El vínculo oculto de Julio César con Hispania: Aquí se forjó su leyenda como Imperator
El historiador Paco Álvarez desvela en un nuevo libro la profunda e ignorada relación del general romano con España, clave en su ascenso y en su testamento

Publicado el
3 min lectura12:37 min escucha
El interés por las grandes figuras de la historia resurge cíclicamente, y ahora es el turno de Julio César. Aprovechando esta corriente, el historiador y experto en el mundo romano, Paco Álvarez, ha arrojado nueva luz sobre una de las facetas más desconocidas del general romano.
En una entrevista en el programa Fin de Semana de Cristina López Schlichting, Álvarez ha presentado su nuevo libro, 'Julio César, Imperator en Hispania', una obra que explora la profunda conexión del dictador con la Península Ibérica.
Contrario a la creencia popular que asocia a César casi exclusivamente con la Guerra de las Galias o su trágico final en los Idus de Marzo, su carrera política y militar está intrínsecamente ligada a Hispania. "Su carrera está absolutamente vinculada a España en todos los sentidos", ha afirmado Paco Álvarez. Fue en territorio hispano donde comenzó su ascenso como procuestor y, más tarde, como propretor, sentando las bases de su futuro poder en Roma.

Estatua de Julio César en Turín
Uno de los hitos más significativos de esta relación es la aclamación de Imperator. Según ha explicado el historiador, este título no equivalía a "emperador", sino que era una condecoración militar otorgada por las propias tropas a su general tras una victoria excepcional. Julio César recibió esta aclamación por primera vez en Hispania en el 61 a.C. y, curiosamente, la última vez que sus soldados lo honraron con este título también fue en España, en la batalla de Munda en el 45 a.C.
La provincia preferida de César
El vínculo de Julio César con Hispania no era meramente circunstancial, sino también afectivo. Paco Álvarez ha rescatado las propias palabras del general de sus 'Comentarios a las guerras civiles', donde afirmaba que "siempre entre todas las provincias la prefirió y la mejoró". Este favoritismo se tradujo en acciones concretas, como la exención de impuestos a muchas ciudades y el beneficio directo a otras, destacando el caso de Cádiz (Gades), que fue elevada al estatus de ciudad romana por su lealtad.
Mitos, árboles y batallas en suelo hispano
La batalla de Munda, la última que libró César, ha sido magnificada por la historiografía posterior, como la de Tito Livio, que la describió como un enfrentamiento épico y terrible. Sin embargo, Álvarez sugiere que en realidad fue una debacle de los pompeyanos y que la Décima legión, de origen hispano, fue clave para salvar la jornada. "Luego esto no puede ser una batalla de media hora, porque quedaría mal en los libros", ha ironizado el experto sobre la necesidad de la propaganda de crear un relato grandioso.
Al margen de los mitos bélicos, existe una historia más arraigada y documentada: la del árbol que César plantó en Córdoba. Durante su estancia como cuestor en el 69 a.C., plantó un plátano de sombra en los jardines del palacio de gobernación, un gesto que imitaba a Agamenón. Aunque el árbol original no sobrevive, un epigrama de Marcial atestigua su fama posterior y, en el mismo lugar, en los jardines del actual Alcázar de los Reyes Cristianos, un descendiente simbólico y una placa recuerdan este único legado botánico documentado del general.
Una decisión tomada en Hispania
La estancia de César en Hispania tras su victoria final en la guerra civil fue decisiva para el futuro de Roma. Según Paco Álvarez, es "bastante probable" que la decisión de nombrar a su sobrino nieto Octavio como su heredero se gestara en suelo hispano. Tras la guerra, César recorrió parte de la Bética con Octavio y, poco después de partir desde Cádiz, redactó su testamento nada más llegar a Italia. "O bien tomó la decisión estando con Octavio, que sería lo lógico, o bien la tomó en el barco, pero es que no hubo más tiempo", ha detallado Álvarez. Ocho meses después, César era asesinado.
Para el historiador, la grandeza de Julio César no radicaba solo en su genio militar o político, sino en su capacidad para identificar y apoyarse en el talento ajeno. Su éxito, argumenta Álvarez, se debe en gran medida a que supo rodearse de figuras excepcionales que potenciaron sus capacidades y le aseguraron victorias clave en la política, la logística y la guerra.
Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.



