¿Es IA o no lo es? Las claves donde te tienes que fijar para diferenciar una imagen real de una hecha por Inteligencia Artificial
Las imágenes sintéticas han inundado todas las redes sociales y cada vez son más difíciles de identificar frente a las reales

Imagen de recurso de Grok, la IA de X
Madrid - Publicado el
3 min lectura
Las imágenes y vídeos creados por inteligencia artificial se han vuelto tan realistas que distinguirlos de contenido auténtico es cada vez más difícil.
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Los llamados deepfakes ya no son solo una curiosidad tecnológica, sino una herramienta que puede usarse para desinformar, estafar o manipular a la opinión pública. Por eso, saber detectar las señales de alerta se ha convertido en una habilidad clave en la era digital.
Las tecnologías de generación de imágenes y vídeo han avanzado a gran velocidad en los últimos años. Hoy es posible crear una foto de una persona que nunca existió o un vídeo de alguien diciendo cosas que jamás dijo.
Este tipo de contenido puede difundirse rápidamente en redes sociales y aplicaciones de mensajería, donde muchas personas lo consumen sin cuestionarlo.
Las señales visuales del uso de la IA
Aunque la IA es cada vez más sofisticada, todavía comete errores que pueden delatarla. En las imágenes, uno de los fallos más comunes está en los detalles pequeños, como las manos, los dientes o las orejas, que pueden aparecer deformados, con dedos extra o con formas poco naturales.
extraños

Pantalla de un teléfono móvil que muestra los iconos de aplicaciones de inteligencia artificial (IA) como Deepseek, ChatGPT y Gemini
La iluminación también puede ser una pista. En algunas imágenes generadas por IA, las sombras no coinciden con la posición de las luces o hay reflejos inconsistentes en ojos, gafas o superficies brillantes.
demasiado perfecta
Consejos para vídeo y audio
En los vídeos manipulados, el rostro suele ser el elemento más alterado. Algunas señales de alerta son parpadeos poco naturales, movimientos de labios que no sincronizan perfectamente con el audio o expresiones faciales rígidas.
También puede haber problemas con el contorno de la cara, especialmente en escenas con mucho movimiento, donde la piel parece “derretirse” o cambiar de forma. El cabello y las orejas suelen ser otras zonas donde la IA falla, con bordes borrosos o cambios bruscos entre fotogramas.

Imagen de recurso de Grok, la IA de X
No solo las imágenes y los vídeos pueden ser deepfakes: el audio generado por IA puede imitar voces reales con sorprendente precisión. Para detectarlo, conviene fijarse en entonaciones extrañas, pausas poco naturales o una pronunciación demasiado perfecta.
En llamadas o mensajes de voz sospechosos, especialmente si piden dinero o datos personales, es recomendable verificar la identidad por otro canal antes de actuar.
Otros buenos hábitos
Existen herramientas online que analizan imágenes y vídeos en busca de patrones típicos de la IA, aunque ninguna es infalible. Otra técnica útil es la búsqueda inversa de imágenes, que permite comprobar si una foto ha aparecido antes en internet o si parece generada recientemente.
También es recomendable comprobar la fuente original del contenido, buscar cobertura en medios fiables y desconfiar de cuentas anónimas o recién creadas que difundan material muy llamativo o polémico.
Más allá de las herramientas técnicas, el pensamiento crítico es la mejor defensa contra los deepfakes. Si un contenido parece demasiado impactante, emocional o perfecto, conviene cuestionarlo.
Los estafadores y desinformadores suelen aprovechar el impacto emocional para que las personas compartan sin verificar.
En un mundo donde la inteligencia artificial puede crear realidades falsas en cuestión de segundos, aprender a detectar los detalles y a verificar la información es esencial para no caer en engaños. La tecnología seguirá mejorando, pero también lo harán las técnicas para detectarla, y el usuario informado seguirá siendo la primera línea de defensa.




