hazaña en australia 

Austin, el niño de 13 años que nadó cuatro horas en el mar para salvar a su familia

La increíble odisea de un adolescente que se enfrentó al mar y a sus propios límites para alertar a emergencias mientras su madre y hermanos esperaban mar adentro a la deriva

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Reportaje niño australiano

Beatriz Pérez Otín

Publicado el - Actualizado

3 min lectura8:03 min escucha

Un apacible día de playa de la familia  Appelbee en Quindalup, Australia Occidental, se ha convertido en una auténtica odisea por la supervivencia. Los hechos ocurrieron el pasado 30 de enero, cuando Joanne Applebee, de 47 años, y sus hijos Austin de 13 años, Beau de 12 y Grace de 8,  disfrutaban del verano austral con un kayak y dos tablas de paddle surf.

Un cambio repentino en el tiempo los dejó a merced del mar. "El viento cambió de repente, se fue, y al caer el viento, la corriente y las olas nos empujaron mar adentro, en vez de devolvernos hacia la costa", ha contado Joanne a la BBC. Al ver que era imposible regresar, le pidió a su hijo mayor, Austin, que remara hasta la orilla en el kayak para pedir ayuda.

Una travesía a nado de cuatro horas

El viaje heroico de Austin comenzó en ese momento. La piragua se rompió, obligándolo a abandonarla y empezar a nadar. Durante cuatro horas nadó sin descanso, las dos últimas sin chaleco salvavidas. Para no rendirse, desarrolló una estrategia mental: "Yo lo pensaba para mis adentros en mis amigos, en el colegio y en las juventudes cristianas", ha explicado, mientras se repetía a sí mismo: "Hoy no. Lo voy a conseguir".

Cuando por fin toqué suelo, pensé "Esto es un sueño"

Al llegar a la orilla, completamente exhausto, creyó que todo era un sueño: "Cuando por fin toqué suelo, pensé 'Esto es un sueño'". A pesar del agotamiento, aún pudo correr dos kilómetros hasta encontrar un teléfono y llamar a emergencias. "Necesitaba helicópteros, aviones, barcos, lo que fuera. Mi familia seguía más adentro", relató. Justo después, se desmayó y fue trasladado al hospital.

Una vez en el hospital, Austin llamó a su padre entre lágrimas, sin saber si su familia había sobrevivido. La posterior noticia del rescate desató la alegría entre el personal médico y los policías. Los facultativos afirmaron que su cuerpo había soportado un esfuerzo físico comparable a correr dos maratones seguidos. "Fue un momento que nunca olvidaré", ha afirmado el joven héroe.

La mente, el motor de la supervivencia

La psicóloga experta en adolescencia, Diana Jiménez, explica que ante el peligro, el cerebro activa una respuesta de estrés que libera adrenalina y cortisol, aumentando la fuerza y la resistencia. Jiménez señala que las estrategias mentales de Austin, como pensar en su familia o en recuerdos felices, fueron cruciales. "Lo que hace es bajar el volumen del pánico y mantener la atención en una sola tarea, que era seguir nadando", afirma la psicóloga.

Cuando tienes un propósito tan claro, el cerebro es capaz de empujar al cuerpo mucho más allá de lo que normalmente creemos posible"

Diana Jiménez, psicóloga

Según Jiménez, el principal motor de la increíble acción de Austin fue el amor profundo por su familia y un propósito vital claro. "Lógicamente, Austin tuvo que tener miedo, pero su cuerpo lo que entendió en ese momento es que había que hacer algo ya para salvar a su madre y a sus hermanos", añade. "Cuando tienes un propósito tan claro, el cerebro es capaz de empujar al cuerpo mucho más allá de lo que normalmente creemos posible".

Calma en mitad del océano

Mientras Austin nadaba hacia la orilla, su madre Joanne y sus hermanos pequeños flotaban a la deriva a 14 kilómetros de la costa. Para combatir el frío y el miedo, Joanne pasó las horas cantando y usando la música como un ancla para mantenerlos unidos y con esperanza, una decisión que también resultó clave.

La psicóloga Diana Jiménez destaca la importancia de la actitud de la madre en esas horas críticas. "Cuando la madre canta, lo que hace es animar, mantener la calma. Les está prestando su sistema nervioso", explica. Con este gesto, les transmitía un mensaje de seguridad: "Estamos bien, estamos aquí, seguimos juntos", lo que permitió a los niños soportar una situación que, de otro modo, habría sido insostenible.

Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.

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