Atocha tras la tragedia: entre el miedo a viajar y la resignación: "Ojalá no me pase nada"

La estación madrileña refleja la inquietud y la incertidumbre de los viajeros después del accidente de Adamuz, con trenes al sur cancelados y largos retrasos

Dos personas en la estación de trenes Puerta de Atocha-Almudena Grandes, en Madrid

Europa Press

Dos personas en la estación de trenes Puerta de Atocha

Ignacio Juanilla Bernardo

Madrid - Publicado el

3 min lectura9:38 min escucha

Los paneles de llegadas de la estación de Atocha en Madrid son el reflejo del drama y el caos ferroviario. Varios trenes, como los AVE procedentes de Málaga-María Zambrano y Sevilla-Santa Justa, aparecen tachados con una palabra determinante: 'cancelado'. Es la consecuencia directa del accidente mortal de un tren Iryo en Adamuz (Córdoba) que costó la vida a 45 personas, y cuyo informe preliminar apunta a una rotura de la vía como causa principal. La noticia ha caído como una losa en la principal estación del país, que ahora vive en un estado de tensión contenida e incertidumbre.

La inseguridad se sube al tren

La preocupación es la emoción dominante entre muchos de los que esperan en los andenes. Una mujer, aguardando a un familiar que viene de Barcelona con dos horas de retraso, resume el sentir general: "más que inquietudes, es inseguridad". Este sentimiento se ha instalado en el imaginario de los viajeros, que ahora se enfrentan al dilema de subirse o no a la alta velocidad. Otra pasajera que realiza habitualmente el trayecto a Barcelona confiesa el pensamiento que tuvo justo antes de partir: "Ojalá no me pase nada".

Uno de los vagones del tren de Iryo que descarriló, a 20 de enero de 2026, en Adamuz, Córdoba, Andalucía (España)

Joaquin Corchero

Uno de los vagones del tren de Iryo que descarriló, a 20 de enero de 2026, en Adamuz, Córdoba, Andalucía (España)

Ojalá no me pase nada"


Usuaria del tren Barcelona-Madrid

Esta misma viajera, sin embargo, ha encontrado una extraña tranquilidad en el propio caos. El tren ha circulado a una velocidad muy inferior a la habitual, "pasando de ir a 300 a 170 km/h", lo que ha evitado los habituales temblores y le ha proporcionado una mayor sensación de seguridad. Para otros, como un usuario frecuente de la línea Barcelona-Madrid, la situación "produce inseguridad", sobre todo al conocerse que el accidente se debió a un fallo en la infraestructura y tras otros dos descarrilamientos en Cataluña. Pese a todo, concluye con resignación: "hay que pensar en positivo, porque si no, no nos moveríamos de casa".

Produce inseguridad, pero pienso que hemos de pensar en positivo"

Llamadas a la normalidad

Frente a la psicosis, también hay un numeroso grupo de viajeros que hace un llamamiento a la calma y a la normalidad. "No, la verdad que no", responde con rotundidad una joven al ser preguntada si ha sentido miedo durante su viaje en un tren de alta velocidad. "Hay que superar el miedo, por supuesto", añade otra con convicción. Esta corriente de opinión se apoya en la estadística y en la necesidad de no dejarse llevar por el pánico.

Una familia con un niño pequeño, a punto de embarcar, comparte esta visión más pragmática. Aunque conocen el informe sobre la rotura de la vía, no sienten una inquietud especial. "Espero que no haya razón para tener miedo", afirma uno de ellos, añadiendo que "mala suerte tendría que ser" con la cantidad de trenes que circulan a diario. Otra pasajera con destino a Barcelona asegura que no cambiará el tren por otro medio de transporte, ya que confía en que llegará a su destino sin problemas.

Una estación a medio gas

El impacto del accidente y las cancelaciones se siente en toda la estación. Un taxista de los que operan en la parada de llegadas confirma que se ha notado "mucho menos volumen de personas". El personal de la estación trabaja a contrarreloj para gestionar la situación, aunque con hermetismo. Un responsable de un punto de información apenas acierta a decir que "estamos reubicando" a los viajeros afectados. La situación ha llegado a tal punto que, según el empleado de una cafetería, la semana ha sido "muy movidilla", con gente que, debido a los retrasos, "dormían aquí" en la estación.

Así, Atocha se ha convertido en un microcosmos de las emociones que recorren el país. Un espacio donde conviven los que se suben al tren "con el gusanillo por dentro" y los que, paradójicamente, creen que justo después de un accidente es el momento más seguro para viajar. Un reflejo de la incertidumbre y la resiliencia de una sociedad que, a pesar del golpe, necesita seguir en movimiento.

Dos leoneses fallecidos en el accidente ferroviario de Adamuz


Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.

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