Madrid - Publicado el - Actualizado
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Corea del Norte ha subido el listón de la amenaza nuclear. Sus últimas pruebas, objeto de reprobación por los Gobiernos del mundo libre, han elevado la tensión de manera sobresaliente. El régimen de Kim Il Yong está aislado. No hay Estado que se precie que mantenga con Corea del Norte unas relaciones más o menos formalizadas. De hecho, hasta para la propia República Popular de China, Corea del Norte es un dolor de cabeza. El pasado domingo y a petición de Japón, la ONU condenó las pruebas nucleares coreanas. Y tras la condena, Washington y Seúl parecen haber reanudado conversaciones para instalar en la península coreana un escudo antimisiles. La antesala de esta escalada son las próximas maniobras militares que ambos países celebrarán conjuntamente en los próximos meses. Está claro que la peligrosidad del régimen norcoreano exige a la comunidad internacional una agenda diplomática que fuerce a China a hacer entrar en razón a su protegido. Corea del Norte es uno de los seis países del mundo que poseen la bomba atómica. Los cinco restantes están sometidos a tratados internacionales de no proliferación de armas nucleares. ¿Hasta cuándo habrá que esperar para frenar la escalada nuclear de un tirano cuya perversión pone en riesgo la vida de su pueblo, y paz y la seguridad de millones de personas?



