Pedro Chillida desvela al hombre detrás del genial artista: del fútbol a la fe y su búsqueda del espacio

El hijo del escultor repasa en una entrevista la faceta más desconocida de su padre, marcada por una lesión providencial, el amor por su mujer y una inagotable curiosidad

Eduardo Chillida
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Redacción Fin de Semana

Publicado el - Actualizado

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Pocos conocen que, antes de convertirse en uno de los escultores más universales de la segunda mitad del siglo XX, Eduardo Chillida fue portero de la Real Sociedad. Una lesión de tríada truncó su carrera deportiva justo cuando estaba en conversaciones para fichar por el Madrid o el Barcelona y, paradójicamente, abrió la puerta al nacimiento del genio artístico. 

Su hijo, Pedro Chillida, ha desvelado esta y otras facetas íntimas del artista a Cristina López Schlichting, con motivo de la exposición que conmemora el 150 aniversario de la Fundación Ibercaja en el Centro Cultural Conde Duque de Madrid.

Eduardo Chillida junto al equipo de la Real Sociedad

Fundación Eduardo Chillida

Eduardo Chillida junto al equipo de la Real Sociedad

Pili Belzunce, el pilar del genio

Detrás del creador siempre estuvo su mujer, Pilar Belzunce. En una grabación, ella misma afirmaba que su labor fue "dejarle la libertad absoluta, teniendo ocho hijos, para que Eduardo pudiera ir a su estudio cada mañana liberado de ningún problema". Pedro Chillida confirma que su madre era el centro de todo: "Se encargaba de todos nosotros, de mi padre, de los bancos, de los colegios, de las visitas... de todo lo que se te pueda ocurrir".

Cristina junto a Pedro Chillida

Cristina junto a Pedro Chillida

Pedro la describe como una mujer menuda pero con una fuerza arrolladora: "Pues era pequeñita, delicada, muy guapa, pero una pantera". De hecho, recuerda una anécdota con el jardinero de la familia, Joaquín Goicochea, quien tras un rato de reflexión sentenció sobre el funcionamiento familiar: "Ya, pero el madre es el madre. Esa sí que manda".

Boda de Chillida y Pilar Belzunce

Archivo Fundación Chillida

Boda de Chillida y Pilar Belzunce

La simbiosis entre ambos fue total. "Yo con quien de verdad he tenido una relación muy especial ha sido con Pili, toda mi vida", aseguraba el propio escultor. Tras el fallecimiento de Chillida, su mujer "desconectó de la vida", cuenta su hijo. Aunque vivió casi 18 años más, su único deseo era "morirse, irse con el otro".

La autenticidad como motor creativo

La obra de Eduardo Chillida está marcada por una extraordinaria curiosidad y una necesidad de innovación constante. Su lema, según recuerda su hijo, era: "Lo que sé hacer ya lo he hecho. De ahí que lo que tengo que hacer es siempre lo que no sé". Este afán por explorar lo desconocido le llevó a tomar decisiones radicales, como empezar a dibujar con la mano izquierda, a pesar de ser diestro.

Jaula de la Libertad, 1997

Archivo Fundación Chillida

Jaula de la Libertad, 1997

Pedro Chillida explica que su padre buscaba huir de la simple "pericia", ya que para él el arte no podía ser "una exhibición". Necesitaba la lentitud que le daba su mano torpe para profundizar en el trazo. "Esa lentitud es la que él necesitaba dibujando, porque si eres excesivamente habilidoso...", reflexiona su hijo, que también es artista.

Para el escultor, lo más importante en el arte es "que sea verdad", que se pueda sentir al ser humano que hay detrás. Pedro lo compara con la emoción de visitar Altamira y notar "lo que sentía un señor de hace 15.000 años". En su opinión, el arte es esa "transmisión de emociones" a través del tiempo, una búsqueda de la autenticidad que define toda la obra de su padre.

Un legado entre la tierra y la fe

Chillida siempre se sintió profundamente arraigado a su tierra. "Ser se es desde un sitio", solía decir. Concebía su identidad como un árbol, con las raíces en el País Vasco, "pero con los brazos abiertos a todo el mundo". Este vínculo se materializa en Chillida Leku, el museo que acoge su obra en un diálogo permanente con la naturaleza y donde descansan sus restos.

Chillida junto a Forma, expuesta en el Salón de Mai de París

Archivo Fundación Chillida

Chillida junto a Forma, expuesta en el Salón de Mai de París

Su hijo también lo define como un hombre "fervientemente creyente", cuya fe impregna toda su obra con un "hálito sagrado". Lejos de ser una atadura, su condición de "auténtico cristiano" entroncaba con su inagotable curiosidad, entendiendo la fe como una decisión que "viene de dentro". Fruto de esta espiritualidad es 'La Cruz del Vacío', la escultura que corona su tumba, que él mismo diseñó.

Ser el hijo de un genio, sin embargo, no ha sido fácil para Pedro. "Es un problema más que un privilegio y un obstáculo grande", confiesa. Explica que "heredas todos los enemigos" y que abrirse un camino propio es complicado. A pesar de todo, su filosofía es sencilla: "Al final dejas de pensar en eso, sin más, tú haces lo que tienes que hacer lo mejor que puedes, y ya está".

Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.

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