La sopa castellana: el plato de cuchara que apetece cuando llega el frío
Con pan duro, ajos y caldo caliente se ha alimentado a muchas generaciones. La sopa castellana, tal y como la preparaban abuelas y abuelos, sigue siendo una opción perfecta para los días fríos y las comidas de cuchara

La sopa castellana: el plato de cuchara que apetece cuando llega el frío
Jaén - Publicado el
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No falla. Llega el frío y el cuerpo pide cuchara y hay recetas que vuelven sin llamar. No importa si es a mediodía o al caer la tarde, porque la sopa castellana encaja igual de bien como primer plato o como comida completa. Es una de esas recetas que no se piensan demasiado: simplemente se hacen, como aprendieron las abuelas, las madres y también muchos abuelos.
No es una sopa moderna ni lo pretende. Es cocina de casa, de la que se aprende mirando y repitiendo gestos. El primer paso ya lo dice todo: ajos dorándose despacio en aceite de oliva, sin prisas, dejando que el olor se cuele por la cocina. Ese aroma es casi una promesa de lo que viene después.

El pan se empapa, se integra con el caldo caliente y empieza a darle cuerpo a la sopa
A continuación llega el pan duro, el que se guarda precisamente para estos platos. Porque la sopa castellana nació como una receta de aprovechamiento, sencilla y honesta. El pan se empapa, se integra con el caldo caliente y empieza a darle cuerpo a la sopa. Un poco de jamón, el justo, y el pimentón, añadido con cuidado, retirando la cazuela del fuego, como se ha hecho siempre para que no amargue.
Mientras la sopa se hace a fuego suave, la cocina se convierte en un lugar tranquilo. Las madres aprovechan para preguntar cómo va el día, los abuelos remueven la cazuela con calma y el frío, poco a poco, deja de importar. No hay prisas, porque esta sopa pide tiempo y atención.

El primer paso ya lo dice todo: ajos dorándose despacio en aceite de oliva, sin prisas
El toque final lo ponen los huevos, que se cuajan directamente en la sopa hasta que la clara está en su punto y la yema queda tierna. En ese momento, la sopa ya está lista para servirse, humeante y reconfortante, perfecta para sentarse a la mesa y comer despacio.
Y es ahí, con la cuchara en la mano y el plato aún echando vapor, cuando uno entiende por qué esta receta nunca pasa de moda. Porque la sopa castellana no solo alimenta, también cuida. Es pausa, es recuerdo y es ese gesto sencillo de preparar algo caliente para los tuyos. Un plato que no necesita explicaciones y que, cada vez que se hace, vuelve a unirnos a la cocina de siempre, a la de casa.



