente, a prenderse fuego.
La escena que siguió fue de confusión. Su madre lo encontró intentando apagar las llamas con un trapo de cocina. La consecuencia fue fulminante: tras tomarse las uvas, fue castigado y enviado a su habitación. La angustia se prolongó a la mañana siguiente, cuando vio a su padre, funcionario de prisiones, durmiendo en el sofá. Creyendo que habían discutido por su culpa, suplicó para sus adentros. "Por favor, que mi padre no se despierte, porque la que me va a caer", ha confesado.

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Uvas, hospitales y el 'efecto 2000'
No todos los recuerdos han sido tan accidentados. Blanca ha compartido una Nochevieja mucho más alegre, aunque con un desenlace particular. Un chiste de su mejor amiga justo antes de las campanadas le provocó un ataque de risa tan fuerte que le impidió comerse las uvas. "Se me caían de la boca las uvas, de lo que me estaba riendo", ha comentado, demostrando que no seguir la tradición no siempre trae mala suerte, pues ha afirmado haber tenido "un buen año".
La tensión, sin embargo, sí estuvo presente en el relato de María José, de Almendralejo, quien vivió una Nochevieja en el hospital donde su padre se encontraba ingresado. Justo cuando se disponía a tomar las uvas, saltó la alarma de incendios del centro a las doce en punto, lo que requirió la intervención de bomberos y policía y convirtió la celebración en una emergencia.
Finalmente, Eugenia ha relatado su experiencia profesional durante el conocido como ‘efecto 2000’. Como trabajadora del sector sanitario, tuvo que pasar la noche en su oficina junto a otros compañeros como parte de un operativo preventivo. Su tarea fue vigilar que los sistemas informáticos de los hospitales no colapsaran con el cambio de milenio. "Allí nos tomamos las uvas, con más miedo que otra cosa", ha sentenciado sobre aquella noche de incertidumbre.
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