Isabel Oses (100), última española nacida en Chafarinas: "Era una maravilla vivir allí, es una pena que nos tuviéramos que ir"
La única persona viva que nació en el archipiélago, relata en La Linterna sus recuerdos de una infancia feliz y una vida marcada por el coraje y la superación

Expósito cuenta la historia de Isabel Oses, la última española nacida en Chafarinas
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La historia de Isabel Oses, o doña Isabel como se la conoce, es un testimonio vivo de una España casi olvidada. El programa La Linterna de COPE con Ángel Expósito ha contado su historia, la de la última persona nacida en las islas Chafarinas, que acaba de cumplir 100 espléndidos años. Este pequeño archipiélago español, compuesto por las islas del Congreso, Isabel II y Rey Francisco, se encuentra a menos de 4 kilómetros de la costa africana y, tras casi tres siglos de historia, hoy está habitado únicamente por un destacamento militar.
La vida de Isabel ha estado marcada por el destino desde el principio. Su madre, del mismo nombre, conoció a su padre, Antonio, funcionario de aduanas, cuando el barco en el que ella viajaba a Melilla tuvo que refugiarse en Chafarinas por un temporal. De esa unión casual nacería la última habitante del archipiélago, cuya memoria privilegiada transporta a una época en la que las islas bullían de vida.
Una infancia en el paraíso
Isabel Oses recuerda con una lucidez y una vitalidad asombrosas la vida en las islas hasta sus ocho años. “Éramos como una familia”, asegura. Describe una comunidad muy unida, donde el tiempo parecía volar. Su infancia transcurrió entre juegos y el mar, un mar que lo era todo: “Nos pasábamos el día en el agua. Por las tardes, nos íbamos al muelle todos los chiquillos a pescar pichirichis”. Aquel emplazamiento militar era un hogar lleno de paz, alejado del caos de las ciudades.
No me lo explico yo lo bien que vivíamos allí"

Isla principal del archipiélago español de Chafarinas en una tarde despejada
La protagonista de esta historia rememora la felicidad de aquellos años con una alegría contagiosa. “La felicidad, la tranquilidad, la hermosura… Es que no se puede contar lo que es. Donde te pongas en Chafarinas, ves el agua. El mar es tan bonito, es una maravilla vivir allí”, explica en COPE, para sentenciar con una frase que resume su sentir: “No me lo explico yo lo bien que vivíamos allí”.
El duro traslado a Melilla
La idílica vida en Chafarinas terminó a los ocho años. La familia tuvo que mudarse a Melilla para que su hermano mayor pudiera empezar sus estudios. Aunque asume que “las cosas son así”, el cambio no fue fácil para la pequeña Isabel. “Nos tuvimos que venir, claro, con toda nuestra pena”, relata. Lo que más le costó fue adaptarse a la ciudad, especialmente a una norma de vestimenta: “Al venir aquí, ya tenéis que ir con zapatos… aquello fue lo peor para mí”.
Una mujer de carácter
A pesar de la nostalgia, Isabel ha sido “muy feliz” en Melilla, donde ha vivido 92 años y ha demostrado una fortaleza inquebrantable. En 1951 aprobó una oposición local para ser funcionaria de sindicatos, pero se topó con la mentalidad de la época. Tras una larga espera, fue a hablar con el jefe, quien le espetó directamente: “No, no, no, es que yo no quiero a mujeres”.
Lejos de rendirse, cogió un barco y se plantó en Madrid para hablar con el delegado nacional de personal. Su coraje tuvo recompensa. “Vente para acá, que mañana trabajas”, le dijeron. Y así fue. Regresó a Melilla con su plaza de funcionaria, en la que trabajó durante cinco años, demostrando un carácter y una determinación que aún hoy conserva.

NORTE DE ÁFRICA ESPAÑOL. CEUTA MELILLA Marruecos Chafarinas Alborán, mapa
Con el tiempo, vio con tristeza cómo su isla natal se iba despoblando. “Se quedó nomás un practicante, cuando anteriormente había dos médicos”, recuerda. El motivo principal, según ella, fue “el problema de los estudios”, que obligó a muchas familias a tomar el mismo camino que la suya. Aquel lugar que tuvo “cuatro tiendas de comestibles” se fue quedando en silencio, un territorio español que hoy es apenas un recuerdo en la memoria de su última hija.
En Melilla formó su propia familia. Se casó en 1956 con Pedro, con quien compartió 30 años de su vida hasta su fallecimiento. Tuvo dos hijas, seis nietos y tres bisnietos. A sus 100 años, presume de una salud, memoria y lucidez envidiables, un legado que, como ella misma concluye, merece ser contado: “Las cosas buenas hay que compartirlas para animar a la gente”.
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