El fin del progreso cognitivo: ¿es la generación Z menos inteligente que sus padres?
La profesora Bianca Thoilliez analiza en ‘Herrera en COPE’ el posible estancamiento del cociente intelectual y cómo la tecnología está cambiando nuestro cerebro

Escucha el Laboratorio de Ideas de este 25 de febrero de 2026
Madrid - Publicado el
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El neurocientífico australiano Jared Kunny Jorbath ha lanzado una afirmación controvertida: la generación Z podría ser la primera en la historia con un nivel cognitivo inferior al de sus padres. Este debate sobre el progreso intelectual ha sido analizado en el ‘Laboratorio de ideas’ de ‘Herrera en COPE’, donde el periodista Jorge Bustos ha conversado con Bianca Thoilliez, profesora de Teoría de la Educación en la Universidad Autónoma de Madrid.
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El progreso cognitivo, por Bianca Thoilliez | Laboratorio de Ideas
Durante la mayor parte del siglo XX, se observó un fenómeno conocido como efecto Flynn, en honor al investigador James Flin. Este efecto describía cómo cada generación obtenía mejores resultados en las pruebas de inteligencia que la anterior. Sin embargo, Thoilliez señala que “ese efecto parece haberse detenido o, como mínimo, ha dejado de darse de forma consistente”.
Según la experta, los datos de muchos países occidentales muestran que las curvas de cociente intelectual se estancan desde mediados de los 2000 y, “en algunos casos, descienden”. Esto indica que el comportamiento de los datos ya no es el que venía siendo habitual.
La fiabilidad de los test de inteligencia
Una de las cuestiones clave es si las pruebas miden lo mismo a lo largo del tiempo. Un estudio reciente con datos noruegos reveló que las subidas y bajadas no siempre reflejan cambios en la inteligencia general. El gran aumento del siglo XX se centró en el razonamiento abstracto, mientras que el descenso reciente aparece concentrado en vocabulario y cálculo.

Alumnos preparando los exámenes en la librería de la Universidad de Huelva
Thoilliez introduce un concepto técnico de la psicometría: la “invarianza de medida”. Si un test no mide el mismo constructo de inteligencia en 1960 que en 2008, “comparar generaciones sería como usar una regla que se estira o se encoge”. Esto no niega los cambios, pero exige cautela antes de hablar de un declive cognitivo global.
La caída del ‘factor g’, la inteligencia general
Un estudio más reciente, publicado este mismo año, comparó muestras de 2005 y 2024 usando pruebas que garantizaban esa invarianza. La conclusión fue preocupante: aunque las puntuaciones en subpruebas concretas podían variar, el peso del “factor g”, que representa la inteligencia general que conecta todas las habilidades, había disminuido.
La experta explica lo que esto significa: “Las distintas capacidades, verbal, numérica, espacial, memorística, estarían hoy menos correlacionadas entre sí que hace 20 años”. En otras palabras, ser bueno en una habilidad ya no predice con tanta seguridad el rendimiento en otras. Los autores del estudio lo comparan con un atleta que deja de ser completo para especializarse en una sola disciplina.
Las distintas capacidades estarían hoy menos correlacionadas entre sí que hace 20 años"
Profesora de Teoría de la Educación en la Universidad Autónoma de Madrid.
El impacto de un entorno ‘facilitador’
El cerebro humano no evoluciona en 20 años, pero sí se “entrena” y es muy sensible a su entorno. Si en el siglo XX el entorno empujaba hacia la lectura, el cálculo y la memorización, el de hoy es muy distinto. “Vivimos rodeados de herramientas que nos permiten liberarnos de funciones y tareas cognitivas”, afirma Thoilliez.
Herramientas como el GPS, la agenda de Google o el corrector automático nos ahorran tiempo y energía, pero tienen una contraparte. Según la profesora, esto “reduce nuestra práctica cotidiana de ciertas habilidades cognitivas”, entrenamientos que antes se ejercitaban de forma inconsciente. Es la idea que comparte Jorge Bustos: “estamos delegando nuestras habilidades en un teléfono”.

Jóvenes con móviles
Thoilliez traza un paralelismo con el esfuerzo físico. La tecnología nos liberó de tareas agotadoras y pasamos de luchar contra la escasez a luchar contra el exceso, como la obesidad y el sedentarismo, lo que dio lugar a los gimnasios. Con la inteligencia podría ocurrir algo similar.
La conclusión de la experta es que, en un mundo que nos lo facilita todo mentalmente, la inteligencia dejará de desarrollarse sola. “Quizá no estemos condenados a ser más tontos, pero lo que antes nos venía dado por exigencias del entorno, ahora va a ser un poco responsabilidad nuestra y quizá responsabilidad social de cuidarlo y entrenarlo”.
Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.



