José Abellán, cardiólogo: "La cara oculta de las pulseras de actividad es que los pacientes, a la larga, se convierten en dependientes para sentirse seguros"
La obsesión por medir nuestros datos de salud puede generar una dependencia y ansiedad que los expertos recomiendan controlar para evitar riesgos mayores

Mar Amate reflexiona sobre la dependencia que, en ocasiones, pueden generar las pulseras digitales
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Los relojes inteligentes y las pulseras de actividad se han convertido en herramientas cotidianas para miles de personas que buscan monitorizar su salud. Sin embargo, esta creciente obsesión por los datos presenta una doble cara que ha sido analizada en el programa 'Herrera en COPE', donde Alberto Herrera y Mar Amate han reflexionado sobre la dependencia y ansiedad que pueden generar estos dispositivos.
La propia Mar Amate ha compartido su experiencia personal, calificando su reloj inteligente como "el peor regalo de mi vida". La comunicadora ha explicado cómo la constante monitorización, especialmente de la calidad del sueño, le ha llegado a descontrolar. "Mi día tiene mucho que ver con la gráfica que me muestra del sueño, y hay veces que la gráfica está equivocada", ha señalado, añadiendo que un mal puntaje por la mañana la predispone a sentir que "ya voy mal".
Por su parte, Alberto Herrera se ha confesado "hipocondríaco" y ha admitido que evita estos aparatos precisamente por el temor a obsesionarse. "Si yo, hipocondríaco, me pongo un reloj, me vuelvo loco", ha afirmado. Esta dualidad de opiniones refleja un problema creciente: la pérdida de la intuición sobre el propio cuerpo frente a la tiranía del dato.
El dato mide, pero no interpreta
Para aportar una visión experta, Antoni Baena, director del máster en Salud Digital de la UOC, ha explicado que, si bien los sensores son útiles, hay aspectos que no pueden cuantificar. "Hay muchos datos que nunca podrán medirse pasivamente, como el dolor, el malestar o las vivencias; necesitas explicarlo", ha detallado. Según Baena, la salud emocional y psicológica es demasiado compleja para ser capturada por un sensor.

Reloj inteligente en una imagen de archivo
Esta falta de interpretación es la que genera el conflicto. Cuando el dispositivo indica que se ha dormido mal, el usuario asume esa sensación como propia, incluso sin sentirse cansado, lo que condiciona su estado de ánimo. Se pierde la capacidad de escuchar al cuerpo, que durante siglos ha sido el principal indicador de nuestro estado sin necesidad de aplicaciones.
La cara oculta de la monitorización
A pesar de los riesgos, estos dispositivos tienen un lado positivo innegable. Existen datos documentados sobre su utilidad en la detección de arritmias o para monitorizar a personas mayores, lo que puede ser crucial para avisar de una alteración cardíaca y acudir a un centro de salud. La clave, según los expertos, no es elegir entre cuerpo y tecnología, sino definir el papel de cada uno.

Consulta médica
El cardiólogo José Abellán ha ofrecido una perspectiva médica muy clarificadora. Ha confirmado que las pulseras "nos sirven para detectar, diagnosticar, y también en pacientes que tienen ya un problema diagnosticado, nos vale mucho para ver si están bien controlados". Sin embargo, ha advertido sobre su "cara oculta": "Muchos pacientes se vuelven dependientes de tener esa monitorización continua para sentirse seguro, y eso no me parece tan saludable".
Muchos pacientes se vuelven dependientes de tener esa monitorización continua para sentirse seguro"
Cardiólogo
El doctor Abellán ha añadido que, aunque al principio recomienda estos dispositivos, "con el tiempo empiezo a recomendar no usarlos tanto porque viene la obsesión". Esta dependencia va acompañada de ansiedad, un fenómeno conocido como la "profecía autocumplida". El testimonio de una oyente llamada Ángeles lo ilustra a la perfección: compró un tensiómetro a raíz de un episodio de estrés y la obsesión por medirse la tensión le generaba más angustia. "Me generaba muchísima más angustia ver los resultados que realmente mi estado", ha confesado.
Desaprender para mejorar
La conversación ha derivado hacia la importancia de los hábitos. Mar Amate ha introducido una reflexión clave: "Es muchísimo más transformador para tu vida quitarte un hábito malo que empezar un hábito nuevo". Alberto Herrera ha coincidido, subrayando que a veces la clave no es aprender, sino "desaprender", un proceso que considera "mucho más complicado" pero que genera una transformación "más profunda".
Finalmente, se ha destacado la importancia de empezar con objetivos pequeños y realistas. Se ha puesto como ejemplo el caso de Ibai Llanos, quien comenzó su cambio físico simplemente andando, o el del propio Herrera, que ha logrado hacer cuatro minutos de plancha diarios empezando con solo 30 segundos. La conclusión es clara: para lograr una transformación real y satisfactoria, es mejor avanzar poco a poco y sin prisa.
Este texto ha sido elaborado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.




