
Escucha la Línea Editorial de este sábado 7 de febrero
Madrid - Publicado el - Actualizado
1 min lectura1:46 min escucha
Uno de los jefes de ETA, conocido como Txeroki, responsable de los atentados de la banda a comienzos de 2000 y condenado a penas que superan los 400 años de prisión, podrá salir de lunes a viernes de la cárcel y solo tendrá que volver a dormir. El Gobierno Vasco, que es quien tiene la competencia en prisiones desde que Sánchez se las transfiriera en 2021, le ha concedido a Txeroki una medida de semilibertad que no supone el tercer grado penitenciario, pero se le parece mucho. Txeroki tiene todavía abiertos procedimientos en la Audiencia Nacional.
Desde que se produjo la transferencia de las competencias penitenciarias al Gobierno Vasco la situación de los presos etarras ha cambiado de forma drástica.
En este momento más de la mitad se benefician del tercer grado y de fórmulas de semilibertad. La jurisprudencia y la legislación es muy clara sobre el tercer grado: exige modificar actitudes y valores asociados a la conducta delictiva, crítica de lo que se ha hecho y colaboración con la justicia. Los presos que se ven beneficiados por este tratamiento del Gobierno Vasco, en su inmensa mayoría no se distancian del que fue entorno del terrorismo. Esas organizaciones y ese entorno no han condenado el terrorismo. Sortu, por ejemplo, sigue ensalzando a terroristas como héroes. Por desgracia en España no ha sucedido como en otros países: solo una veintena de presos etarras, sobre todo los que se acogieron a la Vía Nanclares, han pedido perdón con sinceridad y se han distanciado de su pasado. La historia de ETA requiere un ejercicio de autentica memoria democrática. Entre el 20% y el 25% de los jóvenes vascos aún creen que la violencia en política puede tener sentido.



