LÍNEA EDITORIAL
Un pueblo que lucha por su libertad
Es esta dignidad la que hace posible la supervivencia de un pueblo que solo reclama el derecho a construir su propio futuro

Un pueblo que lucha por su libertad
Madrid - Publicado el - Actualizado
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El pasado 24 de febrero se materializaron los peores pronósticos y comenzó la invasión de Ucrania decidida por Vladimir Putin. El poder militar ruso caía a plomo sobre Ucrania y se iniciaba un éxodo que hoy alcanza a unos de diez millones de personas que han tenido que abandonar sus ciudades, sus casas y en muchas ocasiones a varios de sus familiares.
Las guerras provocan graves catástrofes humanitarias. En el caso de Ucrania son millones las personas que han sido convertidos en refugiados, y cientos de miles los que viven rehenes del poder militar ruso. Algunas ciudades, de las que la mayoría de los europeos no teníamos conocimiento hasta hace un mes, son hoy símbolos de coraje y resistencia. Chernígov, Sarni y Mariúpol son ciudades devastadas, pero son ciudades que resisten, aunque sea difícil saber hasta cuándo. Les falta agua, suministro eléctrico, gas, alimentos y medicinas. Y a pesar de todo los ucranianos no contemplan la rendición.
El pueblo de Ucrania ha optado por defender su libertad o, dicho de otro modo, ha optado por ejercer su soberanía espiritual. Este término, muchas veces usado por el primer Papa eslavo, Juan Pablo II, expresa el derecho de los pueblos a existir en libertad, el derecho a proteger su lengua y su cultura, y a escoger su forma de organizar la convivencia. Es esta dignidad, que nada tiene que ver con un nacionalismo excluyente que niega los derechos humanos, la que, en circunstancias extremas, como las que los ucranianos están soportando, hace posible la supervivencia de un pueblo que solo reclama el derecho a construir su propio futuro.



