El desastre del Challenger cumple 40 años: cuando una junta de goma acabó con siete vidas en 73 segundos

El 28 de enero se conmemoran cuatro décadas del accidente del transbordador espacial Challenger, que explotó 73 segundos después del despegue desde Cabo Cañaveral, matando a sus siete tripulantes ante millones de espectadores en todo el mundo

El transbordador espacial Challenger en la plataforma de lanzamiento móvil

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El transbordador espacial Challenger en la plataforma de lanzamiento móvil

Pablo Alejandro Fernández

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El divulgador científico Jorge Alcalde ha analizado este miércoles en 'La Tarde' de COPE, programa presentado por Pilar García Muñiz, las causas técnicas del siniestro y su impacto duradero en la exploración espacial. Cuatro décadas después, el accidente sigue siendo uno de los episodios más estudiados de la carrera espacial, tanto por sus fallos técnicos como por las decisiones humanas que lo precedieron.

Una misión histórica convertida en tragedia

El 28 de enero de 1986, la NASA se preparaba para hacer historia. Por primera vez, una profesora viajaría al espacio para dar clases desde la órbita terrestre. Millones de personas en todo el planeta —incluidos numerosos colegios estadounidenses conectados en directo— seguían expectantes el lanzamiento del Challenger desde Cabo Cañaveral, Florida.

Todo parecía desarrollarse según lo previsto. El transbordador despegó sin contratiempos aparentes. Pero 73 segundos después, la nave se desintegró en una explosión que dejó una estela de humo blanco en el cielo y un silencio sepulcral en los centros de control.

Los siete tripulantes que iban a bordo perdieron la vida en el acto, incluida Christa McAuliffe, la profesora que formaba parte del programa educativo de la NASA para despertar vocaciones científicas.

El transbordador espacial Challenger visto desde el espacio

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El transbordador espacial Challenger visto desde el espacio

El fallo mortal: una simple junta tórica

Como ha explicado Jorge Alcalde en el programa 'La Tarde' de COPE, las investigaciones posteriores revelaron la causa técnica del desastre: una fuga de gas en el cohete propulsor derecho que provocó un aumento de temperatura y velocidad, generando una torsión estructural que la nave no pudo soportar.

El material culpable fue sorprendentemente pequeño: un O-ring, una junta tórica de material plástico que debía sellar el motor propulsor. Las bajas temperaturas registradas la noche anterior en Cabo Cañaveral —muy por debajo del rango óptimo de funcionamiento— habían contraído el material, impidiendo el sellado perfecto entre componentes.

Algo tan pequeñito como una junta tórica acabó con siete vidas humanas"

Jorge Alcalde

Periodista y divulgador científico

Advertencias ignoradas por la presión del calendario

Lo más inquietante del caso es que el accidente pudo haberse evitado. Días antes del lanzamiento se produjeron "intensísimas discusiones" entre técnicos de la NASA, personal de Cabo Cañaveral y representantes de Morton Thiokol, la empresa fabricante de las juntas.

Los ingenieros de Morton Thiokol advirtieron expresamente que con temperaturas inferiores a un grado centígrado no había garantías de que las juntas cumplieran su función de sellado. Sin embargo, la NASA no estaba dispuesta a retrasar la misión varios meses hasta la siguiente ventana de lanzamiento en abril.

Entre cadenas de comunicación imperfectas y la presión por llevar a cabo una misión histórica —la administración Reagan había convertido el programa de transbordadores en "la joya de la corona de la ciencia estadounidense"—, se decidió lanzar desoyendo las advertencias técnicas.

No había garantías de que las juntas cumpliesen su labor de sellado bajo temperaturas inferiores a un grado"

Jorge Alcalde

Periodista y divulgador científico

Un punto de inflexión para la exploración espacial

El accidente del Challenger supuso la paralización durante años del programa de transbordadores espaciales, una herramienta vital para transportar ciencia y pasajeros al espacio y que podía aterrizar como un avión convencional. Pero también transformó radicalmente los protocolos de seguridad de la NASA.

Se modificaron los sistemas de comunicación interna, se reforzaron los controles de seguridad previos al lanzamiento y se hizo obligatorio que los astronautas llevasen trajes de presurización durante el despegue y el aterrizaje, algo que antes no era preceptivo. No sería el último golpe al programa. En 2003, la catástrofe del Columbia —otro transbordador que se desintegró al reentrar en la atmósfera— acabó definitivamente con este sistema de lanzamiento espacial.

Por qué seguimos recordando al Challenger cuatro décadas después

Como ha señalado Jorge Alcalde en COPE, varios factores explican la permanencia del Challenger en la memoria colectiva. Fue el primer accidente mortal en vuelo de una nave espacial estadounidense. Se retransmitió en directo ante millones de espectadores, incluidos niños que asistían desde sus aulas.

Fue la primera vez que una nave espacial de Estados Unidos producía un accidente en vuelo con astronautas estadounidenses muertos"

Jorge Alcalde

Periodista y divulgador científico

La presencia de Christa McAuliffe, símbolo del programa educativo "Teacher in Space", convirtió la tragedia en algo especialmente cercano y conmovedor para la sociedad. Su imagen —una profesora común que representaba el sueño de llevar el espacio a las aulas— resonó con fuerza en todo el mundo.

Cuarenta años después, el desastre del Challenger sigue siendo una lección sobre los peligros de anteponer los calendarios y las presiones políticas a la seguridad, y un recordatorio del precio humano que puede tener ignorar las advertencias técnicas. Las siete vidas perdidas aquel 28 de enero cambiaron para siempre la forma de entender los riesgos de la exploración espacial.

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