Mario Alonso Puig, médico: "El ser humano tiene un problema a la hora de aceptar la vulnerabilidad, lo que hay que hacer es no proyectar que fallamos en todo"
El prestigioso cirujano y conferenciante explica a Alberto Herrera que el problema reside en la dificultad para aceptar la propia vulnerabilidad y no permitirse fallar

Madrid - Publicado el - Actualizado
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El doctor Mario Alonso Puig ha explicado en el programa Herrera en COPE, en su sección semanal 'Reflexionando con Mario Alonso Puig', una de las razones más comunes por las que las personas abandonan sus metas y propósitos. A raíz de la carta de un oyente de 43 años, Juanma, quien se siente frustrado por no haber concretado nunca sus proyectos, el prestigioso cirujano y conferenciante ha profundizado junto a Alberto Herrera en los mecanismos mentales que nos llevan a la autocomplacencia y, posteriormente, al abandono.
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La diferencia entre el éxito y el fracaso | Reflexionando sobre Mario Alonso Puig
Según ha detallado el doctor, el simple hecho de verbalizar grandes planes o ideas de éxito produce un subidón bioquímico. Esta sensación de recompensa, mediada por la dopamina, la serotonina y la oxitocina, genera una falsa sensación de logro y autoestima que nos hace sentir bien a corto plazo. "Nos gusta mucho lo grandioso, nos gusta mucho el éxito repentino, nos gusta mucho comentar a los demás las cosas tan fantásticas que vamos a hacer", señala Puig. Sin embargo, este placer inicial choca con la realidad: "Lo que no es fácil de comprar es el camino hasta llegar al éxito".
El problema de la vulnerabilidad
Para Mario Alonso Puig, la raíz del problema se encuentra en la imagen idealizada que tenemos de nosotros mismos, un concepto que él relaciona con el yo ideal de Sigmund Freud. Esta visión de perfección choca frontalmente con la realidad de la condición humana. "Tenemos un problema a la hora de aceptar nuestra vulnerabilidad. Somos absolutamente reacios a reconocer nuestra vulnerabilidad", afirma el doctor. Cuando se produce un fallo, por pequeño que sea, esa imagen de perfección se rompe y tendemos a considerarlo un fracaso absoluto.
No voy a proyectar que, porque he fallado un día, también he fallado en todo"
Médico
La solución, según Puig, no pasa por castigarse, sino por modular la reacción ante el error. En lugar de "machacar, humillar o culpabilizar", la clave es aceptar el fallo sin generalizar. El doctor lo resume en una frase fundamental que debemos decirnos: "sobre todo, no voy a proyectar que por qué he fallado un día, he fallado en todo". Se trata de entender que un tropiezo no invalida todo el proceso ni define nuestra capacidad para alcanzar la meta.
El poder del lenguaje: no 'soy', sino 'tengo'
Otro aspecto crucial que ha destacado Mario Alonso Puig es el cuidado que se debe tener con el lenguaje, ya que este moldea nuestra percepción de la realidad. Critica la idea de que "las palabras se las lleva el viento", asegurando que "eso es mentira". Utilizar el verbo 'ser' para definir un comportamiento, como en la frase "yo no soy constante", convierte una conducta en un rasgo de identidad aparentemente inmutable. "Es como la diferencia entre decir, tengo un defecto y otra, soy defectuoso", explica.
El doctor insiste en que todos hemos demostrado constancia en nuestra vida, por ejemplo, al aprender a caminar. Por ello, en lugar de definirnos como 'no constantes', es más constructivo pensar que tenemos "cosas que mejorar de mi constancia". Este cambio lingüístico abre la puerta a la mejora y al desarrollo personal, al reconocer que poseemos la capacidad de evolucionar.
Visualizar el éxito: la clave de la motivación
Finalmente, Mario Alonso Puig ha ofrecido una herramienta poderosa para mantener la constancia: la visualización. Cuando una persona proyecta una imagen futura de cómo se quiere ver, el cerebro la vive en el presente, activando sentimientos y procesos biológicos que impulsan hacia ese objetivo. "Seamos o no conscientes de lo que proyectamos, nuestra vida tiende a ir orientada en base [a lo que] proyectamos", subraya. La clave es enfocarse en las ventajas y sensaciones positivas del resultado deseado, no en el sacrificio que requiere el camino.

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El ejemplo de la dieta es claro: en vez de lamentarse por tener que comer un huevo duro, la persona debe proyectar la imagen de un cuerpo más sano, ágil y con más alegría vital. Esa motivación profunda hace que el sacrificio cobre sentido y sea más llevadero. Con el tiempo, asegura Puig, la propia "inteligencia del cuerpo" hace que empiece a apetecer más la opción saludable, facilitando el mantenimiento del hábito a largo plazo.
Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.



