
Porzingis, jugador del NY Knicks (Reuters)
Madrid - Publicado el - Actualizado
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La cuestión es si se trata de una nueva era o simplemente una tendencia temporal, la cuestión es si el baloncesto ha cambiado para siempre por una evolución en la especie humana baloncestística, o es algo coyuntural. La cuestión es si tanto talento en tantos centímetros es el futuro o sólo una maravillosa generación de jóvenes talentos en cuerpos de gigantes intimidatorios.
El baloncesto concebido como juego de equipo en el que los más altos y fuertes iban a tener mucho que decir para marcar territorio en las proximidades del aro, vivía en la NBA una plenitud de bajitos, una generación de jugones "bajitos" que sin haber concluido sus carreras ya han entrado en la historia, como Curry, Westbrook , Irving o Harden. Parecía un dominio aplastante de la espectacularidad y la mercadotecnia de los "bajitos", Lebron y Durant aparte.
Sin embargo irrumpe un nuevo poder en la liga, en el planeta NBA los jugadores del momento son hombres altos, muy altos, y no del perfil más conocido en el baloncesto, sino que han supuesto un salto en la evolución, no se sabe cómo ha sido, pero han llegado jugadores altísimos haciendo cosas de hombres altos y bajos, moviéndose como aleros, escoltas y hasta bases. Una nueva especie humana ha llegado se supone que para quedarse, Antetokounmpo, Porzingis han sido esa vuelta de tuerca dentro del salto evolutivo que supusieron Lebron James y después Kevin Durant.
Hombres altos perfectamente coordinados y con dominio de balón para jugar casi en cualquier posición (bueno en realidad Lebron en las 5 posiciones). Nos topamos con un 2:11 como Giannis Antetokounmpo que puede hasta jugar de base, un 2:21 como Porzingis capaz de extender sus dominios muy lejos de su supuesto hábitat natural. Estamos en un momento en el que ya no sabemos realmente cuál era su hábitat, cerca del aro se suponía, pero a Porzingis le puedes encontrar en cualquier parte, exactamente igual que a Antetokounmpo.
Los pívots móviles son el presente y el futuro, es algo más que un salto cualificado en la capacidad física, también es una evolución en la inteligencia y su habilidad para desarrollar lo que piensan.
Miremos sin ir más lejos a nuestros queridos hermanos Gasol, ellos marcaron el camino, hombres altos con gran visión de juego, gran capacidad de lectura del juego para pasar y asistir, el serbio Nikola Jokic de Denver es una réplica admirable, incluso inventando pases más inverosímiles cual base.
En la lista de "locos" grandullones con capacidad para muchas cosas hay muchos jugadores, Green, Cousins, Horford, Embiid, nuevos aleros altos como Simmons o Kuzma. No han dejado de hacer su trabajo hombres altos con capacidad intimidatoria como Drummond, DeAndre Jordan, Davis, Griffin, etc pero vemos cómo va pereciendo el pívot torpe de movimientos, un ejemplo es el otrora valorado Dwight Howard. Los grandes sin movilidad son superados por tierra, mar y aire por hombres altos que vuelan y se mueven a una velocidad antes impensada.
Se acuñó el término locos bajitos en el fútbol empleando el título de la canción de Serrat, para homenajear el espíritu de la nueva generación de futbolistas que volvieron a hacer a España campeona. El pequeño para sobrevivir en el fútbol debe ser muy listo, hábil, rápido de pensamiento y movimiento para asociarse, para crear belleza.
Los grandes habían sobrevivido en el baloncesto como animal dentro de su hábitat, pero ocurre que cuando el desafío es lejos del aro, cuando hay que correr, el pívot clásico poco a poco va desapareciendo en la mejor liga del mundo. En el ranking de jugadores de mayor impacto en sus equipos aparecen hombres altos como Antetokounmpo, Davis, Cousins, Lebron, Embiid, Porzingis, Capela, Jokic...
De pronto la nueva especie humana baloncestística nos deja boquiabiertos por todo lo que son capaces de hacer. Los grandullones han desarrollado nuevas capacidades, lo que les ha permitido desplazarse lejos de su zona de confort, ahora no ejecutan tan solo, piensan y ejecutan. Sus coordenadas mentales les permiten hacer más cosas, y sus capacidades físicas les convierten en rápidos, coordinados, y buenos tiradores. La evolución de esos locos grandullones ha convertido al baloncesto en algo aún más seductor, maravilloso y divertido.



