

"El deporte de élite no promete finales felices, promete verdad. Y la verdad es que a veces se gana y a veces se cae. Pero incluso en la derrota más dura hay que reconocer a quién se atrevió a desafiar sus límites"
La comunicadora de 'La Tarde' analiza la caída de la esquiadora Lindsey Vonn en plena competición de los Juegos Olímpicos de Invierno
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¿Se arriesga demasiado un atleta cuando decide competir aún sabiendo que su cuerpo no está al 100%? La esquiadora estadounidense Lindsey Vonn, a los 41 años quiso estar en los Juegos Olímpicos de invierno que acaban de comenzar en Italia y quiso estar pese a tener la rodilla derecha reconstruida parcialmente con titanio y haber sufrido una rotura del ligamento cruzado en la rodilla izquierda hace poco, hacía solo 9 días en otra competición, pero Vonn dijo que mientras tuviera opciones ella lo iba a intentar.
De hecho, había descendido sin problemas en el entrenamiento del viernes, completando también el del sábado con el tercer mejor tiempo de la sesión. Buscaba su cuarta medalla olímpica y se plantó en la línea de salida del descenso más temido del mundo. 13 segundos. Eso fue todo. Segundos para que un roce con una simple bandera le condujera a una caída brutal que le provocó una fractura en la pierna y la evacuación en helicóptero.
Sus gritos de dolor nada más producirse en la caída van a marcar sin duda estos Juegos Olímpicos de invierno. Una figura legendaria del esquí con décadas de gloria a sus espaldas. 84 victorias en Copas del Mundo. Premio Princesa de Asturias de los En el año 2019 se plantó en la montaña con una lesión grave y con la decisión tan íntima como peligrosa de desafiarla en el momento más sagrado para cualquier deportista. Unos Juegos Olímpicos.
Y entonces llega la pregunta inevitable, ¿valía la pena? Es fácil responder desde fuera, desde la seguridad, desde el "no debía haber salido" y hay quien la tacha incluso de temeraria. Pero el deporte de élite no se entiende así. Se entiende desde dentro, desde esa necesidad de honrar un legado de cumplir un sueño y de intentarlo, aunque todo te diga que no es el momento. Lindsey no cayó por imprudente, cayó haciendo exactamente lo que la ha convertido en quién es, compitiendo, arriesgando, negándose a aceptar que la edad y las cicatrices dictan el último capítulo.
El deporte de élite no promete finales felices, promete verdad. Y la verdad es que a veces se gana y a veces se cae. Pero incluso en la derrota más dura hay que reconocer a quién se atrevió a desafiar sus límites, aunque el precio fuera demasiado alto.



