"Me parece un escándalo que bajen de 350 a 160 la velocidad del AVE; o sea, que hemos estado jugándonos la vida sin saberlo todos estos meses"

Jorge Bustos responde a la decisión de rebajar la velocidad de los trenes en el tramo entre Madrid y Barcelona por el estado de las vías

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Ya sé que los periodistas no estamos para contar nuestras emociones sino, mayormente, para contar las emociones de los demás. Pero como ayer estuve aquí nueve horas junto al centro de atención a las víctimas desde la madrugada hasta la llegada de los reyes, me fui contajeando de las emociones del entorno. Y yo creo que las puedo resumir en tres. Empecé sintiendo frío a esta misma hora a las seis de la mañana, pero luego pensé que más frío estaban sintiendo los operarios de las grúas que a esa misma hora estaban tratando de rescatar los cuerpos de las víctimas del terraplén al que cayeron los vagones destrozados del Alvia.   

El número de fallecidos está en 42, aunque no se descarta que pueda seguir ascendiendo. Del frío uno pasaba al calor cuando hablaba con personas como José Luis o como Marimar, que seguían ayer esperando que les certificasen la muerte de sus respectivos hermanos. Necesitan esa confirmación para poder acabar con la incertidumbre y empezar el duelo. Y se quejaban de la lentitud del proceso, y era imposible no empatizar con su desesperación a poco que uno se pusiera el supe.

Pero Marimar ayer ya dio el siguiente paso, el que conecta el dolor con la rabia. Y el caso personal con las responsabilidades políticas. Su hermano era tripulante del Alvia, acababa de cumplir 39 años. Y le contaba a su hermana que pasaba miedo últimamente en su trabajo por cómo se meneaban los trenes. Marimar es de las primeras, pero ya te aseguro que no va a ser la única en el colectivo de afectados por el accidente de Adamuz que exija depurar responsabilidades por la mala gestión y por la falta de inversión en el mantenimiento de las infraestructuras. Sobre todo cuando por la tarde ayer nos enteramos de que Oscar Puente ha decidido rebajar la velocidad a 160 km por hora en un cuarto del trayecto, a lo largo de 150 km del trayecto que va de Madrid a Barcelona.

O sea que según se vayan deteriorando las vías sin que el gobierno sea capaz de aprobar unos presupuestos, vamos a ir bajando la velocidad. Hombre ministro, como renovéis la línea Madrid-Barcelona, igual que había renovado la línea del sur, es casi mejor que cojamos el avión o nos quedamos en casa. Y por cierto, a ver si aclaro usted esas adjudicaciones a una empresa de la trama Koldo para renovar precisamente el tramo de Adamuz, a ver si va a resultar que, efectivamente, la corrupción cuesta vidas. Como contaba un Twitter ayer, tirando de sarcasmo fino, el problema de Adif es que las traviesas mejor mantenidas no están en las vías. Efectivamente, el dinero en ese ministerio se destinaba a mantener a chicas traviesas como Jessica.

Pero volvamos a la noticia de ayer, porque a mí me parece un escándalo. Puente baja de 350 a 160 la velocidad del AVE por el estado de las vías. ¿Pero no estaba nuestra red ferroviaria en el mejor momento de su historia y las quejas eran bulos de la fachosfera que decía que con Franco estábamos mejor? O sea, que hemos estado jugándonos la vida sin saberlo, por el mero hecho de subirnos a un AVE todos estos meses. O sea que todos esos usuarios de las redes a los que Pedro acusa de lanzar bulos por denunciar cómo vibra el ave últimamente tenían razón. Pero, ¿quién gestiona este país? ¿En qué manos estamos?

Todo iba estupendamente en materia de energía. Teníamos la energía más eficiente, limpia, verde de Europa, ¿verdad? Pero llega el apagón y para evitar otros apagones aumentamos la producción de los ciclos combinados de gas que eran tan malos y tan fachas, ¿verdad? Y tan contaminantes y reducimos las renovables. Y todo está perfecto en la red ferroviaria antes de Adamuz, pero va Adif ayer y limita la velocidad por el peligro que representan las vías entre Madrid y Barcelona. Pero, ¿podéis tratarnos como adultos? ¿Vais a decirnos la verdad una vez? Antes de que suceda el desastre, claro. ¿Hay alguien capaz de prevenir alguna desgracia en este país o están todos demasiado ocupados en inventar cuentos de terror a la extrema derecha?

 El heroísmo de Julio  

Pero no fue el calor de la indignación, el sentimiento que me llevé a la cama ayer, por fortuna, ayer me acostéis lleno de optimismo. Pensando que mientras España cuente con chavales como Julio, este país tiene el futuro. Julio Rodríguez, 16 años, hijo de Elizabeth, que es la madre más orgullosa de la Península Ibérica en este momento, y con razón. Hasta hace tres días ella misma no sospechaba la madera de la que estaba hecho su hijo. Bueno, el domingo Julio fue a pescar con su madre y un amigo y cuando regresaban a casa, ya anochecida, le llamó la atención la presencia de un par de coches de policía y una ambulancia. “Pues un accidente”, es lo que pensaron. Ahora, lo que no podía imaginar es qué clase de accidente hasta que llegaron al lugar.

“Lo que hicimos fue sacar algunas personas y acompañarlas aquí para que les curaran y la tendieran. Mira, yo llegué aquí y mi cuerpo se convirtió en otro y solo pensaba en ayudar, sea como sea. De hecho, hice el trayecto de 800 metros para acá, de 800 metros para acá, al menos unas seis veces y yo no me paré ni a pensar si estaba cansado, nada. Solo quería ayudar. En el mitad del camino te encontraba gente en tus pies de fallecía o cuerpos que estaban ni enteros. Pudimos ayudar a mucha gente, pudimos contactar con familiares de esa gente y que no se pusieran más aún nerviosos. Todo lo que pudimos hacer, lo que estaba en nuestra mano, lo hicimos”.

“Mi cuerpo se transformó en otro”, así es como explica lo que le pasó este adolescente con el aplomo de un hombre hecho y derecho. Hay gente que tiene un diablo en su interior y hay gente que tiene un ángel. Julio dedicó la noche a rescatar gente, moviéndose incansable entre cadáveres, prestando su abrigo, sus zapatos, cargando heridos en volandas durante dos kilómetros y anotando los teléfonos de los familiares para llamarlos e irles anunciando la buena nueva de que su hijo, de su hermana o su esposo estaban vivos. Los había salvado él, como hacen los ángeles, efectivamente.

Julio y su amigo se quedaron allí hasta el final y cuando llegaron a la policía, contaba él, el lugar de echarle le dieron las gracias, como ahora se las dan las familias de todos los rescatados que quieren quedar con Julio para abrazarlo. El lunes julio, como cualquier lunes volvió al instituto y el martes, ayer, el rey de España le miró a los ojos y le dijo, “veo en ti reflejada la juventud de España”. Pues ojalá sea cierto, majestad, si Julio es el reflejo de lo que viene, España está salvada.

Visto en ABC

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