El incremento de la compra de ropa en Europa implica riesgos medioambientales: cada ciudadano de la UE consume 19 kilos de textiles

En 2022 se generaron aproximadamente 6,9 millones de toneladas de desechos textiles en la Unión Europea, lo que representa cerca de 16 kg por persona

Tienda de ropa
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La eurodiputada Idoia Mendia alerta del incremento de consumo de ropa en Europa

Carlos Molina

Bilbao - Publicado el

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El consumo de productos textiles en Europa ha experimentado un notable crecimiento en los últimos años, hasta alcanzar cifras históricas que reflejan tanto una recuperación tras la pandemia como un problema para la sostenibilidad si no se adoptan medidas de correcto reciclaje o nuevo uso de estas prendas. 

Según datos recientes recopilados por la Agencia Europea de Medio Ambiente (EEA), cada ciudadano de la Unión Europea consumió en 2022 un promedio de 19 kilogramos de textiles —que incluyen prendas de vestir, calzado y textiles domésticos— frente a los 17 registrados en 2019, antes del impacto del COVID-19. Este incremento, aunque modesto en apariencia, representa un crecimiento significativo de más del 10 % en apenas tres años, y sitúa a Europa en niveles de consumo que superan ampliamente cualquier registro previo.

La EEA estima que, en conjunto, los hogares europeos consumieron alrededor de 8,5 millones de toneladas de productos textiles en 2022, lo que equivale a llenar millones de maletas con prendas, zapatos y telas destinadas al uso cotidiano. 

El aumento del consumo está estrechamente vinculado con cambios en los patrones de compra y estilo de vida de los europeos. El auge del comercio electrónico, la proliferación de plataformas de venta online y el auge del llamado “fast fashion” o moda rápida han facilitado que los consumidores adquieran más prendas en menos tiempo y a precios más bajos. Estos factores han reducido las barreras de acceso al consumo de ropa, generando una demanda constante de novedades y reforzando la idea de “usar y desechar” en lugar de apostar por productos duraderos.

Además, los consumidores más jóvenes, especialmente aquellos comprendidos entre los 16 y los 44 años, son los que más compran ropa y calzado a través de internet, impulsando aún más las cifras de consumo general. En 2022, 68 % de los internautas de la UE realizaron compras de este tipo de productos en línea, un porcentaje que más que se duplicó respecto a los niveles de hace una década. 

impacto medioambiental

El crecimiento del consumo textil no solo tiene implicaciones económicas, sino que también genera una serie de presiones ambientales de gran envergadura. El sector textil ocupa un lugar destacado entre las categorías de consumo con mayor impacto ecológico: ocupa el quinto lugar entre las doce principales categorías de consumo doméstico en términos de uso de materias primas, emisiones de gases de efecto invernadero, agua y uso del suelo.

Solo en 2022, la producción y consumo de textiles en la UE requirió alrededor de 234 millones de toneladas de materias primas como petróleo, gas natural y algodón, lo que equivale a 523 kg por persona. Buena parte de estas materias primas se extraen fuera de Europa, contribuyendo a la huella ecológica global y exacerbando la presión sobre ecosistemas sensibles.

Los textiles también presentan un reto significativo en términos de residuos: en 2022 se generaron aproximadamente 6,9 millones de toneladas de desechos textiles en la Unión Europea, lo que representa cerca de 16 kg por persona. A pesar de las iniciativas para mejorar la recogida selectiva de estos residuos, el 85 % de los textiles desechados no se recogió de forma separada, lo que significa que una gran parte terminó en vertederos o fue incinerada sin recuperar materiales valiosos. 

un desafío

La gestión de residuos textiles y su reciclaje es uno de los principales desafíos a los que se enfrenta Europa. Actualmente, la capacidad de reciclar materiales textiles de manera eficiente es limitada, y solo una pequeña fracción —se estima que menos del 1 % a nivel global— se transforma en nuevos productos textiles. Esto genera una pérdida enorme de recursos y refuerza la necesidad de rediseñar el sistema productivo hacia modelos más circulares.

Reconociendo esta urgencia, la Unión Europea ha impulsado políticas para fomentar la economía circular en el sector textil. Entre estas medidas se encuentra la obligación de implementar sistemas de recogida selectiva de textiles antes del 2025, con el objetivo de aumentar la tasa de recuperación de materiales y reducir la cantidad de residuos que terminan en vertederos. Asimismo, se han propuesto regulaciones que exigen que los fabricantes asuman la responsabilidad de la gestión de sus productos al final de su vida útil, promoviendo así prácticas de diseño más sostenibles y sistemas de reutilización y reciclaje más eficaces. 

No obstante, la tensión entre el aumento del consumo y las metas de sostenibilidad es evidente. A pesar del crecimiento de iniciativas ecológicas dentro de la industria textil y la adopción de materiales más sostenibles por algunas marcas, el ritmo del consumo sigue superando las mejoras en eficiencia ambiental. Esto plantea interrogantes sobre la viabilidad de continuar con el modelo actual de consumo y obliga a plantear soluciones más profundas, como promover productos de mayor calidad, aumentar la vida útil de las prendas, incentivar la reparación y fomentar hábitos de consumo responsables entre los ciudadanos europeos. 

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