Testigos valientes en tiempos de silencio
La beatificación de los mártires españoles durante la Guerra civil nos recuerda que la fe exige valentía y coherencia. También hoy millones de personas viven sin poder vivir su fe con libertad, una herida que afecta a la dignidad humana. Mario Alcudia nos recuerda que ante esta realidad de tantos hermanos que sufren persecución por creer en Cristo, estamos llamados a rezar y defender la libertad para poder vivir sin miedo nuestra fe.

TESTIGOS VALIENTES EN TIEMPOS DE SILENCIO | LA FIRMA DE MARIO ALCUDIA
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El pasado fin de semana se celebraba en Jaén la beatificación de 124 sacerdotes, religiosos y laicos, víctimas de la Guerra Civil Española. Y esta semana hemos conocíamos la promulgación del decreto de martirio de nueve seminaristas; un sacerdote, y varios familiares. Todos ellos entregaron su vida por amor a Cristo in odium fidei. Estos mártires, muchos de ellos jóvenes, con sueños y proyectos, que se encontraron ante la decisión radical de renegar de su fe o mantenerse fieles a Cristo. Eligieron lo segundo, aun sabiendo que les costaría la vida. Hoy, casi un siglo después, su testimonio sigue interpelándonos.
Podemos pensar que aquello pertenece al pasado, a una época convulsa que nada tiene que ver con nuestro presente. Pero no es así. Informa tras informe, Ayuda a la Iglesia Necesitada nos recuerda una realidad estremecedora: más de cinco mil millones de personas viven sin libertad religiosa. Dos tercios de la humanidad no pueden rezar libremente, reunirse para celebrar su fe o decir creo sin miedo.
Los mártires de ayer y los perseguidos nos piden que nos quedemos en la comodidad de nuestras parroquias y celebraciones. Es tiempo de vivir nuestra fe con coherencia, sin miedo, sin tener que esconderla.
Nuestro mundo necesita testigos, no solo creyentes. Personas que hagan de su vida una luz en medio de la oscuridad. Los mártires nos enseñan que la fe no se defiende con gritos, ni con violencia, sino con entrega. Que el amor a Cristo no se negocia sino que se vive hasta el final.
Creer sin miedo es confiar en que Dios camina con nosotros, incluso cuando el camino se estrecha. Porque la fe no es debilidad, sino fuerza que nace del amor. Y si alguien nos enseña a creer sin miedo, son los mártires: los de ayer pero también los de hoy.



