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Así describe Luis del Val "la prepotencia y el insulto" de los independentistas catalanes a España

 

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Nos han dicho y han escrito que les robamos, que somos vagos y que vivimos de su laboriosidad. Que de no ser por ellos, España estaría arruinada y ellos serían la república de Venecia del siglo XVII. Persiguen a los catalanes que no llevan lazo amarillo, les cercan comercial y laboralmente. Confeccionan a escondidas listas negras y van conformando una sociedad totalitaria, maniquea donde los buenos son ellos y los que no piensan como ellos, los salvajes a los que hay que destruir. De momento dejan de comprar sus tiendas pero si tuvieran ese poder absoluto con el que sueñan, lo suprimirían en el sentido más pistolero del término. 

El secesionismo, que está destrozando Cataluña, social y económicamente, puede que tenga una sola virtud. La de unir a los españoles incluso al punto a incitar a manifestarse a quienes salir a calle significa salir a trabajar, hacer gestiones o tomar una cerveza. Pero son renuentes a manifestarse, porque de la misma manera que hay gente que es más de té que de café, ellos son más de votar con garantías que ir a manifestaciones.