Un abogado revela las diez enfermedades que te pueden llevar a una incapacidad permanente: "Tu problema no es la enfermedad, es que nadie te explicó cómo defenderla"
Desde el dolor de espalda crónico hasta la depresión, conocer cómo te limita cada dolencia es clave para que el proceso se resuelva de forma favorable

Madrid - Publicado el - Actualizado
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La decisión de solicitar una incapacidad permanente nunca es sencilla. Como explica el abogado Pablo Ródenas, "nadie pide una incapacidad por gusto. Se pide cuando el cuerpo o la cabeza ya no da más", un momento en el que la salud impide por completo seguir desempeñando una vida laboral activa. El letrado ha identificado las diez dolencias más frecuentes que llevan a los trabajadores a iniciar este complejo proceso.
Las dolencias físicas más comunes
En primer lugar, se encuentran las patologías de la columna vertebral. El dolor lumbar, cervical, las hernias discales, la artrosis o las lesiones crónicas que provocan un dolor constante son la causa más habitual. A estas les siguen las enfermedades cardiovasculares, como infartos previos, insuficiencia cardíaca o arritmias, que generan un "miedo a que el cuerpo falle en cualquier momento".

La fibromialgia y la fatiga crónica ocupan el cuarto puesto, caracterizadas por un dolor generalizado y un cansancio extremo que a menudo se acompaña de "la sensación de que nadie te cree". Las lesiones articulares graves en rodillas, hombros o manos, sobre todo en profesiones que requieren un gran esfuerzo físico, también son una causa frecuente. Finalmente, el cáncer y sus secuelas, así como las enfermedades respiratorias como el EPOC o el asma grave, demuestran que "a veces no es el tumor, es lo que deja después" y que "trabajar sin aire es imposible".
Nadie pide una incapacidad por gusto"
Abogado
Cuando la mente y el sistema nervioso dicen basta
Los trastornos de salud mental son la segunda causa más común. La depresión mayor, la ansiedad grave o los trastornos adaptativos son condiciones que, aunque "no se ven, pero te anulan". Asimismo, las enfermedades neurológicas como la esclerosis múltiple, el Parkinson o la epilepsia plantean un desafío en el que "el problema no es solo trabajar, es mantener el control".
Otras patologías incapacitantes que destaca el abogado son la pérdida auditiva severa y el tinnitus, un "ruido que no se va nunca y te rompe por dentro", y las enfermedades autoinmunes como el lupus, la artritis reumatoide o la enfermedad de Crohn, que sumen al paciente en una "imprevisibilidad total" a causa de los brotes y el dolor.
Saber explicarlo: la clave del éxito
Sin embargo, el letrado lanza una advertencia crucial para quienes se enfrentan a este proceso. Ródenas subraya que "tener una de estas enfermedades no garantiza la incapacidad permanente, pero explicarla mal casi garantiza que te la denieguen". La clave no reside en exagerar los síntomas, sino en documentar y comunicar de manera efectiva cómo la patología limita realmente la capacidad para trabajar.

El mensaje es claro: el sistema no evalúa solo la enfermedad, sino su impacto funcional en el trabajador. "Esto no va de exagerar ni de engañar, va de saber contar cómo te limita la verdad", insiste el abogado. Por ello, concluye que es fundamental buscar asesoramiento para defender el caso correctamente, porque a menudo el verdadero obstáculo no es la dolencia en sí misma.
Tu problema no es la enfermedad, es que nadie te explicó cómo defenderla"
Abogado
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