La misericordia no cierra: 24 horas para reencontrarnos con Cristo
En plena Cuaresma, la Iglesia vuelve a ofrecernos la iniciativa 24 horas para el Señor este año con el lema “He venido para salvar al mundo”. Mario Alcudia reflexiona sobre este gesto que se ha convertido en uno de los momentos espirituales más significativos del tiempo cuaresmal. Un gesto sencillo de Misericordia que nos invita a detenernos, escuchar y reconciliarnos con el Señor

LA MISERICORDIA NO CIERRA: 24 HORAS PARA REENCONTRARNOS CON CRISTO | FIRMA MARIO ALCUDIA
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Estamos celebrando por décimo tercer año la iniciativa “24 horas para el Señor”, una propuesta del recordado Papa Francisco; una cita que, en plena Cuaresma, se convierte en una auténtica puerta hacia la misericordia, este año con el lema “He venido para salvar al mundo” elegido por el Papa León XIV, tomado de la carta de san Juan, que nos recuerda el corazón del Evangelio; es decir, Jesús no vino a condenarnos, sino a rescatarnos. No vino a examinarnos, sino a abrazarnos; tampoco a pedir cuentas, sino a ofrecernos vida. Y quizá, precisamente en medio del ritmo de vida que llevamos, necesitamos dejar que esta verdad nos toque de nuevo.
Vivimos apresurados, dispersos, llenos de urgencias que devoran nuestros días. La oración se nos escapa como arena entre los dedos y el silencio parece un bien escaso. Por eso, esta iniciativa que nos propone la Iglesia universal rompe nuestra inercia y nos detiene; 24 horas donde los templos se convierten en oasis abiertos para poder entrar, arrodillarnos y dejarnos mirar por Cristo.
Y es que, en el fondo, esta iniciativa como te decía nace del deseo de que nadie se quede sin experimentar la ternura del perdón.
Estas “24 horas para el Señor” son una lección silenciosa para todos: la Iglesia evangeliza cuando abre, cuando espera y acompaña. Evangeliza cuando ofrece tiempo y espacio para que Dios actúe. Se trata de una hermosa iniciativa cuaresmal de oración y reconciliación; veinticuatro horas para algunos de regreso, para otros de descubrimiento, y para todos la oportunidad de recordarnos que el Señor nos espera, no para juzgarnos, sino para salvarnos.



