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Schlichting: "Sánchez quiere cabalgar sobre Franco hasta la victoria"

La directora de 'Fin de Semana' analiza la actualidad política

Cristina López Schlichting

Cristina López Schlichting

'Fin de Semana' COPE

Tiempo de lectura: 4'Actualizado 11:08

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Es mejor reírse que llorar. Acabo de pasar por el Paseo del Prado y me he topado con la gran pancarta preparada en el escenario que presidirá la manifestación hoy de los independentistas catalanes, que vienen a la capital, como es su derecho, porque para eso son españoles. Esto es un manifestódromo, raro es el finde que no tenemos ganaderos, cazadores, sindicalistas o pensionistas concentrados. Claro que en la manifa de hoy te puedes encontrar a Torra, que viene en cabeza, o a Rufián, y es mucho susto y nadie se merece eso así, de sopetón, todo de golpe. Si no te has tomado la pastilla de la tensión te aconsejo que pasees hoy por la Casa de Campo o por Moncloa, por ejemplo.

Digo que me he encontrado de frente con la pancarta secesionista que reza: 'La autodeterminación no es delito'. Estos pobres payeses ignoran que por aquí se lee la Constitución y que todos los que vienen a la capital, andaluces o extremeños, gallegos o valencianos, castellanos o leoneses, saben que la soberanía de España reside en el pueblo y que cada uno de nosotros es dueño de su país, que los independentistas no pueden quitarnos. Claro que es delito ignorar a la mitad de los catalanes. Y por supuesto que es delito votar la independencia de un trozo de nuestro país, robándonoslo a todos. En fin, está el juicio del procés en marcha y algunos aún tienen que aprender algunas cosas. Dejémosles que se desfoguen a gritos desde Atocha a Cibeles esta tarde, que el Paseo del Prado está muy bonito y a lo mejor ven la estatua de Velázquez y aprenden algo.

Esta vez Torra no saludará a Pedro Sánchez, con el que se entrevistó en su día. Tampoco hablarán del relator. Ni de las conversaciones bilaterales. Y es que el presidente está enterrando a Franco, que es su gran proyecto político. Resulta difícil esplicárselo a los extranjeros:

-“¿Pero ese señor no estaba ya enterrado?”

-"Sí sí, lejos de Madrid".

-"Ah, ¿lo van a llevar más lejos?".

-"En realidad no, lo traen más cerca, al Pardo, junto al Palacio donde solía vivir".

-"¿Y entonces? ¿Para qué?"

-"Bueno ¿sabéis? Es que no se trata tanto de enterrarlo sino de resucitarlo".

Desde el Cid, que ganó su última batalla muerto y atado a su caballo, no nos ha dado un cadáver para tanto. Cabalgando sobre él quiere ganar Pedro Sánchez las elecciones, de forma tan descarada que hasta Podemos se lo ha reprochado. Concretamente Pablo Echenique, que ha escrito un tuit diceindo:

Pronto se olvidan éstos también de los métodos de la memoria histórica, que a Pablo Iglesias siempre le han encantado.

Nunca desde la transición ha estado Franco tan vivo, y se lo debemos a un socialista. Está en las tertulias, en los bares, en los memes, hasta en el carnaval de Cádiz. Ochenta años después de la inauguración de la dictadura y cuarenta años tras la muerte de Francisco Franco, la ministra Calvo anunciaba los fastos de su sepelio.

Mentira todo, como afirma Echenique, porque están pendientes dos recursos del Supremo, uno sobre las posibles medidas cautelares y los plazos dados a la familia y otro sobre el fondo del asunto. No se sabe además quién será presidente el 10 de junio ni lo que hará, pero el embuste es libre. Por la mañana, dice Calvo que va a ser el sepelio. No a mediodía, ni por la tarde, ni al anochecer. Tomen nota no les vaya a pillar en la playa y se llevan el disgusto del siglo.

Nadie ha definido mejor este sainete que Antonio Banderas en conversación con Susana Griso.

En 1985 yo tenía 20 años y en los último que pensaba era en Franco. Despuntaba la movida, Freddie Mercury participaba en el gran concierto internacional de Wembley conta el hambre en África y se encontraron los rastros del Titanic. Unos terroristas palestinos secuestraron el crucero italiano “Achille Lauro” y se murieron Chernenko en la URSS y el tirano Enver Hoxha, en Albania. En lo último que pensábamos es en Franco. Había muerto en el cuerpo y en el recuerdo. Nos habíamos reconciliado entre españoles y caminábamos en democracia. Y ahora, otra vez, el espectro de la guerra civil, qué dolor y qué vergüenza.

En fin, insisto, mejor quedarnos con el disfraz estrella de los carnavales, ese Franco triunfante que saluda al respetable desde su caja abierta. Ya te vale, Pedro.

Son noticia también en España las listas electorales, en las que no van ni la Pasionaria, ni Alberti, ni José Antonio Primo de Rivera. Sánchez está intentado laminar a los partidarios de Susana Díez en Andalucía y afianzar sus candidatos en todas las autonomías. También Pablo Casado ha decidido acabar con lo que llaman el marianismo. Tanto tanto que hasta la memoria de la recuperación económica se ha quiere tapar porque salen de las listas el ministro Montoro o Fátima Bañez, Ayllón o Maillo. La que fuera sensata campeona del empleo ha anunciado su salida de la política y su retorno a la empresa privada. Un referente menos para las mujeres. A cambio, los ministros Catalá y Tejerina encabezarán las listas por Cuenca y Valladolid, Cayetana Álvarez de Toledo el fichaje estrella por Barcelona, Ana pastor va por Pontevedra y Juan José Cortés, el padre de la niña asesinada Mari Luz encabezará la lista por Huelva. En Sevilla encabeza Teresa Jiménez Becerril, su puesto en Bruselas podría cubrirlo Zoido.

Hay un par de noticias horribles en Cataluña. El presentador de TV3 Toni Soler se ha permitido reírse de la donación de un riñón que Enric Millo, el exdelegado en Cataluña durante el procés, ha hecho a su mujer. Entre carcajadas comentaba esta semana que, jajaja, “Los políticos del PP también donan”. Un escarnio carente de toda humanidad que ha despertado una ola de indignación en Cataluña

Y no podemos cerrar este editorial sin mencionar la tragedia de Christchurch, en Nueva Zelanda. Una matanza sangrienta de una mala persona, racista y cruel. El cabecilla era un integrista antiyihadista que aprendió consignas racistas en Francia y en España. Y de España se llevó el nombre de Don Pelayo, que es un héroe que nada tiene que ver con él. Y en la cabeza enferma de este señor, se mezclaron las luchas políticas de Europa contra los turcos otomanos con el odio a la religión de las personas. Justo todo lo contrario con el espacio de libertad que es Europa.

Me quedo hoy con la noticia de que los obispos de Nueva Zelanda han dado sus condolencias a las familias de las víctimas y han abrazado a los supervivientes. El día que perdamos el respeto a una persona por llamar Alá a Dios, ese día, se habrá acabado Europa.

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