Pascual, agricultor ecológico, destapa la competencia desleal en el campo: "Jugamos con normas diferentes"
Pascual, con 90 hectáreas de cultivo, explica los desafíos del sector y la iniciativa con la que busca un precio justo para el producto nacional frente a las importaciones

Pascual, agricultor
Madrid - Publicado el
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Pascual es un agricultor que ha dedicado su vida al campo. En su finca, La Salada, de unas 90 hectáreas —el equivalente a 45 estadios de fútbol—, ha levantado lo que define como un proyecto de vida basado en la agricultura ecológica. Su día a día transcurre entre cultivos de melones, tomates y mangos, pero también entre los desafíos de un sector que lucha por sobrevivir. “Yo soy agricultor, esta es mi finca. Aquí es donde yo me he dejado la vida”, afirma.
El secreto está en la tierra: así es un cultivo ecológico
Para Pascual, trabajar en ecológico es un pilar fundamental. Esto significa que en sus cultivos no se aplica ningún químico, y para combatir las plagas “se utilizan productos naturales que estén autorizados en la agricultura ecológica”. Este método de trabajo, explica, está muy regulado: “Tenemos muchas inspecciones. Tenemos que tener un cuaderno de campo, donde se anota todo lo que se hace y cuándo se hace”. El resultado es un producto fertilizado con abonos naturales, un alimento 100% natural.

@Archieted0
La prueba más clara de la calidad de su método se la dio la propia naturaleza. Pascual cuenta cómo plantó mangos en ecológico al mismo tiempo que un amigo suyo lo hacía en convencional. Unos corzos aparecieron y se comieron sus plantas, atraídos por el olor, mientras que las de su amigo, tratadas con herbicidas, quedaron intactas. “Los animales son muy sabios”, reflexiona Pascual. La presencia de fauna, como las ranas en sus balsas, es otro indicador. “Si hubiese pesticidas, herbicidas, no podría estar aquí”, señala, demostrando que su finca es un ecosistema vivo.
Los animales son los más sabios"
Agricultor
La otra cara del campo: pérdidas y precios hundidos
Sin embargo, la agricultura también tiene una cara amarga. Los fenómenos meteorológicos extremos, como la DANA, causaron estragos en sus tierras. “Aquí nos hizo daño, sí, porque hubo también alguna tormenta muy fuerte y nos tiró toda la estructura del maracuyá”, recuerda. Las pérdidas económicas, que prefiere no calcular, ascienden a “cientos de miles de euros” tras años de intentar recuperar la producción sin éxito. “Esa es la parte mala de la agricultura, que cuando algo sale mal es muy duro”, lamenta.
Esa es la parte mala de la agricultura, que cuando algo sale mal es muy duro"
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A los riesgos climáticos se suma la volatilidad de los precios. Pascual pone un ejemplo reciente: “Las sandías este año y el verano están hundidas de precio, en torno a 5 céntimos, pérdida total”. Explica que muchos supermercados aprovechan estos precios para usar el producto como reclamo, hundiéndolo todavía más. Es una situación que lleva a muchos a abandonar, ya que “todo lo que arriesgas” no se ve recompensado si los precios no acompañan.

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El problema de fondo, según Pascual, es la competencia desleal de países extracomunitarios. “En Europa los agricultores tenemos muchísimas normativas que cumplir”, destinadas a garantizar la seguridad alimentaria. El conflicto surge porque “jugamos con unas normas que los países que nos hacen competencia no juegan”. Lo describe como un partido de fútbol desigual: “Es como si tú juegas con 11, pero el otro juega con más jugadores, y además, con la portería más pequeña”. La conclusión es contundente: “Claro, nos putean”.
Del agricultor al consumidor: la solución para un 'precio justo'
Ante este panorama, Pascual decidió pasar a la acción y crear EAP (European Agricultural Products), una marca para identificar el origen europeo de los productos. Tras dos años de reuniones infructuosas con grandes supermercados que, según él, “te estaban dando largas”, decidió cambiar el enfoque. “Ya que los supermercados no han querido ser transparentes, vamos a hacerlo nosotros”, pensó. Así nació su plataforma de venta online.
El objetivo de EAP es claro: conectar directamente al agricultor con el consumidor final, actuando como intermediarios para asegurar la garantía de origen y un precio justo. “Queremos que las personas que quieran de verdad apoyar al agricultor lo hagan sabiendo que detrás hay un precio justo”, explica Pascual. En su sistema, además, nada se desperdicia. Los melones que no son estéticamente perfectos se usan para crear una mermelada o ‘miel de melón’ que sirve como edulcorante natural para su tomate frito casero, eliminando el azúcar. “Aquí, en el campo, se aprovecha absolutamente todo”, concluye.
Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.




