José Ramón García, experto en reformas: "Un error habitual en las cocinas es usar un taburete de bar, lo ideal es que sea de una altura entre 65 y 70 cm"
El arquitecto desvela la medida exacta para los asientos de la encimera y otro experto explica el origen de la estandarización que ha abaratado y mejorado su diseño

Madrid - Publicado el
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Elegir la altura del taburete para la encimera de la cocina es uno de los errores más comunes en el diseño de este espacio. El arquitecto y experto en reformas, José Ramón García, ha desvelado a través de su cuenta de Instagram @dimensi-on la clave para no equivocarse y garantizar la comodidad.
Según explica García en un vídeo, las encimeras de cocina suelen tener una altura que oscila entre los 90 y 95 centímetros. Por este motivo, se debe evitar un taburete de bar, que mide entre 75 y 80 centímetros, ya que como muestra, "no me entra la pierna". La solución perfecta son los taburetes de 65 y 70 centímetros, que son "ideales para estar cómodos y que todo encaje perfectamente", y concluye que son "los pequeños detalles que marcan la gran diferencia".
El manual que estandarizó las cocinas
Pero la altura de los taburetes no es el único estándar en las cocinas. El arquitecto y divulgador Pedro Torrijos ha explicado en su cuenta de Instagram @gominolasdepetroleo la razón por la que todas las cocinas de Occidente son prácticamente iguales. Lejos de ser una crítica, Torrijos lo considera una ventaja que ha permitido abaratar los costes y mejorar la eficiencia en el espacio doméstico.
La clave, según él, se encuentra en un influyente manual de arquitectura conocido como el 'Neufert'. Torrijos aclara que este manual "no te dice cuánto tiene que medir una cocina, lo que te dice es cuánto tiene que medir una balda, una encimera". Esta guía, sin pretenderlo, acabó creando un estándar de facto que ha definido la configuración de las cocinas modernas y ha sentado sus bases.

Cocina americana
Uno de los principales beneficios de esta homogeneidad es la mejora en la funcionalidad, ya que "esa estandarización permite primero que se cocine mejor", afirma Torrijos. La consecuencia más notable es económica, gracias a la producción en serie de módulos y electrodomésticos con medidas fijas que reducen drásticamente los precios. Como resume el divulgador de forma contundente, "una estandarización hace que siempre sea más barata".
Una revolución "machista" y "feminista"
Esta revolución en el diseño, sin embargo, no está exenta de una lectura social con dos caras. Torrijos la describe como una dinámica "por un lado muy machista y a la vez feminista involuntario porque mejora la vida de las mujeres". El componente machista, explica, se observa en las primeras ediciones del 'Neufert', donde "los dibujitos de en sección de una persona en una cocina es una tía siempre", perpetuando así un rol de género en el espacio doméstico.
A pesar de ello, al mejorar la ergonomía y la eficiencia, la estandarización también ha supuesto una mejora objetiva en las condiciones de un trabajo tradicionalmente asignado a las mujeres. Esta uniformidad, concluye Torrijos, se ha impuesto "en todos los lados" y ha democratizado el acceso a cocinas funcionales y asequibles en los hogares.
Este texto ha sido elaborado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.



