HISTORIA DE AMERICA BAJO EL DEBATE IDIOLÓGICO
El debate en la Escuela de Vida: "Reconocer los errores históricos es necesario, pero convertir la historia en una culpa permanente no es ni siquiera riguroso"
La reciente visita del rey Felipe VI a México ha reabierto una vez más la caja de Pandora de la historia española. Sus palabras, en las que reconocía los "excesos y crueldades" durante la conquista sin descalificar la labor de España en América, han avivado un fuego que nunca parece extinguirse.

Encuentro entre Hernán Cortés y el emperador Moctezuma II en Tenochtitlán (1519)
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En el programa 'Fin de Semana' de COPE, la periodista Cristina López Schlichting ha reunido a un grupo de expertos en su sección 'Escuela de Vida' para analizar una cuestión de fondo: por qué los españoles parecen estar permanentemente peleados con su propio pasado.
La politización de la memoria
La doctora Carmen Candela ha sido tajante al respecto: el debate actual, sostiene, no tiene una base histórica, sino ideológica. Según Candela, "esto no es historia, es política actual que utiliza la historia". A su juicio, ciertas corrientes —especialmente desde la izquierda— manipulan el pasado de forma selectiva. "Cogen una parte de los errores [...], la hipertrofian y, ¡pumba!, la lanzan", afirmó, señalando que se omiten deliberadamente otros aspectos, como la creación de la Seguridad Social o el desarrollo de la vivienda pública durante el franquismo.
No es historia, es política actual utilizando la historia
Para Candela, "reconocer los errores históricos es necesario, pero convertir la historia en una culpa permanente no es ni siquiera riguroso". Cristina López Schlichting respaldó esta visión y lo calificó como "un debate ideológico de fondo" que otras naciones, como Francia, gestionan de forma más pragmática. Puso como ejemplo cómo el país galo ha cubierto con "un precioso velo" episodios sangrientos como la Revolución Francesa o la colaboración con el régimen nazi, manteniendo así una imagen de unidad nacional.
Una identidad nacional en crisis
El psicólogo Pedro Martínez ha introducido otra variable clave: la frágil identidad nacional española. En su opinión, España "no se siente una nación" debido a que muchas comunidades autónomas sienten que su identidad ha sido históricamente perseguida. Este sentimiento, según Martínez, ha alimentado "un relato antinacionalista español y reivindicativo" que dificulta la cohesión. "No tenemos una identidad española", lamentó, explicando que cualquier intento de unificarla es rápidamente tachado de fascista.
Por su parte, Ingeborg Schlichting aportó una perspectiva comparada, defendiendo que, si bien toda conquista tiene "episodios sangrientos", la colonización española fue mucho más integradora que la de otros imperios. "España se ha jugado ahí el tipo y ha colonizado de verdad, y eso se ve en los vestigios que quedan de aquella época", subrayó, en contraste con las actuaciones de ingleses, belgas o portugueses en sus colonias. Schlichting considera que el problema radica en que el pasado se analiza siempre desde una óptica política dividida: "desde la izquierda y desde la derecha".
López Schlichting señaló que esta instrumentalización del pasado no se limita a la conquista de América ni a la Guerra Civil. Hechos como la Guerra de la Independencia, una "gesta nacional casi sin precedentes", son cuestionados incluso internamente, y conflictos tan antiguos como la Guerra de Sucesión del siglo XVIII siguen sirviendo de base para "la vindicación catalana". Esta constante revisión del pasado, según los contertulios, genera parálisis y rencor, que dificultan avanzar. "Es un uso permanente de la historia para dividirnos", concluyó la directora del programa.
La presentadora también alertó sobre el papel de la tecnología en esta polarización. "En la sociedad digital, la crispación y el enfrentamiento crecen constantemente, porque el algoritmo [...] de las redes sociales te envía de manera continua contenidos que refuerzan las obsesiones que tú manifiestas", advirtió. La falta de exposición a ideas diferentes - concluyó - reduce la capacidad de escucha y diálogo, perpetuando un ciclo de confrontación que parece no tener fin.
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